jueves, 21 de mayo de 2009

El enfoque más humano del infierno de una guerra

No soy especialmente aficionado al cine bélico pero reconozco que a lo largo de la historia existieron títulos que engrandecieron esta forma de hacer cine. Fue el caso, en el año 1998, de "Salvar al soldado Ryan".

La obra de Steven Spielberg, ganadora de cinco Oscar de la Academia, nos recreaba los horrores de la Segunda Guerra Mundial pero esta vez desde el punto de vista de un grupo de hombres que, por encima de heroicidades y valentías varías se mostraban simplemente como eso: como un grupo de "hombres" inmersos en un infierno del que todos deseaban salir. Un carácter dramático, emotivo pero especialmente humano que conseguía que resultase sencillo identificarse con unos personajes principales capitaneados por un correctísimo Tom Hanks.

Especialmente duros pero absolutamente brillantes resultaron sus minutos iniciales, los cuales recreaban de un modo tremendamente realista aquel cinematográfico momento del desembarco de Normandía. Este espectacular arranque quizá sea lo mejor y más espectacular de todo el fim, pero también es de justicia reconocer que el dramatismo de una historia basada en un caso real acontecido durante la Segunda Guerra Mundial y el correcto tratamiento de toda la cinta a lo largo de sus casi tres horas de duración, conviertieron a "Salvar al Soldado Ryan" no sólo en merecedora de los cinco Oscar que ganó aquel año (entre ellos mejor director), sino en la también más que lógica ganadora de un premio a la mejor película que incomprensiblemente en esa ocasión iría a parar a manos de "Shakespeare in love".

Místico

miércoles, 20 de mayo de 2009

Caminando sobre baldosas amarillas

"El mago de Oz" es otra de esas películas que terminaron saltando de los terrenos más púramente cinematográficos a aquellos más propios de la cultura popular del siglo XX. Una película plagada de incidentes y leyendas que inmortalizaría para siempre el mito de Judy Garland (17 años en este film) y que terminaría convirtiéndose en todo un icono para los colectivos gays de gran parte del planeta.

Un producción de 1939 dirigida por Victor Fleming (aquel año también responsable de "Lo que el viento se llevó") que empleaba la innovadora técnica del Technicolor para inundar de bellos tonos un título que no se habría entendido igual en blanco y negro.

El simbolismo que presentaban algunos de los personajes es aún hoy motivo de debate entre los más incondicionales a la cinta, así como para el resto se alzaba cuanto menos como otro de esos metrajes que conseguían, por encima de polémicas, hacernos sentir bien. Todo un cuento musical plagado de brujas y magos, más teatral que cinematográfico, que nos dejó un "Over the Rainbow" para el recuerdo y un buen número de elementos y personajes que son ya sin duda parte de la historia del cine: baldosas amarillas, zapatos rojos, hombres de hojalata, leones cobardes, espantapájaros sin cerebro... ¿Son necesarias las presentaciones?

Místico

martes, 19 de mayo de 2009

Una mirada inocente entre cientos de hombres sin alma

La verdad es que me resulta difícil valorar esta película. Podría empezar diciendo que nunca leí el libro en el que está basada, por lo que no fui uno de los muchos que se decepcionaron ante la adaptación cinematográfica de esa obra literaria que tanto les había gustado. Quizá sea por esta razón por la que mi valoración sea positiva, pero es que a mí la película me gustó. Cierto es que no me emocionó tanto como en un principio había pensado (el que escribe es de lágrima fácil ante historias como ésta), por lo que deduzco no se explotó (quizá de forma deliberada) esa vertiente tan dramática que cualquier historia del Holocausto atesora. Pero es que, en mi opinión, "El niño con el pijama de rayas" no intentaba mostrarnos el horror de una guerra sobradamente conocida por todos. El intento era más bien otro: el de mostrarnos la inocencia en los ojos de un niño ante la barbarie que se gestaba a su alrededor. Y es que me gusta pensar que, como decía Jean-Jacques Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza. Creo que esta película intentaba mostrarnos simplemente eso.

Un análisis del metraje más "puntilloso" podría arruinar partes del mismo, como su falta de credibilidad en algunas secuencias y situaciones (vease la facilidad con la que un niño de ocho años atraviesa la valla de un campo de concentración con tan sólo una pala), pero no quiero pensar en ello. Prefiero quedarme con la profundidad del personaje principal, con la mirada del niño vestido a rayas o con esas metáforas tan acertadas como aquel montón de muñecas desechadas en el trastero, apiladas del mismo modo caótico que, a pocos metros de allí, se amontonan cientos de cadáveres... Y prefiero pensar así porque, como dije antes, esta película me hizo sentir. Quizá sea porque no leí el libro...

Místico

lunes, 18 de mayo de 2009

Regalando carcajadas

Hoy en "Plano Medio" (por varios motivos y todos muy diferentes) no quiero analizar ninguna película. Hoy me limitaré a recomendar un título que a mí, personalmente, me ha regalado buenos y gratos momentos. Hoy deseo regalar sonrisas (y por qué no alguna que otra carcajada) con una cinta sin altas pretensiones pero absolutamente inolvidable: "Me siento rejuvenecer" ("Monkey Business").

La obra de Howard Hawks, que suponía el reencuentro de Cary Grant con la comedia más extrema tras "Arsénico por compasión" o "La novia era él", nos presentaba en este metraje a una "secundaria" Marilyn Monroe en la única cinta que compartirían ambas estrellas a lo largo de sus carreras. Geniales ambos mitos como genial también resultaba una Ginger Rogers (esta vez sin Fred Astaire) que contribuía con su nombre a un reparto de auténtico lujo, complice absoluto de cada una de las carcajadas que habría de despertarnos.

Valga desde aquí esta recomendación.

Místico

jueves, 14 de mayo de 2009

La magia onírica de un cuento inolvidable

Siguiendo con la estela de películas mágicas (uno que en estos días está especialmente sensible... será la primavera) no puedo evitar acordarme de ésta. En el año 1998, el director Vincent Ward nos presentaba "Más allá de los sueños", una película protagonizada por Robin Williams y Annabella Sciorra que he de reconocer me sorprendió gratamente.

Quizá su punto fuerte, su absoluta baza maestra, fuese la espectacularidad de los mágicos decorados y efectos especiales que pudimos contemplar a lo largo del metraje. Es posible que por esta razón la película aún sea conocida y recordada, pero creo firmemente que la bella historia que Ward nos contó, basada en la novela del escritor Richard Matheson y que suponía una bella adaptación contemporánea del mito de Orfeo y Eurídice, ayudó muchísimo a un resultado final absolutamente satisfactorio.

Una película que nos hacía soñar, que mostraba un aura difícilmente comparable con títulos similares y que en muchos momentos resultaba tan poética que incluso cuando nos narraba verdaderas tragedias creíamos estar asistiendo a la lectura de un bonito cuento. Y es que en definitiva "Más allá de los sueños" tenía alma, tenía fuerza e, indudablemente, se trataba de una película mágica que conseguía lo que pocas hasta ese momento, dar un paso al frente y mostrarnos lo que otras como "Ghost" aún escondían: el conocer qué es lo que había tras aquel halo de luz en el que Patrick Swayze se sumergía al final de la película.

Místico

miércoles, 13 de mayo de 2009

"Ella va a cambiar tu vida"

Existen películas mágicas, de ésas que te hacen creer que el ser humano es bueno por naturaleza (tal y como allá por el siglo XVIII afirmaba un tal Jean Jacques Rousseau). Títulos que te hacen soñar con la bondad que aún atesoran algunos humanos y que despiertan en ti la convicción de que el mundo aún puede ser maravilloso, siempre y cuando los que lo habitamos pongamos un poco de nuestra parte en que así sea. "Amelie", el bello cuento contemporáneo que nos contó allá por el año 2001 el director francés Jean-Pierre Jeunet fue sin duda uno de ellos.

Protagonizada por una excelente Audrey Tautou, esta película se erigió en su momento como un bello cuento para adultos protagonizado por un encantadora joven que vivía ayudando a los demás de forma absolutamente desinteresada. Un análisis más exhaustivo de la película y mucho más psicológico sacaría rápidamente a la luz que existía un motivo por el cual la joven se comportaba de esta manera, y es que al intentar arreglar los problemas de otros evitaba enfrentarse a los suyos propios, muchos de los cuales provenían de un carácter tan tímido y reservado que dificultaba en cierto modo su correcta relación con los demás, especialmente en terrenos sentimentales. Un película narrada de un modo tan magistral que sus planos, música, colores y ritmo se convertían en elementos clave para transformar aquello que veíamos en verdaderas imágenes oníricas, muy alejadas del concepto de realidad que hasta ese momento teníamos.

Un bellísima y recomendable película y una frase para el recuerdo, frase con la que se cerraba este soberbio metraje: "Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer". Sobran las palabras.

Místico

martes, 12 de mayo de 2009

"La vida es como una caja de bombones"

Fue considerado durante muchos años el alumno aventajado de Steven Spielberg, aquel director que supo como ningún otro captar el espíritu y la esencia del realizador judio en cada uno de los proyectos que llevaba a cabo. Y es posible que sea así, pero yo personalmente considero que las comparaciones resultaban exageradas. Cierto es que Robert Zemeckis entendía como pocos que el cine comercial y la calidad de las propuestas no tenían que ir reñidas en una película, pero de ahí a compararlo con el Rey Midas de Hollywood había algo más que un paso. No obstante una cosa estaba más que clara: Zemeckis tenía (y por supuesto sigue teniendo) mucho pero que mucho talento. Lo demostró en títulos como "Regreso al futuro", "La muerte os sienta tan bien" o "Naufrago", pero posiblemente con ninguno de ellos recibiría el reconocimiento que en el año 1994 consiguió con su inolvidable "Forrest Gump".

Basada en la novela homónima de 1986 (la cual contaba con una secuela que jamás se llegó a rodar para el cine), "Forrest Gump" se presentaba como una cinta de género cómico-dramático cuyas pretensiones iniciales no abarcaban el reconocimiento posterior que más tarde alcanzaría. Una película que ironizaba sobre algunos de los acontecimientos más importantes de la historia de los Estados Unidos, pero siempre enfocados desde el punto de vista de un ser absolutamente especial, alguien que apenas entendía la relevancia que estos acontecimientos tenían, debido principalmente a un cociente intelectual inferior a cualquier media. Un actitud que le llevaría irónicamente a convertirse en todo un héroe impulsor de las masas, en gran parte por esa naturalidad con la que había vivido aquellos importantes capítulos de su extraña vida. Un "perdedor" que se convertía en héroe en una película con un destino ciertamente similar, y es que lo que había nacido como un producto de consumo rápido se terminaría convirtiendo aquel año en la absoluta triunfadora de los premios Oscar.

Las claves de su éxito fueron varias. Por una lado estaba la tierna historia que nos contaba, la cual conseguía con relativa facilidad que acabáramos encariñándonos de un personaje principal que, pese a vivir verdaderas tragedias, parecía no perder nunca la ilusión por aquello que sentía en cada momento. Un ser dotado de una infinita inocencia, así como de una sensibilidad e inteligencia emocional absolutamente opuestas a su capacidad intelectual. Que la cinta fuese protagonizada por un Tom Hanks en estado de gracia (un año después de experimentar aquel espectacular giro en su carrera con la "Philadelphia" de Jonathan Demme), así como por una siempre atractiva Robin Wright (la cual se prodigaba y se sigue prodigando poco) atrajo también a muchos espectadores a las salas. Aspectos técnicos tales como la inclusión de los actores principales en imágenes históricas reales (técnica que posteriormente sería utilizada en otras películas y series para la televisión) también era otro de sus puntos fuertes, pero sin duda el factor clave para entender su éxito fue aquella avalancha de premios Oscar (y sobre todo de nominaciones) con los que la cinta sería reconocida al año siguiente de su estreno en las salas americanas.

Un curiosidad: el debut en esta cinta de un jovencísimo y desconocido Haley Joel Osment (hijo de Forrest) al que aún le faltaban cinco años para encarnar al personaje que le daría para siempre la fama mundial, cuando pasaría a ser más conocido como "el niño de El Sexto Sentido"

Una película que nos enseñaba a reir y a llorar a partes iguales, quizá porque en eso mismo consistía la vida. Y es que como bien decía el propio Forrest al comienzo de este metraje," La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar"... Subrayo sus palabras.

Místico

lunes, 11 de mayo de 2009

Nada más complejo que las relaciones personales

Quizá sea cierto que existieron muchas cosas en esta película que, o bien sobraban, o no estaban totalmente acertadas (la "extraña" banda sonora, la áun más extraña imagen de Barcelona, ese narrador tan absolutamente innecesario...), pero está claro también que ni Woody Allen llega a todo el mundo ni la profundidad de los personajes e historias que cuenta interesan a todo el público. Y es que, pese a las distintas críticas que se lanzaron al respecto, yo una cosa tengo bastante clara: "Vicky Cristina Barcelona" ES Woody Allen.

Si analizamos el metraje formalmente (como otrora podría hacer en la facultad cuando estudiaba cine), la película resultaba impecable. Si hablamos del guión y de los personajes tratados, es de recibo reconocer que resultaban tan interesantes, tan complejos y con tantas y tan diferentes aristas que no dejo de quitarme el sombrero ante un genio tan absolutamente talentoso como éste.

Imprescindible resultaba su versión original, pues aquí los idiomas castellano e inglés se alzaban, al igual que la ciudad de Barcelona, como dos personajes más de la cinta. Una versión original que permitía comprobar la brillantez de sus actores protagonistas, así como valorar en su justa medida el soberbio trabajo de una oscarizada Penélope Cruz, una actriz que brillaba como nadie en la cinta de Allen quizá por contar con el personaje que permitía un mayor lucimiento.

Y es que "Vicky Cristina Barcelona" y el genio de Allen intentaron mostrarnos allá por el año 2008 (de un modo bastante acertado) algunas facetas interesantes de las psiques más humanas, quizá no tan positivas como habríamos deseado pero absolutamente ciertas, porque... ¿quién dijo que la vida, los deseos, las pasiones o las relaciones personales fuesen en algún momento sencillas?

Místico

viernes, 8 de mayo de 2009

Una brillante propuesta de terror psicológico

El post de hoy puede levantar alguna que otra ampolla. Esto ya lo aviso de antemano. Y digo esto porque sé que pocos serán los que estén de acuerdo conmigo cuando diga que "1408", la adaptación que Mikael Hafstrom realizó en el año 2007 sobre el relato corto de Stephen King, me sorprendió en su momento muy pero que muy gratamente (incluso más que el propio relato en sí).

Teniendo en cuenta lo difícil de adaptar un texto que a lo largo de sus páginas hablaba más de sensaciones que de acción real, Hafstrom construía una interesante historia que, respetando en todo momento el espíritu del texto original, nos sumergía en una atmósfera de angustia y confusión perfectamente materializada en el rostro experto de un John Cusack siempre convincente.

Un "nuevo" guión que aportaba universos desconocidos a un relato que se limitaba a aportar la idea y que engrandecía aún más lo surrealista e interesante de una historia original como pocas. Sirva como ejemplo aquel brillante (absolutamente brillante) regreso a la habitación tras unos "extraños" días fuera de la misma.

"1408" entendía de forma más que acertada el concepto de miedo en estado puro, miedo psicológico ajeno a todo tipo de clichés propios del género. Aquí no había sangre, no había visceras , no había asesinos psicópatas... En cierto modo tampoco había "fantasmas", porque lo que aquí en verdad asustaba era la irrealidad de todo aquello que en nuestro día a día necesitábamos creer como cierto.

Místico

jueves, 7 de mayo de 2009

Polémica y sorprendente

Existen ocasiones en las que una película no llega a alcanzar el éxito durante su estreno en las salas pero con el paso de los años se va consolidando hasta terminar convirtiéndose en película de culto. Esto mismo es lo que sucedió con "El Club de la Lucha", la cuarta película de David Fincher que suponía el reencuentro con Brad Pitt tras el éxito de "Seven" y en la que también figuraban nombres como los de Edward Norton y Helena Bonham Carter. Un película ciertamente arriesgada con un montaje de lo más atrevido y cuyo guión (del que a estas alturas se ha dicho ya casi de todo) a mí se me antojó simplemente genial.

Es posible que el giro argumental que experimentaba esta película se haya convertido con el paso de los años en su principal seña de identidad, pero resulta también de justicia reconocer que la construcción de cada uno de los personajes y el desarrollo narrativo de toda la historia en sí misma son motivos más que suficientes para creer en este título por encima de finales sorprendentes (que para mí en cierto modo resultó algo previsible).

Basado en la novela homónima de Chuck Palahniuk, éste ha sido otro de esos títulos cuyo giro argumental ha sido imitado hasta la saciedad ("La ventana secreta", "El maquinista"...) pero cuyo polémico trasfondo, su crítica implicita a los valores de la sociedad actual, su original montaje y el carisma de sus actores principales hicieron de él un producto único y ciertamente difícil de superar.

Místico

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cuando el cómic se hizo película

Es posible que ésta haya sido la cinta por excelencia de Quentin Tarantino, la más popular de todas cuantas realizara el director americano y la principal culpable de que su fama se prolongue por mucho pero que mucho tiempo. Y es que resulta de justicia reconocer que, dentro del peculiar estilo narrativo del autor de títulos como "Reservoir Dogs" o "Kill Bill" (su otra gran película por la que también será recordado), "Pulp Fiction" marcó todo un modo de hacer cine.

Su estética de cómic ya era de por sí todo un sello de identidad, así como aquel humor negro tan personal que envolvía una historia violenta, sarcástica e irónica como pocas. Sin embargo fue su original montaje lo que hizo que "Pulp Fiction" alcanzase las cotas de maestría que posteriormente directores como González Iñárritu utilizaron como referente.

Un serie de historias que comenzaban como independientes pero que terminaban mezclándose entre ellas y una ruptura constante de la linealidad temporal que supuso la vuelta definitiva de John Travolta, el espaldarazo definitivo para Uma Thurman y el reencuentro con otras caras tan populares como las de Bruce Willis (protagonista de la mejor y más divertida de las historias) o Samuel L. Jackson (junto con Travolta y Thurman nominado al Oscar por esta película).

Una cinta que nos dejó unas cuantas imágenes para la historia, especialmente la de aquel baile tan cinematográfico que aún se sigue repitiendo en multitud de ocasiones 15 años después del estreno de esta película.

Místico

martes, 5 de mayo de 2009

Sentimentalmente desgarradora

Hablar de "El Paciente Inglés" es hablar de ese sentimiento desgarrador que algunos llaman amor. Hablar de esta película es comprender el sufrimiento que en ocasiones conlleva y la crudeza del mismo cuando ya de antemano se antoja imposible. Es pensar en las pasiones ocultas, en aquellas que no nos atrevemos a exteriorizar pero que nos terminan consumiendo por dentro. Son silencios. Son cada una de las pasiones viscerales que luchan contra un destino adverso pero que están condenadas al fracaso desde el primer momento de su concepción. Decir que "El Paciente Inglés" es una absoluta obra maestra es algo que aporta poco a lo que se ha escrito de ella, que se trata de una de las historias de amor más tristes escrita en muchos años quizá se acerque más a su justa realidad.

Anthony Minghella sorprendió a todo el planeta en 1996 con esta correctísima adaptación de la novela de Michael Ondaatje (otro motivo más para acudir a la Casa del Libro) ganadora de nueve premios Oscar. Una de las fotografías más bellas que nos ha dado el cine de los años 90, una romántica e inolvidable banda sonora y algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años convirtieron a esta película en todo un clásico. Uno de esos títulos cuyo lento ritmo no hace sino intensificar aún más el torrente de sentimientos que nos transmiten todos y cada uno de sus bellos fotogramas. ¡Bravo, Minghella!

Místico

lunes, 4 de mayo de 2009

Cuando la boca calla pero los ojos gritan

Llegado el momento de escribir sobre "El Bola" creo que pocas son las cosas que podría decir desde aquí que hiciesen justicia a un título como éste. Y es que ante la ópera prima de Achero Mañas yo sólo puedo quitarme el sombrero. Creo que pocas veces (muy pocas veces) se han contado tantas cosas con una sola mirada, con la simple mirada de un niño que calla porque no puede hablar, pero que sus ojos gritan todo lo que su boca no se atreve siquiera a pronunciar.

Y es que cuando en el año 2000 el actor Achero Mañas presentaba al mundo esta película y un jovencísimo Juan José Ballesta se daba a conocer como protagonista de la misma, difícil era comprender la trascendencia que tendría entonces aquel título. Sólo cuando la cinta se alzó como ganadora al año siguiente de los Goya más importantes del año, algunos optamos por verla por primera vez y fue entonces cuando comprendimos el por qué de todos esos premios.

Un película dura, muy muy dura, que mostraba una realidad no ya desde los hechos en sí, sino desde los sentimientos que los mismos generaban. Unos sentimientos enfrentados y varias realidades contrapuestas las que nos presentaba aquí un Achero Mañas que utilizaba a dos familias no sólo distintas en las apariencias, sino especialmente en cada uno de sus valores. Soberbio Juan José Ballesta y el resto de actores, así como sobrecogedora su secuencia final. Pocas veces se han rodado escenas con tanta carga de realismo... un realismo ciertamente indignante porque ojalá nunca tuviesen que rodarse películas como ésta.

Místico

jueves, 30 de abril de 2009

Interpretativamente impecable

La importancia que en un metraje tiene la correcta elección de sus actores protagonistas se antoja absolutamente esencial en cualquier tipo de cinta. Cuando, para más añadidura, la misma es el resultado de adaptar al cine una obra de teatro (como es éste el caso) entonces lo es si cabe aún mucho más. Afortunadamente para Elia Kazan aquí hablábamos de dos intérpretes tocados con la varita mágica de un talento desmedido y gracias a ello la cinta pasó a convertirse en la obra maestra que hoy día es.

"Un tranvía llamado Deseo" es una contienda psicológica entre Marlon Brando y Vivien Leigh, una lucha de titanes totalmente antagónicos en su manera de entender la realidad que les ha tocado vivir. Un cinta de tensos diálogos, de miradas que retan, de frustraciones disfrazadas de aquello que nos hubiese gustado ser, de corazas, de atracción sexual, de violencia, de pérdida de la razón, pero sobre todo de mucho mucho dolor... Un dolor que quedaba reflejado en la frase final que Vivien Leigh le dedicaba al médico que la acompañaba en su ingreso al hospital, la cual resumía perfectamente el sentimiento y la esencia de un personaje completamente roto: "Siempre he dependido de la bondad de los extraños".

La obra de Elia Kazan ganó cuatro Oscar: A la mejor dirección artística y a tres de sus actores. Irónicamente fue Marlon Brando el único que no resultó premiado. Y digo irónicamente porque hoy, 60 años después, aquella imagen del actor de Nebraska vestido con aquella sucia camiseta es casi sinónimo de "cine". Lástima que aquel año a la Academia le tocase hacer justicia con Humphrey Bogart...

Místico

miércoles, 29 de abril de 2009

La apuesta más poética de Alejandro Amenábar

De espectacular se podría clasificar el giro que experimentó la carrera del director Alejandro Amenábar con este título del año 2004. Asociado al género fantástico y de suspense (no hay que olvidar que uno de sus grandes referentes fue siempre Alfred Hitchcock), Alejandro emprendía con este metraje una incursión en un género desconocido hasta la fecha por él: el género dramático. Para ello no sólo volvía a contar con Mateo Gil en labores de ayudante de guión, sino que fichaba a uno de los grandes de nuestro cine (Javier Bardem) y le confiaba al mismo la mayor parte del peso de la cinta.

El actor mostraba con este título gran parte de su consabido talento interpretando de un modo absolutamente convincente un personaje de extremísima dureza, una dificultad que no sólo era fruto de la situación que el mismo vivía, sino especialmente porque se trataba de un personaje real al que se debían rendir los máximos respetos. Bardem aprobó el reto con nota, como casi la totalidad de un reparto que en la noche de los Goya coparon la totalidad de los premios interpretativos. Quizá falló su partenaire, una "simplemente correcta" Belén Rueda redescubierta para el cine y que encarnaba aquí a otro de los personajes más complejos del metraje (fruto de la unión de varios personajes reales).

Una cinta multipremiada, ganadora del Oscar de Hollywood, que batió records en los premios Goya (catorce). Soberbia como no podía ser de otro modo la realización, más teniendo en cuenta lo delicado y polémico del tema que aquí se trataba; poético a rabiar aquel viaje que el alma y la mente de Bardem iniciaban en una ventana y finalizaban en aquella romántica playa; bellísima la banda sonora de melodías gallegas compuesta por el propio Amenábar y más bellos si caben aquellos versos con los que finalizaba la cinta sabiamente extraídos de las "Cartas desde el infierno" de Ramón Sampedro. Sin duda el mejor punto y final para un post como éste:

"Mar adentro,
mar adentro.



Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.


Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.


El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.


Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
'más adentro', 'más adentro'
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.


Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos."


Ramon Sampedro


Místico

martes, 28 de abril de 2009

"Anoche soñé que volvía a Manderley"

Pocas veces un personaje ha tenido tanto peso en una película sin tan siquiera aparecer en ella. En 1940 Alfred Hitchcock presentaba al mundo "Rebeca", una inquietante cinta (la primera de la larga lista que rodaría en tierras americanas) que marcaría un importante punto de inflexión en la mítica carrera del director ingles. "Rebeca" llevaba el sello del director británico hasta en el último de sus fotogramas, una historia de intriga y suspense que nos presentaba a una mujer (Joan Fontaine) que tenía que vivir en una mansión bajo el peso de un solo nombre: Rebeca, la primera esposa del hombre con el que acaba de contraer matrimonio. Un peso que se magnificaba más si cabe a través de dos elementos clave en su tremenda angustia: aquella fantasmal mansión conocida bajo el nombre de "Manderley" y un personaje absolutamente inquietante: la oscura ama de llaves encarnada por Judith Anderson.

La presión que el personaje de Rebeca ejercía en la protagonista se hacía aún más clara si tenemos en cuenta que, ni en esta película ni en el libro en el que se basaba, se pronunciaba en ningún momento el nombre de la misma. Un peso similar al que la película tendría en nuestro país. Prueba de ello fue, por ejemplo, que el nombre "Rebeca" pasó a utilizarse para denominar al tipo de chaqueta que la protagonista lucía a lo largo del metraje.

Un película ganadora de dos Oscar (mejor película incuída) que, pese a su final sorprendente, considero perdía cierta fuerza según avanzaba en su metraje. Aún así, y aunque sólo sea por su buen arranque, "Rebeca" es ya todo un clásico merecedor de todos los honores.

Marcho a comprar a Levis-Store. Buena tarde a todos.

Místico

lunes, 27 de abril de 2009

Cuando el amor se convierte en pesadilla

Cuando se cuenta una historia en la que el maltrato de género se convierte en la clave argumental de la misma, ésta se puede plantear de varias formas distintas. Quizá la más compleja de todas, la más polémica y atrevida (pero posiblemente la más acertada) sea la que Icíar Bollaín utilizó, allá por el año 2003, en "Te doy mis ojos". Una cinta que iba más allá de los actos en sí, que profundizaba en la psique de cada uno de los personajes y que, lejos de buscar culpables, indagaba en las causas que existían tras una conducta tan absolutamente desgarradora. Aquí no había "buenos" ni "malos", aquí se entendía que en situaciones como ésta tanto maltratado como maltratador son auténticas víctimas de una dependencia mutua absolutamente destructiva.

Un título que no sólo se centraba en sus protagonistas, sino que investigaba el papel que desempeñaban todos aquellos que rodeaban a la trágica pareja. En palabras de su propia directora: "Te doy mis ojos" habla también de una madre que consiente, una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade, con su esplendor artísitico y su peso histórico y religioso, una dimensión más a esta historia de amor, miedo y poder.

Todo un ejercicio de maestría argumental que no pasó indiferente a los miembros de la Academía (ganadora de siete premios Goya, incluyendo mejor película). Una Laia Marull y un Luis Tosar absolutamente convincentes en una obra que huía del dramatismo fácil y que demostraba que el talento de su directora no se limitaba a terrenos puramente interpretativos.

Místico

viernes, 24 de abril de 2009

Una extraña "conducta infantil"

Sólo en contadas ocasiones un actor es nominado a un Oscar por una película como ésta. Cuando en 1988 Tom Hanks, rompiendo cualquier estadística, conseguía que la academia valorase el trabajo que llevaba a cabo en "Big" (un título que a priori poco o nada tenía que hacer en una ceremonia tan enfocada a otro tipo de metrajes) muchos quisimos apostar por el triunfo en la gala del actor californiano. Y se consiguió la nominación (que no el Oscar) porque "Big" era algo más que una comedia simplona. Un tierna y emotiva historia mágica donde sueños infantiles y realidades adultas se entremezclaban dando lugar a un explosivo cóctel de situaciones ciertamente divertidas. Un Hanks que parecía haber nacido para papeles como éste (faltaba aún algunos años para el espectacular giro que daría su carrera) y algunos momentos inolvidables (simplemente fantástico el baile sobre el piano) que formaron un bello conjunto imborrable con el paso del tiempo.

Curiosa también resultaba la historia de "amor" vivida entre el personaje de Hanks y el que interpretara en esta película Elizabeth Perkins. Y es que historias de "amores imposibles" en el cine ha habido muchas, pero tanto como ésta, desde luego que muy pocas.

Místico

jueves, 23 de abril de 2009

Algo más que una película polémica

Que esta película resultó polémica está claro. Que hoy, casi 20 años después de su estreno, sigue suscitando cierto interés morboso, también. Fueron muchos los factores que influyeron en el éxito de "Instinto Básico". El hecho, por ejemplo, de que ciertos sectores de la población se sintiesen ofendidos con el tratamiento de la película (fue el caso de las protestas de asociaciones de lesbianas por la forma en la que estaba construido el personaje de Sharon Stone) no hizo más que impulsar el interés de la cinta en todo el planeta. Sexo y violencia a partes iguales bajo un clima de intriga detectivesca que tuvo que ser cortado hasta cuarenta veces por parte de su director (Paul Verhoeven) para no obtener en Estados Unidos la calificación de película pornográfica.

Sharon Stone encontró en "Instinto Básico" el trampolín perfecto para alzarse como icono erótico de la década de los 90, tras unos comienzos bastante mediocres (¿Es necesario hablar de "Sangre y Arena"?) y Michael Douglas demostraba que a sus 48 añós aún podía encarnar un personaje de alta carga sexual y seguir resultando convincente (su famosa adición también le tuvo que ayudar a ello).

Un excelente clima de intriga el que se conseguía a lo largo de toda la cinta y un personaje (el de la novelista Catherine Tramell) tan misteriosamente frío (inspirado hasta en su vestuario en la Kim Novak de "Vértigo") que supo ganarse su hueco en la historia.

La famosa escena del interrogatorio (con cruce de piernas incluido) ha sido explotado ya hasta la saciedad, del mismo modo que su final abierto levanta aún hoy debates entre los cinéfilos más inquietos. Y es que lo que está claro es que "Instinto básico", sin llegar a ser una obra maestra, fue algo más que una película polémica.

Místico

miércoles, 22 de abril de 2009

Un bello retorno a la infancia

Pocas veces un cuento de hadas ha sido llevado al cine con tanto acierto como cuando en 1987 Rob Reiner adaptó este libro de William Goldman. Y lo hizo además dándole un toque cómico y desenfadado que no violaba en ningún momento las pautas que toda buena historia de príncipes y princesas debía respetar. Aquí los malos son muy malos, los buenos muy buenos y los acontecimientos se desarrollan tal y como tienen que desarrollarse.

Los personajes tan absolutamente estereotipados que encontramos en la cinta podrían resultar molestos en cualquier otro tipo de narración, pero aquí no hacen más que engrandecer una historia de aventuras que nos engancha desde el primer momento. Y no lo son porque "La princesa prometida" es equiparable al cuento que nos narraban cuando éramos niños, a esa bella historia de amor y aventuras que nos hacía soñar, tan previsible como aquel cuento que nos leían varias veces, pero que no por ello nos dejaba de gustar (a la vista estaba la reacción del joven Fred Savage cuando su abuelo amagaba abandonar su lectura).

Una bella historia de aventuras que supuso la presentación para la gran pantalla de una jovencísima Robin Wright, la cual hasta la fecha tan sólo era conocida por interpretar a uno de los personajes principales de la mítica serie "Santa Bárbara". Toda una apuesta la que Wright hizo con este título por lo qué veinte años después aún sigue siendo recordada.

Místico

martes, 21 de abril de 2009

El post número 100

Tras cinco meses de vida "Plano medio" está de celebración. Y es que el de hoy es el post número 100 del que ya se ha alzado como el más personal de cuantos blogs ha elaborado alguna vez este cinéfilo místico. Cien posts que han servido para repasar los que posiblemente sean los títulos y actores más significativos de cuantos pudieron acompañarme en esta vida, desde aquel dorado cine clásico a los estrenos más recientes (algunos cuya antiguedad apenas alcanzaba los dos años). Una lectura absolutamente personal de cada una de esas películas que marcaron una trayectoria irremediablemente ligada al cine.

Desde aquí agradecer la fidelidad mostrada por algunos de los lectores pero, especialmente, dar las gracias a cada una de esas cintas que, al menos durante unos minutos, pudimos juntos repasar, valorar y, yo especialmente, amar como a pocas cosas en la vida.

Místico

lunes, 20 de abril de 2009

Cuando un buen actor salva toda una película

Su guión parecía sacado de un film para la televisión, para uno de esos pases de sobremesa "basados en hechos reales" que tanto gustaban (y en el fondo siguen gustando) a una parte de nuestra población. Nunca he comulgado con este tipo de cine pero "A propósito de Henry" supo dejarme buen sabor de boca tras su primer visionado en 1991. También es de recibo reconocer que por aquel entonces contaba con quince años y que mi capacidad de sorpresa era, lógicamente, bastante mayor. Y es que creo que hoy día una valoración de la cinta me haría indicar que son muchos los aspectos de la misma tan blandos, "pastelones" y absolutamente previsibles que ensuciarían en gran medida la más importante de todas sus bazas: la magistral interpretación de un Harrison Ford tremendamente creíble en un personaje desde luego nada sencillo, un abogado que mostraba dos caras tan absolutamente extremas que implicaba encarnar a dos personajes distintos.

Quizá sea por esta interpretación por la que destaco hoy esta cinta. Y es que a diferencia de otros títulos tratados aquí, la trama de "A propósito de Henry" resultaba entretenida, pero poco más... Considero que las excesivas lecciones morales que intentaba darnos la misma sobrarían en gran medida (aquello de "quién esté libre de culpa que tire la primera piedra"), así como que existían un gran número de secuencias que se alargaban de forma innecesaria (por no decir que sobraban en muchos de los casos), las cuales ralentizaban el ritmo de una cinta ya de por sí lenta. Diferentes motivos por los que la valoración de "A proposito de Henry" no puede ser todo lo positiva que merecería, más teniendo en cuenta que pocas veces como aquí se vio a un Harrison Ford tan acertado.

Místico

viernes, 17 de abril de 2009

La trilogía más importante del nuevo siglo


¿Qué se puede decir de esta trilogía que no se haya dicho ya? ¿Qué aspectos técnicos se pueden destacar de estas películas cuando sólo la tercera de ellas ya ganó once Oscar? Quizá la materia prima con la que contaba Peter Jackson era una de las más valiosas de cuantas podían ser llevadas al cine, pues los libros de J. R. R. Tolkien ya eran toda una referencia en cuanto a narraciones épicas se refería, pero es de recibo reconocer que la magistral labor de dirección llevada a cabo por Jakson a lo largo de más de un año en tierras neozelandesas fue de aquellas que encumbraban merecidamente a cualquier director.

Dicho en pocas palabras, la trilogía de "El señor de los anillos" se alzaba como un elaborado mosaico compuesto por los efectos especiales más asombrosos, las caracterizaciones más logradas y la recreación de unos mundos fantásticos tan increíbles que sólo en las cabezas de Tolkien y Jackson podían ser plasmados de aquellla manera.

Tres cintas que no sólo sirvieron para popularizar el nombre de su director. Y es que actores como Vigo Mortensen, Elijah Wood o especialmente Orlando Bloom aún deben estar dando gracias a este proyecto pues, pese a mantener durante algún tiempo el peligroso encasillamiento, se valieron de la popularidad de esta saga para dar un tremendo impulso a toda su carrera.

Tres absolutas obras maestras que marcaron en grandísima medida el cine del nuevo siglo, pues significaron el lanzamiento posterior de un buen número de títulos épicos que se hicieron muy populares a partir de entonces.

Místico

jueves, 16 de abril de 2009

Amor en tiempos "extraños"

Historias de amor en el mundo del cine han existido muchas y algunas de ellas realmente emotivas. Sin embargo cuando los protagonistas de estas historias son dos personajes de edad avanzada, tan lejos ya de aquellas primeras pasiones de la olvidada juventud, entonces la historia se vuelve mucho más emotiva, tierna y bella de lo que en principio podríamos prever.

"La reina de África" nos presentaba a un cincuentón Humphrey Bogart y a una Katharine Hepburn pasados los 40 cuya extraña relación a bordo de aquella mítica embarcación se acababa convirtiendo en una de las historias de amor más bellas que hayamos visto jamás en la gran pantalla. El nacimiento de viejas pasiones en plena Primera Guerra Mundial a bordo de un destartalado barco que, cual David, osaba enfrentarse a aquella cañonera alemana que podría llevar escrito el nombre de Golliat. Un mismo objetivo común para dos personajes que no podían ser más diferentes: Un capitán con bastante afición a la bebida y una estirada misionera poco acostumbrada a los hábitos de su compañero.

La cinta supuso el único Oscar en la carrera de Humphrey Bogart. Al menos esta película sirvió para encumbrarlo tal y como merecía...

Místico

miércoles, 15 de abril de 2009

Un ejercicio de concienciación social

Creo firmemente que existen películas que llegaron al público en un momento totalmente acertado, en el momento en el que era necesario hacerlo, bien para concienciar a la opinión pública de algunos temas importantes, bien para eliminar algunos fantasmas que tristemente aún convivían entre nosotros.

Cuando en 1993 Jonathan Demme nos presentaba a un "desconocido" Tom Hanks en una cinta llamada "Philadelphia", muchos eran los fantasmas que en torno al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida se alojaban aún en nuestro subconsciente colectivo. El SIDA era (pese al enorme número de campañas de concienciación) una enfermedad maldita, una lacra social que obligaba a los que la padecían a permanecer aislados del resto de la sociedad, una marginación que en nada ayudaba a su correcto tratamiento. Los miedos infundados al posible contagio eran tales que SIDA era casi sinónimo de peste. 16 años después, las cosas afortunadamente han cambiado. Está claro que el mérito no es sólo de esta película, pero es de recibo reconocer que "Philadelphia" supo poner una de las primeras piedras en la construcción de ese edificio de tolerancia con la enfermedad de la que hoy debemos sentirnos orgullosos.

Quizá este hecho fuese el que conviertiese a "Philadelphia" en la referencia que para el cine hoy día es, pero también supuso el punto de inflexión en la carrera de un actor llamado Tom Hanks que hasta aquel momento había estado ligado a títulos de comedia. Con "Philadelphia" Hanks emprendía una nueva etapa profesional en la que demostraba también su valía para el género dramático, una apuesta que no sólo le valía el Oscar aquel año, sino también el poder repetirlo en el siguiente (hecho que sólo Spencer Tracy había logrado 50 años antes).

"Philadelphia" también supuso la confirmación de lo que Antonio Banderas estaba logrando en tierras americanas, encarnando a un personaje (pareja de Hanks) que el actor malagueño lamentó fue recortado en gran medida ya en la sala de montaje (escenas de sexo incluidas).

¿Y qué puedo decir de la famosa canción de Bruce Springsteen que acompañó para siempre a esta cinta? Pues que más de tres lustros después me reencontré con ella "paseando" por la Fnac y volvió a ponerme los pelos de punta. ¡Gracias, Bruce!

Místico

martes, 14 de abril de 2009

¿Hasta cuándo podrás resistir?

"A la deriva" es una película que despierta en mí sentimientos enfrentados. Un análisis exhaustivo de la misma me haría descartarla como merecedora de figurar en "Plano Medio", pues son ciertamente muchos los aspectos que considero de una mediocridad tal que apenas merecen el esfuerzo de su análisis. Sin embargo siempre he valorado cualquier apuesta arriesgada y valiente, cualquier cinta que, en una etapa marcada por la falta de originalidad en cada una de las producciones, nos ofreciese algo simplemente diferente. Y es de recibo reconocer que "A la deriva" nos ofrecía mucho de todo esto.

Injustamente tachada como la secuela de "Open Water" (su película madre) y, al igual que su predecesora, inspirada en una historia real (¡Hay que ver la de cosas raras que suceden en este mundo!), "A la deriva" se presentaba en el año 2006 como una película de drama-suspense que prometía regalarnos altas dosis de angustia. La historia que nos presentaba era bastante sencilla: Un grupo de amigos a bordo de un yate optaban por darse un relajante baño en el mar. Llegado el momento de regresar al barco no tardaban en comprender que resultaba imposible hacerlo, pues habían olvidado bajar antes la escalerilla que debería subirles a dicha embarcación.

Una sola y atípica localización (las aguas del océano) y seis únicos personajes para el 90 % de una película que terminaba por convertirnos en un bañista más. Posicionando la cámara a la altura de los ojos de los protagonistas, la sensación de estar en el agua con los mismos resultaba tan angustiosa que sólo por esta razón ya merecía su visionado.

Su posterior desarrollo hacía aguas (y nunca mejor dicho) por todos lados, pero la propuesta en sí resultaba tan interesante, original e innovadora (se entiende que junto con "Open Water") que no dudé en recomendar esta película a más de un amigo. Las opiniones que obtuve de ellos no pudieron ser más distintas. Esto último no me sorprendió nada.

Místico

lunes, 13 de abril de 2009

Terroríficamente realista

En el terreno del cine más realista, pocas cintas he encontrado a lo largo del camino tan sobrecogedoras como ésta. Una propuesta de Jaume Balagueró y Paco Plaza que se nos presentaba en el año 2007 y que nos dejaba a miles de espectadores clavados en la butaca y absolutamente aterrorizados. Los primeros fueron sin duda los más famosos de todos ellos, pues la cinta se presentaba en el festival de Sitges ante un público de cuyas reacciones se valdrían sus responsables para, a modo de teaser, promocionar la película.

En la línea de un reportaje de calle, Manuela Velasco se metía en el papel de una inquieta periodista cuya tranquila noche como acompañante de un colectivo de bomberos daba un giro inesperado a raiz de una llamada de teléfono. Lo que prometía ser una noche desidiosa y aburrida se terminaba convirtiendo tras este punto de inflexión en una de las peores pesadillas concebibles por cualquier ser humano. Un ritmo in crescendo que alcanzaba un climax ciertamente asfixiante en un metraje con exceso de realismo que, pese a poseer alguna que otra fisura argumental, no rompía para nada el interés de lo que en la misma se iba narrando.

En 1999 un título conocido como "El Proyecto de la Bruja de Blair" ya había intentado plasmarnos este nivel de realismo pero, lamentablemente en este caso, la valiente propuesta americana había quedado mermada a un mero ejercicio promocional gracias a su excelente campaña de marketing. En el año 2007 [REC] había dado ya unos cuantos pasos al frente...

Quizá lo más interesante de la trama fuese la justificación que se daba en todo momento a que, pese a lo extremo de lo que allí se narraba, la cámara continuase su filmación. Y es que en una situación en la que lo lógico sería desprenderse de cualquier lastre, aquí quedaba plenamente justificado que hasta el último momento se mantuviese pulsado aquel terrorífico botón de [REC].

El éxito de esta cinta no tardaría en llegar, convirtiéndose en aquel 2007 en la segunda película española más taquillera de todo el año, sólo detrás de la ópera prima de Juan Antonio Bayona: "El Orfanato". Un éxito que llegaría apenas un año antes de que "Quarantine", el remake americano, presentara la historia a espectadores anglosajones.

Este 2009 parece ser el año de [REC]2, la secuela de un título que dejó algún que otro cabo suelto en la primera de sus entregas. ¿Nos asustaremos del mismo modo con su segunda parte? A riesgo de que suene masoquista: ¡Ojalá que sí!

Místico

miércoles, 8 de abril de 2009

La más bella historia de amistad

Existen películas que marcaron a toda una generación. "E.T el extraterrestre" fue sin duda una de ellas. Estrenada en 1982 y tras el gran éxito que había supuesto años atrás su "Tiburón", Steven Spielberg se encumbraba a lo más alto del panorama cinematográfico con esta bella historia de amistad entre un niño humano y un ser procedente de una galaxia muy lejana.

Un título que nos enseñaba que la amistad (como el amor) no entendía de formas, que cuando el sentimiento se concebía en estado puro poco o nada importaba la procedencia de cada uno. Aparentemente nada podía ser más diferente entre Elliott y E.T., pero al mismo tiempo nadie parecía comprender mejor a aquel ser de otro planeta que el joven que interpretara Henry Thomas, al igual que el mismo parecía no encontrar en ningún humano la complicidad que alcanzaría con aquel ser de otra galaxia. Una cinta entrañable como pocas, como entrañable resultaba una jovencísima Drew Barrymore que jamás conseguió desprenderse del personaje de "niña buena" que en esta película interpretara (¡Y mira que hizo méritos para ello!).

"E.T. el extraterrestre" fue una apuesta arriesgada para Steven Spielberg. Teniendo en cuenta la proximidad en el tiempo de títulos tan exitosos como "La guerra de las galaxias" o "Alien", Universal presentaba ciertas reticencias con respecto a este titulo, pues mostrar en esta ocasión a un ser de otro planeta inofensivo y bondadoso podía no llegar del mismo modo a los espectadores de todo el mundo. Casi 30 años después de su estreno, "E.T. el extraterrestre" aún figura en la lista de películas más taquilleras de toda la historia del cine.

Bellísima banda sonora la que John Williams compuso para esta película y bellísimas algunas de las imágenes que este título de Spielberg supo dejarnos para la historia.

Comienza la Semana Santa. Una mesa en La Vaca Argentina me espera. Nos vemos a la vuelta.

Místico

martes, 7 de abril de 2009

Sólo el tiempo puede curar algunas heridas

"Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo..."

(William Wordsworth)


Jamás un poema resumió de un modo tan acertado la esencia de una película... o, dicho de un modo más correcto, nunca una película materializó de un modo tan soberbio lo que nos intentó transmitir un solo poema.

"Esplendor en la hierba" nos enseñaba a madurar, nos enseñaba a entender que la pasión de la juventud resultaba tan efímera como los pétalos de cualquier flor, que el paso del tiempo era capaz de curar aquello que considerábamos incurable y que la felicidad de cada uno dependía en gran medida de las decisiones tomadas en primera persona, sin influencias externas que estuviesen basadas en intereses ajenos a nosotros mismos.

Natalie Wood nos regalaba un personaje algo sobreactuado pero que recogía a la perfección la esencia de aquello que nos quería mostrar: la pasión de una joven que vivía su amor como lo único importante en su vida. Un joven y torturado Warren Beatty dejaba clara la dureza de aquellos conflictos internos que tanto daño tuvieron que hacerle y un contexto social previo a la Gran Depresión nos hacía agradecer a todos y cada uno de nosotros el haber nacido en la época histórica en la que lo hicimos.

Una absoluta obra maestra del director Elia Kazan.

Místico

lunes, 6 de abril de 2009

Algo más que una cinta apocalíptica

Catorce años después de su estreno, uno piensa en "Doce monos" como la película que supuso el reencuentro con un viejo género. Un título que demostraba que cuando las cosas se hacían bien incluso los "poco amantes de la ciencia ficción" podíamos admirar la labor llevada a cabo por su director, en este caso Terry Gilliam. Una historia compleja, donde los saltos en el tiempo, linealidades temporales y realidades alternativas dificultaban en gran medida el correcto seguimiento de la misma, pero que conformaban un entramado de tal complejidad que despertaba el interés por construir una historia que sólo en sus secuencias finales disponía de sentido completo.

Su protagonista, Bruce Willis, quedaba eclipsado por un "joven" secundario llamado Brad Pitt (por primera vez nominado al Oscar por este papel), que utilizaba este título como confirmación de un talento que ya habíamos visto meses antes en una película para la historia: aquella de David Fincher que giraba en torno a los siete pecados capitales y que marcaría para siempre toda su carrera.

Muchas cosas podría añadir a este título, pero me limitaré a subrayar que "Doce monos" fue una apuesta acertada, cuya interesante trama y sorprendente final salvaron en gran medida un planteamiento inicial de lo más explotado: el de una Tierra asolada en el futuro por un apocalíptico virus mortal.

Místico

viernes, 3 de abril de 2009

Despertando viejos miedos

¿Hasta qué punto una película puede influir en el subconsciente colectivo? Jamás ninguna cinta nos mostró con tanta claridad el poder que el cine tenía en este campo como cuando "Tiburón" (el título que lanzaría definitivamente a la fama a su joven director Steven Spielberg) se estrenó allá por el año 1975. Y es que la afluencia a las playas americanas descendió desorbitadamente tras el estreno de esta cinta, cinta que se convertiría aquel año en la más taquillera de toda la historia del cine. Un absoluto pánico irracional a los tiburones se despertaría a raiz de la misma y una psicosis colectiva de la que a día de hoy (más de 30 años después) aún quedan algunas secuelas.

Reconozco que en más de una ocasión me ha venido a la cabeza este título, más aún en los momentos en los que, cuando la noche impedía ver la línea azul del horizonte, opté por darme algún baño en la playa. Y es que la secuencia inicial de este título es de las que se te quedan grabadas en el recuerdo durante mucho pero que mucho tiempo...

Una revisión de la cinta en el momento presente dejaría al descubierto cierta precariedad en cuanto a sus efectos especiales, una precariedad que sólo sería patente si los comparamos con los que conocemos hoy día, pues si tenemos en cuenta que hablamos de un metraje de la década de los 70, podrían incluso considerarse adelantados a su tiempo.

¿Y qué decir de aquella banda sonora creada por John Williams? El compositor incondicional de Spielberg no daba lugar a dudas: fue y sigue siendo el más importante de los compositores de toda la historia del cine.

Místico

jueves, 2 de abril de 2009

El "chico bueno" del Hollywood dorado

Es difícil imaginar el Hollywood clásico sin recrear en algún momento su rostro. El cine de los 40 y 50 no hubiese sido tan dorado si él no hubiese irrumpido en aquellos años. Míticas películas irán ya para siempre unidas a su nombre, a uno de los nombres de mayor peso en la historia del cine americano: James Stewart.

"¡Qué bello es vivir!", "La ventana indiscreta", "Vértigo", "Historias de Filadelfia"... son tantos sus grandes títulos que con razón uno entiende que la American Film Istitute le nombrase en su momento el tercer mejor actor de todos los tiempos, tras Humphrey Bogart y Cary Grant.

Lo más curioso de Stewart es que poco o nada tenía que ver con el resto de galanes de su época. De aspecto tímido e introvertido, no especialmente guapo ni elegante, las diferencias con Gary Cooper, Cary Grant, Gregory Peck y demás eran más que significativas. Analizando la trayectoria del actor, uno entiende que tampoco le hacía demasiada falta paracerse a ninguno de ellos. Y no se la hacía porque Stewart jugaba con cartas de otra baraja. Su gran versatilidad, acompañada siempre de esa cara de "niño bueno" que le perseguiría hasta el final de sus días, hicieron del actor de Indiana un imprescindible para directores de la talla de Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Frank Capra o John Ford.

Pero lo que quizá más llame la atención de toda su biografía es que James Stewart participase en la Segunda Guerra Mundial como piloto de bombardero para, cuatro años después, ostentar el rango de General de Brigada. Este rápido ascenso se debió, entre otros motivos, a sus "altas dotes de mando". Sin duda una faceta curiosa que a uno le despierta alguna que otra pregunta: ¿Cual de los papeles que Stewart interpretó a lo largo de su carrera fue el más brillante de todos?... ¿El del confuso protagonista de "Vértigo"? ¿El de desesperado padre de familia en "¡Qué bello es vivir!"?... ¿O quizá el que consiguió vendernos a todos a lo largo de sus más de 50 años de carrera?

Místico

miércoles, 1 de abril de 2009

Cuando las máquinas lloran

¿Podrían algún día las máquinas llegar a sentir? ¿Podrían tener la capacidad de emocionarse, sufrir, amar, querer e incluso sentir celos? Esta preguntas se erigían en el año 2001 como estandarte principal de "Inteligencia artificial", un título concebido originalmente por Stanley Kubrick pero dirigido finalmente por Steven Spielberg dado el fallecimiento del primero.

"Inteligencia artificial", la adaptación de la novela "Los superjuguetes duran todo el verano", aprovechaba el tirón de la reciente "El sexto sentido" y daba un nuevo impulso comercial a la carrera de su jovencísimo protagonista: Haley Joel Osment. Un joven Jude Law, cuya carrera también estaba ahora comenzando a despegar, acompañaba en esta aventura pinochesca al joven actor protagonista, el cual volvía a demostrarnos, dos años después de la película de Shyamalan, el grandísimo valor que prometía dentro del cine del nuevo siglo.

Y es que "Inteligencia Artificial" fue sin duda una apuesta acertada, que entretenía y emocionaba a partes iguales, cuyos brillantísimos efectos especiales e inmejorable ritmo nos hacía viajar por mundos futuristas, similares a los que habíamos imaginado cuando éramos niños. Un Pinocho futurista que supo dejarnos un personaje para el recuerdo: Teddy, aquel oso de peluche robotizado que representó uno de los grandes aciertos de todo el film.

Místico

martes, 31 de marzo de 2009

La más terrorífica de todas las cintas

La verdad es que resulta complicado hablar de una película como ésta. Al menos lo es evaluarla de un modo ciertamente objetivo cuando fue (y creo que en el fondo lo sigue siendo) la causa de algunas de la peores pesadillas de mi más tierna infancia. Recuerdo que la vi por primera vez a una edad muy temprana y, quizá por este motivo, algunas de sus imágenes quedaron grabadas para siempre en mis por aquel entonces jovencísimas retinas.

"La matanza de Texas" fue una película importante dentro de un género. Y es que hablamos del primero de los títulos de lo que se ha venido conociendo como terror teen, aunque manteniendo, claro está, unas cuantas diferencias frente al más actual terror para adolescentes. La más importante de ellas sería sin duda su enorme carga de realismo. Dado que hablamos de una producción de bajo presupuesto rodada en 1974, nos encontramos con una cinta cuya textura, iluminación e incluso planificación nos acercan en cierto modo al cine más casero. Esto hace que nos creamos aún más si cabe lo que en la misma se nos ofrece, así como quisimos creer en su momento que lo que aquí se nos contaba estaba "basado en hechos reales", cuando en el fondo la cinta de Tobe Hooper tan sólo se inspiraba (al igual que otros títulos como "Psicosis" o "El silencio de los corderos") en ciertas formas de conducta del psicópata americano Ed Gain.

Leatherface o cara de cuero se convirtió gracias a esta película (y por muchos méritos propios) en todo un icono mediático, así como en uno de los personajes cinematográficos que más respeto infundaría en toda la historia del cine. Se dice que los actores protagonistas de esta película apenas tuvieron contacto con el actor que lo encarnaba (Gunnar Hansen), pretendiendo con ello asustarse de verdad en las escenas que compartían con él. Yo no sé si ellos lo lograron, lo que sé seguro es que a mí sí me asustó... ¡Y hay que ver de qué manera!

Místico

lunes, 30 de marzo de 2009

El nacimiento de un nuevo cine en España

Creo firmemente que esta película marcaría un "antes" y un "después" en nuestro cine más español. Es posible que otros títulos ya hubiesen abierto el camino para ello, un camino que llevaría a entender nuestro cine de un modo diferente al tratado hasta la fecha, pero fue Alejandro Amenábar y su ópera prima "Tesis" los que se alzaron como abanderados absolutos de tan necesario cambio. Quizá fuese por el género que trataba, tan poco habitual en los proyectos de la época; tal vez la diferencia radicase en su ritmo, tan inusual en lo que a producciones patrias se refería o quizá lo diferente lo encontrábamos en su planteamiento, donde los diálogos eran una mera excusa para hacer avanzar la historia... pero el caso es que "Tesis" lo cambió todo.

La película, protagonizada por una "recuperada" Ana Torrent y un desconocido Eduardo Noriega, supuso un brillantísimo punto de partida para uno de los directores más talentosos que había dado nuestro cine pero, como buena ópera prima que era, también estaba salpicada de bastantes errores. Podríamos hablar por ejemplo de ciertos fallos en el guión, los cuales dejaban claro que el mismo estaba escrito por gente muy pero que muy joven: desarrollo con varios finales, diálogos tan "americanizados" que resultaban poco convincentes, soluciones rápidas e injustificadas a situaciones complejas... (¿alguien entiende de dónde salía el cuchillo con el que Ángela se liberaba de las cuerdas en aquel famoso garaje?). Errores que no sólo se plasmaron en el guión, sino también especialmente en la dirección de los propios actores. Por aquellos tiempos Amenábar era un director mucho más técnico que artístico y esto se notaría especialmente en el trabajo de Fele Martínez, cuyo interesante personaje era absolutamente destrozado por un intérprete que injustamente ganaría el Goya al mejor actor revelación aquel año.

Toda estas erratas (en cierto modo lógicas) no desmerecieron en absoluto el mérito de la película, una cinta que se convertiría en la absoluta sorpresa de la edición de los Goya de aquel año. Y es que "Tesis" no sólo conseguía dejarnos una incómoda inquietud tras su sufrido visionado, sino que analizaba como pocas películas lo hicieron nuestros instintos más morbosos, haciéndonos entender una vez más que, cuando se sugería y no se mostraba, los efectos conseguidos podían ser absolutamente sobrecogedores.

Místico

viernes, 27 de marzo de 2009

Argumentalmente impactante

"Flores en el ático" fue un título que sin duda marcaría mi infancia. Y lo hizo por varios motivos, aunque uno de ellos se me antoja absolutamente prioritario: su desgarrador guión basado en la exitosa novela de V. C. Andrews.

En aquel momento (dado que hablamos de un título de serie B mucho más apto para pases en televisión que para grandes salas) resultaba casi imposible hacerse con una copia de la cinta, por lo que asistir a un segundo visionado de la misma resultaba una tarea muy pero que muy compleja. Este hecho sólo serviría para incrementar aún más el mito que en mí estaba naciendo hacia ella.

En los últimos años (gracias a ese internet al que tanto debemos algunos) pude reencontrarme de nuevo con esta cinta y he de reconocer que la valoración hacia la misma se modificó sustancialmente... Y se modificó en cuanto a calidad técnica se refería, porque si hablamos de la historia en sí a mí, personalmente, me seguía poniendo los pelos de punta...

Casos recientes como el del "monstruo de Amstetten" (tristemente famoso en nuestros días) me hicieron revivir de nuevo esta cinta. Y aunque la realidad superará siempre a la ficción (ninguna película podría igualar jamás la historia del monstruo austriaco) los artículos de este último caso me trajeron una vez más este título a la cabeza.

Actores sobreactuados y un guión con bastantes fisuras no desmerecen en absoluto el argumento de una película que sobrecoge como pocas. Y sobrecoge porque atenta contra los principios básicos sobre los que se sustenta no sólo nuestra sociedad, sino en cierto modo también las reglas implícitas de un cine que ha intentado evitar algunos temas "tabú" a lo largo de toda su historia: inexistencia del instinto maternal, mortalidad infantil, incesto...

Una película, en definitiva, que difícilmente podría pasar indiferente a nadie y que, pese a su baja calidad, dispone de muchos elementos (argumentales todos) para quedar grabada en nuestro recuerdo por mucho pero que mucho tiempo...

Místico