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miércoles, 17 de junio de 2009

Cuando las pasiones se vuelven peligrosas

Siempre he creído que la genialidad de Pedro Almodóvar se dejó ver más en las apuestas de comedia que en cualquiera de sus grandes dramas (pese a la especial inclinación del cineasta en los últimos años a este último género). Y es que películas como "Mujeres al borde de un ataque de nervios" demostraron que la vis cómica del director manchego era simplemente inigualable.

A pesar de ello, en 1987, Pedro nos presentaba una película dramática que desde mi punto de vista podría incluirse entre los mejores trabajos del controvertido director. Para ello contaba con su musa en aquel momento, una Carmen Maura que supo mostrarse absolutamente brillante, así como con un Antonio Banderas que comenzaba a ser ya fijo en las producciones del manchego. Un Banderas que compartiría con Eusebio Poncela (supuesto protagonista de esta historia) una de las escenas más polémicas de toda la película, no en vano estamos hablando de una de las primeras secuencias de sexo explícito homosexual que podíamos ver en una pantalla grande. Micky Molina y una jovencísima Manuela Velasco ([REC]) completaban el reparto de la cinta.

La historia principal, protagonizada por Poncela y Banderas, de pasiones desatadas y absolutamente incontrolables se enriquecía enormemente gracias a Tina, aquel transexual interpretado por Carmen Maura que se mostraba repleto de conflictos familiares, religiosos y existenciales. En ella recaía además el peso de la escena más famosa de toda la cinta, una secuencia de altísima carga sexual y brillante realización en la que su personaje pedía a un barrendero de la calle que la regase con su manguera para sofocar con ello el calor. Esta escena se ha convertido ya por méritos propios en una de las más iconográficas que dio el cine de los años 80.

"La ley del deseo": Un título absolutamente imprescindible en la filmografía de Pedro Almodóvar.

Místico

martes, 9 de junio de 2009

La dureza extrema de una vida injusta

Sin duda éste fue uno de los mejores títulos que dio el cine español a finales de los 90. Un título duro como pocos, de una realidad tan extrema que asustaba. Una película que mostraba sin ningún tipo de filtro la dureza de una vida injusta, de una vida que parecía cebarse con algunos desafortunados desde el mismo momento de su concepción.

Un drama que se engrandecía aún más cuando en contraposición a ello Benito Zambrano conseguía emocionarnos a todos al relatarnos una bella historia de amor: la que nacía entre una madre y una hija que lo tenían todo en contra pero cuyo lazo se hacía más fuerte según aumentaban las dificultades.

Soberbios a rabiar todos sus actores, en especial una María Galiana que por fin recogía el reconocimiento que el cine le debía desde hacía tantos años, así como una Ana Fernández que descubríamos con esta cinta y que nos mostraba gracias a ella el enorme potencial que atesoraba. Una excelente labor de fotografía, un correctísimo guión y el mejor trabajo hasta la fecha del director Benito Zambrano convirtieron a esta ópera prima en justa merecedora tanto del premio del público en el festival de Berlín como de todos y cada uno de sus cinco premios Goya.

Místico

martes, 19 de mayo de 2009

Una mirada inocente entre cientos de hombres sin alma

La verdad es que me resulta difícil valorar esta película. Podría empezar diciendo que nunca leí el libro en el que está basada, por lo que no fui uno de los muchos que se decepcionaron ante la adaptación cinematográfica de esa obra literaria que tanto les había gustado. Quizá sea por esta razón por la que mi valoración sea positiva, pero es que a mí la película me gustó. Cierto es que no me emocionó tanto como en un principio había pensado (el que escribe es de lágrima fácil ante historias como ésta), por lo que deduzco no se explotó (quizá de forma deliberada) esa vertiente tan dramática que cualquier historia del Holocausto atesora. Pero es que, en mi opinión, "El niño con el pijama de rayas" no intentaba mostrarnos el horror de una guerra sobradamente conocida por todos. El intento era más bien otro: el de mostrarnos la inocencia en los ojos de un niño ante la barbarie que se gestaba a su alrededor. Y es que me gusta pensar que, como decía Jean-Jacques Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza. Creo que esta película intentaba mostrarnos simplemente eso.

Un análisis del metraje más "puntilloso" podría arruinar partes del mismo, como su falta de credibilidad en algunas secuencias y situaciones (vease la facilidad con la que un niño de ocho años atraviesa la valla de un campo de concentración con tan sólo una pala), pero no quiero pensar en ello. Prefiero quedarme con la profundidad del personaje principal, con la mirada del niño vestido a rayas o con esas metáforas tan acertadas como aquel montón de muñecas desechadas en el trastero, apiladas del mismo modo caótico que, a pocos metros de allí, se amontonan cientos de cadáveres... Y prefiero pensar así porque, como dije antes, esta película me hizo sentir. Quizá sea porque no leí el libro...

Místico

martes, 12 de mayo de 2009

"La vida es como una caja de bombones"

Fue considerado durante muchos años el alumno aventajado de Steven Spielberg, aquel director que supo como ningún otro captar el espíritu y la esencia del realizador judio en cada uno de los proyectos que llevaba a cabo. Y es posible que sea así, pero yo personalmente considero que las comparaciones resultaban exageradas. Cierto es que Robert Zemeckis entendía como pocos que el cine comercial y la calidad de las propuestas no tenían que ir reñidas en una película, pero de ahí a compararlo con el Rey Midas de Hollywood había algo más que un paso. No obstante una cosa estaba más que clara: Zemeckis tenía (y por supuesto sigue teniendo) mucho pero que mucho talento. Lo demostró en títulos como "Regreso al futuro", "La muerte os sienta tan bien" o "Naufrago", pero posiblemente con ninguno de ellos recibiría el reconocimiento que en el año 1994 consiguió con su inolvidable "Forrest Gump".

Basada en la novela homónima de 1986 (la cual contaba con una secuela que jamás se llegó a rodar para el cine), "Forrest Gump" se presentaba como una cinta de género cómico-dramático cuyas pretensiones iniciales no abarcaban el reconocimiento posterior que más tarde alcanzaría. Una película que ironizaba sobre algunos de los acontecimientos más importantes de la historia de los Estados Unidos, pero siempre enfocados desde el punto de vista de un ser absolutamente especial, alguien que apenas entendía la relevancia que estos acontecimientos tenían, debido principalmente a un cociente intelectual inferior a cualquier media. Un actitud que le llevaría irónicamente a convertirse en todo un héroe impulsor de las masas, en gran parte por esa naturalidad con la que había vivido aquellos importantes capítulos de su extraña vida. Un "perdedor" que se convertía en héroe en una película con un destino ciertamente similar, y es que lo que había nacido como un producto de consumo rápido se terminaría convirtiendo aquel año en la absoluta triunfadora de los premios Oscar.

Las claves de su éxito fueron varias. Por una lado estaba la tierna historia que nos contaba, la cual conseguía con relativa facilidad que acabáramos encariñándonos de un personaje principal que, pese a vivir verdaderas tragedias, parecía no perder nunca la ilusión por aquello que sentía en cada momento. Un ser dotado de una infinita inocencia, así como de una sensibilidad e inteligencia emocional absolutamente opuestas a su capacidad intelectual. Que la cinta fuese protagonizada por un Tom Hanks en estado de gracia (un año después de experimentar aquel espectacular giro en su carrera con la "Philadelphia" de Jonathan Demme), así como por una siempre atractiva Robin Wright (la cual se prodigaba y se sigue prodigando poco) atrajo también a muchos espectadores a las salas. Aspectos técnicos tales como la inclusión de los actores principales en imágenes históricas reales (técnica que posteriormente sería utilizada en otras películas y series para la televisión) también era otro de sus puntos fuertes, pero sin duda el factor clave para entender su éxito fue aquella avalancha de premios Oscar (y sobre todo de nominaciones) con los que la cinta sería reconocida al año siguiente de su estreno en las salas americanas.

Un curiosidad: el debut en esta cinta de un jovencísimo y desconocido Haley Joel Osment (hijo de Forrest) al que aún le faltaban cinco años para encarnar al personaje que le daría para siempre la fama mundial, cuando pasaría a ser más conocido como "el niño de El Sexto Sentido"

Una película que nos enseñaba a reir y a llorar a partes iguales, quizá porque en eso mismo consistía la vida. Y es que como bien decía el propio Forrest al comienzo de este metraje," La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar"... Subrayo sus palabras.

Místico

jueves, 30 de abril de 2009

Interpretativamente impecable

La importancia que en un metraje tiene la correcta elección de sus actores protagonistas se antoja absolutamente esencial en cualquier tipo de cinta. Cuando, para más añadidura, la misma es el resultado de adaptar al cine una obra de teatro (como es éste el caso) entonces lo es si cabe aún mucho más. Afortunadamente para Elia Kazan aquí hablábamos de dos intérpretes tocados con la varita mágica de un talento desmedido y gracias a ello la cinta pasó a convertirse en la obra maestra que hoy día es.

"Un tranvía llamado Deseo" es una contienda psicológica entre Marlon Brando y Vivien Leigh, una lucha de titanes totalmente antagónicos en su manera de entender la realidad que les ha tocado vivir. Un cinta de tensos diálogos, de miradas que retan, de frustraciones disfrazadas de aquello que nos hubiese gustado ser, de corazas, de atracción sexual, de violencia, de pérdida de la razón, pero sobre todo de mucho mucho dolor... Un dolor que quedaba reflejado en la frase final que Vivien Leigh le dedicaba al médico que la acompañaba en su ingreso al hospital, la cual resumía perfectamente el sentimiento y la esencia de un personaje completamente roto: "Siempre he dependido de la bondad de los extraños".

La obra de Elia Kazan ganó cuatro Oscar: A la mejor dirección artística y a tres de sus actores. Irónicamente fue Marlon Brando el único que no resultó premiado. Y digo irónicamente porque hoy, 60 años después, aquella imagen del actor de Nebraska vestido con aquella sucia camiseta es casi sinónimo de "cine". Lástima que aquel año a la Academia le tocase hacer justicia con Humphrey Bogart...

Místico

miércoles, 29 de abril de 2009

La apuesta más poética de Alejandro Amenábar

De espectacular se podría clasificar el giro que experimentó la carrera del director Alejandro Amenábar con este título del año 2004. Asociado al género fantástico y de suspense (no hay que olvidar que uno de sus grandes referentes fue siempre Alfred Hitchcock), Alejandro emprendía con este metraje una incursión en un género desconocido hasta la fecha por él: el género dramático. Para ello no sólo volvía a contar con Mateo Gil en labores de ayudante de guión, sino que fichaba a uno de los grandes de nuestro cine (Javier Bardem) y le confiaba al mismo la mayor parte del peso de la cinta.

El actor mostraba con este título gran parte de su consabido talento interpretando de un modo absolutamente convincente un personaje de extremísima dureza, una dificultad que no sólo era fruto de la situación que el mismo vivía, sino especialmente porque se trataba de un personaje real al que se debían rendir los máximos respetos. Bardem aprobó el reto con nota, como casi la totalidad de un reparto que en la noche de los Goya coparon la totalidad de los premios interpretativos. Quizá falló su partenaire, una "simplemente correcta" Belén Rueda redescubierta para el cine y que encarnaba aquí a otro de los personajes más complejos del metraje (fruto de la unión de varios personajes reales).

Una cinta multipremiada, ganadora del Oscar de Hollywood, que batió records en los premios Goya (catorce). Soberbia como no podía ser de otro modo la realización, más teniendo en cuenta lo delicado y polémico del tema que aquí se trataba; poético a rabiar aquel viaje que el alma y la mente de Bardem iniciaban en una ventana y finalizaban en aquella romántica playa; bellísima la banda sonora de melodías gallegas compuesta por el propio Amenábar y más bellos si caben aquellos versos con los que finalizaba la cinta sabiamente extraídos de las "Cartas desde el infierno" de Ramón Sampedro. Sin duda el mejor punto y final para un post como éste:

"Mar adentro,
mar adentro.



Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.


Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.


El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.


Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
'más adentro', 'más adentro'
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.


Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos."


Ramon Sampedro


Místico

lunes, 27 de abril de 2009

Cuando el amor se convierte en pesadilla

Cuando se cuenta una historia en la que el maltrato de género se convierte en la clave argumental de la misma, ésta se puede plantear de varias formas distintas. Quizá la más compleja de todas, la más polémica y atrevida (pero posiblemente la más acertada) sea la que Icíar Bollaín utilizó, allá por el año 2003, en "Te doy mis ojos". Una cinta que iba más allá de los actos en sí, que profundizaba en la psique de cada uno de los personajes y que, lejos de buscar culpables, indagaba en las causas que existían tras una conducta tan absolutamente desgarradora. Aquí no había "buenos" ni "malos", aquí se entendía que en situaciones como ésta tanto maltratado como maltratador son auténticas víctimas de una dependencia mutua absolutamente destructiva.

Un título que no sólo se centraba en sus protagonistas, sino que investigaba el papel que desempeñaban todos aquellos que rodeaban a la trágica pareja. En palabras de su propia directora: "Te doy mis ojos" habla también de una madre que consiente, una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade, con su esplendor artísitico y su peso histórico y religioso, una dimensión más a esta historia de amor, miedo y poder.

Todo un ejercicio de maestría argumental que no pasó indiferente a los miembros de la Academía (ganadora de siete premios Goya, incluyendo mejor película). Una Laia Marull y un Luis Tosar absolutamente convincentes en una obra que huía del dramatismo fácil y que demostraba que el talento de su directora no se limitaba a terrenos puramente interpretativos.

Místico

lunes, 20 de abril de 2009

Cuando un buen actor salva toda una película

Su guión parecía sacado de un film para la televisión, para uno de esos pases de sobremesa "basados en hechos reales" que tanto gustaban (y en el fondo siguen gustando) a una parte de nuestra población. Nunca he comulgado con este tipo de cine pero "A propósito de Henry" supo dejarme buen sabor de boca tras su primer visionado en 1991. También es de recibo reconocer que por aquel entonces contaba con quince años y que mi capacidad de sorpresa era, lógicamente, bastante mayor. Y es que creo que hoy día una valoración de la cinta me haría indicar que son muchos los aspectos de la misma tan blandos, "pastelones" y absolutamente previsibles que ensuciarían en gran medida la más importante de todas sus bazas: la magistral interpretación de un Harrison Ford tremendamente creíble en un personaje desde luego nada sencillo, un abogado que mostraba dos caras tan absolutamente extremas que implicaba encarnar a dos personajes distintos.

Quizá sea por esta interpretación por la que destaco hoy esta cinta. Y es que a diferencia de otros títulos tratados aquí, la trama de "A propósito de Henry" resultaba entretenida, pero poco más... Considero que las excesivas lecciones morales que intentaba darnos la misma sobrarían en gran medida (aquello de "quién esté libre de culpa que tire la primera piedra"), así como que existían un gran número de secuencias que se alargaban de forma innecesaria (por no decir que sobraban en muchos de los casos), las cuales ralentizaban el ritmo de una cinta ya de por sí lenta. Diferentes motivos por los que la valoración de "A proposito de Henry" no puede ser todo lo positiva que merecería, más teniendo en cuenta que pocas veces como aquí se vio a un Harrison Ford tan acertado.

Místico

miércoles, 15 de abril de 2009

Un ejercicio de concienciación social

Creo firmemente que existen películas que llegaron al público en un momento totalmente acertado, en el momento en el que era necesario hacerlo, bien para concienciar a la opinión pública de algunos temas importantes, bien para eliminar algunos fantasmas que tristemente aún convivían entre nosotros.

Cuando en 1993 Jonathan Demme nos presentaba a un "desconocido" Tom Hanks en una cinta llamada "Philadelphia", muchos eran los fantasmas que en torno al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida se alojaban aún en nuestro subconsciente colectivo. El SIDA era (pese al enorme número de campañas de concienciación) una enfermedad maldita, una lacra social que obligaba a los que la padecían a permanecer aislados del resto de la sociedad, una marginación que en nada ayudaba a su correcto tratamiento. Los miedos infundados al posible contagio eran tales que SIDA era casi sinónimo de peste. 16 años después, las cosas afortunadamente han cambiado. Está claro que el mérito no es sólo de esta película, pero es de recibo reconocer que "Philadelphia" supo poner una de las primeras piedras en la construcción de ese edificio de tolerancia con la enfermedad de la que hoy debemos sentirnos orgullosos.

Quizá este hecho fuese el que conviertiese a "Philadelphia" en la referencia que para el cine hoy día es, pero también supuso el punto de inflexión en la carrera de un actor llamado Tom Hanks que hasta aquel momento había estado ligado a títulos de comedia. Con "Philadelphia" Hanks emprendía una nueva etapa profesional en la que demostraba también su valía para el género dramático, una apuesta que no sólo le valía el Oscar aquel año, sino también el poder repetirlo en el siguiente (hecho que sólo Spencer Tracy había logrado 50 años antes).

"Philadelphia" también supuso la confirmación de lo que Antonio Banderas estaba logrando en tierras americanas, encarnando a un personaje (pareja de Hanks) que el actor malagueño lamentó fue recortado en gran medida ya en la sala de montaje (escenas de sexo incluidas).

¿Y qué puedo decir de la famosa canción de Bruce Springsteen que acompañó para siempre a esta cinta? Pues que más de tres lustros después me reencontré con ella "paseando" por la Fnac y volvió a ponerme los pelos de punta. ¡Gracias, Bruce!

Místico

martes, 17 de marzo de 2009

La más impropia de las justicias

Aún recuerdo el visionado tan incómodo que sufrí con esta película. Aún recuerdo esa primera fila en la que nos tuvimos que sentar por llegar tan tarde y desde la que tuvimos que asistir a los 120 minutos de metraje de la misma. Eso lo recuerdo perfectamente, pero también recuerdo las lágrimas que nos tuvimos que secar tanto mis acompañantes como yo durante los créditos finales. Y resulta curiosa esta sensación cuando lo que se está lamentando aquí es el castigo recibido por un auténtico monstruo (o al menos así era como lo sentíamos al comienzo de la cinta). Curiosa sin duda y digna de análisis...

Tim Robbins se hacía al frente con "Pena de muerte" de la que ya sería su segunda película en labores de dirección, y para ello contaba con dos pesos pesados en cuanto a interpretaciones se refiere: un Sean Penn al que siempre estuvo unido por cuestiones políticas y su propia esposa, una Susan Sarandon que a la postre se convertiría en ganadora del Oscar por esta interpretación.

Basada en el libro "Dead Man Walking", escrito por la Hermana Helen Prejean (consejera espiritual del reo condenado a muerte Patrick Sonnier), entiendo este drama carcelario de 1995 como la mejor obra hasta la fecha de Robbins como director. Su lento ritmo, tan cuestionado por algunos, se hacía necesario si lo que se pretendía aquí era cambiar el punto de vista de aquel que visionaba la película, haciéndonos entender que, independientemente de la atrocidad cometida, el arrebatar la vida a un hombre no debería ser algo que se decidiese nunca un ningún tribunal. Para ello eran necesarias las palabras, eran necesarios muchos silencios, muchas miradas... Y Tim Robbins entendía mucho de todo esto.

Brillantes como no podía ser de otro modo Sean Penn y Susan Sarandon y ciertamente destacables las labores de Tim Robbins en una dirección en la que no suele prodigarse demasiado... ¡Una verdadera lástima!

Por hoy es más que suficiente. Un Vips me espera. Buena tarde a todos.

Místico

viernes, 6 de marzo de 2009

El caso que cerró Alcatraz

La historia que narra esta película es de las que ponen los pelos de punta. Nuestros escalofríos son sin cabe aún mayores cuando pensamos que el guión de "Homicidio en primer grado" no está sacado de la imaginación de ningún guionista, sino que narra acontecimientos reales que acontecieron años atrás en la tristemente famosa prisión de Alcatraz. Y es que, una vez más, la crueldad humana parece no conocer límites. Una historia escalofriante como pocas que narra el castigo al que fue sometido uno de los internos de la prisión al intentar escapar de ella. Condenado a permanecer durante años en una celda de aislamiento cuando la ley solo permitía un máximo de 19 días, éste fue uno de los casos que provocó el cierre definitivo de una cárcel que ha sido escenario de infinidad de películas.

Brillantes Christian Slater y Gary Oldman, pero más brillante aún si cabe un Kevin Bacon que consigue que nos metamos en la piel del protagonista, haciéndonos comprender lo que tuvo que sufrir aquel ser humano encerrado en un cuarto oscuro durante gran parte de su vida.

"Homicidio en primer grado" es otro de esos títulos que uno no llega a comprender por qué no tuvieron más repercusión en el año de su estreno, pero que comprende aún menos cómo pudo caer tan fácilmente en el olvido cuando ésta es para mí una de las mejores películas carcerlarias que se han hecho en la historia del cine.

Místico

miércoles, 4 de marzo de 2009

Cuando el corazón no entiende a la razón

Existen películas sencillas, cuya trama parece tan simple que podrían incluso resultar poco atractivas a los ojos de muchos espectadores. Películas cuyo lento ritmo y escasa acción conllevan en muchos casos la falta de interés por lo que en ella se nos cuenta. El argumento de "La flaqueza del bolchevique" es sencillo, muy muy sencillo, pero la complejidad de sentimientos que atesora dentro resulta tan brutal, que el conflicto que la misma nos transmite nos hace comprender que pocas veces una película nos ha aportado tanto. Y es que es mucha la empatía que se necesita para comprender este título, porque el tema que trata es delicado, muy muy delicado...

"La flaqueza del bolchevique" habla de un amor imposible, del amor absolutamente puro y limpio que un desengañado treintañero, cansado ya de todo y desilusionado con la vida, comienza a sentir hacia una adolescente de apenas quince años. Una adolescente que le hará recuperar aquella ilusión que ya tenía perdida y que conseguirá que se reencuentre de nuevo con una vida que ya casi no recordaba. La lucha constante entre su corazón y su razón se contagia a un espectador que siente como propio lo que aquí se narra y que llega a comprender perfectamente la confusión que sufre la atormentada mente del personaje protagonista.

Tratándose de un tema tan delicado (donde jamás se debe confundir pederastia o abusos a menores con los sentimientos de amor puro que aquí se narran), es de reconocer la valentía de Manuel Martín Cuenca al presentarnos una historia tan arriesgada como ésta. Brillante Luis Tosar, pero más brillante aún una desconocida María Valverde de la que todos nos acabábamos enamorando en algún punto de esta película.

Místico

lunes, 2 de marzo de 2009

Un canto a la vida

Dicen que la realidad supera a la ficción, que no hay historias más duras que aquellas que están basadas en acontecimientos reales. Y es muy posible que sea así. Al menos cuando uno ve un título como "Despertares" entiende que ningún guionista podría inventar una historia tan bella y triste como ésta.

Y es que "Despertares" es belleza y tragedia. Es un canto a la vida que guarda un reverso duro y desgarrador; un canto a la esperanza, a la amistad entre dos hombres que se necesitan mutuamente, al afán por aferrarse a una vida que en ocasiones resulta demasiado desconsiderada con aquellos que la aman. "Despertares" es, en definitiva, un regalo que el cine nos entrega para que valoremos mucho más aquello que en verdad resulta importante.

Obligatorio destacar el trabajo de sus dos protagonistas: el mejor de los posibles Robert de Niro y un Robin Williams que sólo en películas como ésta pudo mostrar el talento que atesora (creo firmemente que el protagonista de "Hook" es el actor más desaprovechado de Hollywood).

Una cinta que emociona como pocas, que nos hace entender la importancia de la vida, nos enseña a valorar cada uno de los instantes que vivimos y a comprender que el amor es el motor necesario que empuja a todos y cada uno de ellos.

Dedicado a los que saben valorar cada uno de esos momentos.

Místico

jueves, 26 de febrero de 2009

Lo que el viento nos dejó


Pocas cosas se pueden decir de una película como ésta que no se hayan dicho hasta la fecha. Y es que esta superproducción de 1939 ha escrito ya con letras doradas muchas líneas en la historia del cine. Ganadora de nueve premios Oscar, su acogida en las salas fue tal que no tardaría en alzarse en su momento como la película más taquillera de toda la historia.

Cuatro horas de duración para un relato grande como pocos que nos dibujaba la historia de unos Estados Unidos bajo el prisma de una heroina cinematográfica vestida con trajes de seda. El paralelismo que vemos entre la historia de cambios de un país y los que estos provocaban en la misma resultaron tan metafóricos que se hicieron incluso poéticos. Y es que "Lo que el viento se llevó" es sinónimo de Scarlett O'Hara: uno de los personajes más interesantes de la historia del cine que veríamos evolucionar de niña a mujer en una historia brillante como pocas. Encarnada por una magnífica Vivien Leigh (elección final tras dos años de casting y 1.400 candidatas), no encontró quizá el mejor compañero de baile para este film. No pondré ahora en tela de juicio el talento interpretativo de Clark Gable, pero lo que sí tengo claro es que la química entre ellos resultaba inexistente. Creo simplemente que no era el galán adecuado para interpretar a Rhett Butler, por mucho que la productora tuviese muy claro que el papel iría para él casi desde antes que comenzara la preproducción. Unos secundarios de lujo suplirían con creces aquel fallo de casting. Sirvan de ejemplo una inolvidable Hattie McDaniel (que se convertiría en la primera actriz de color en recibir un Oscar) y especialmente una inconmensurable Olivia de Havilland que emocionaba y convencía en su papel tanto como la propia Leigh.

Hasta cinco directores estuvieron al frente de un proyecto cuyo rodaje se dilató durante cinco largos meses. Cinco directores de los cuales sólo David O. Selznick aparecería finalmente en los créditos de la cinta. Y es que se podrían citar tantas cosas que hicieron a "Lo que el viento se llevó" la gran obra que hoy día es que no tendría suficiente espacio en este post: su bella fotografía, sus soberbios decorados, aquel guión que adaptaba de un modo tan magistral la novela de Margaret Mitchell, tantas imágenes que nos regaló y que forman parte ya de la historia de la más grande de las artes pero, sobre todo, Scarlett O'Hara y Vivien Leigh... o Vivien Leigh y Scarlett O'Hara, porque hoy, casi 70 años después, estos dos nombres significan ya casi lo mismo...

Místico

lunes, 16 de febrero de 2009

El drama fantástico del corredor de la muerte

Creo que mi postura al respecto ha quedado bastante clara en otros post: adaptaciones para la gran pantalla de novelas de Stephen King ha habido muchas, pero buenas películas resultantes, muy pero que muy pocas. En 1999 pudimos acudir, afortunadamente, al estreno de una de ellas.

Protagonizada por un siempre efectivo Tom Hanks y recreando a lo largo de más de tres horas de metraje una dramática historia carcelaria, "La milla verde" es una de esas películas que engancha al mismo tiempo que emociona. La brillantez narrativa de la cinta delata que esta película está dirigida por Frank Darabont, un director que en 1994 ya tuvo una experiencia similar llevando a la gran pantalla otra novela carcelaria de King titulada "Cadena Perpetua". Y es que el perfecto ritmo narrativo de ambas obras deja claro que Darabont ha sido el realizador que mejor ha entendido y entiende al genio de Stephen King (ambos se volvieron a encontrar el año pasado en "La Niebla" , película vista por un servidor en Cinebox Plaza Norte)

Pero no todos son halagos para esta cinta. A "La milla verde", en mi opinión, le falló su final. Y en este caso no creo que la culpa sea siquiera del propio Darabont, sino de una historia original de King que, una vez más, se le terminó escapando de las manos. Hablamos de una película cuyos personajes están tan perfectamente construidos, su carga dramática resulta tan brillante y algunos de sus diálogos tan perfectamente escritos, que se hacía innecesario ese giro final tan fantástico.

Destacable el actor Michael Clarke Duncan y destacable también la última escena que comparte con el siempre sufrido Tom Hanks. El diálogo de "despedida" que mantienen ambos actores en el interior de la celda es de esos que uno recuerda (o llora) durante mucho pero que mucho tiempo. Un brillante título, en definitiva, para una gran historia.

Místico

martes, 10 de febrero de 2009

El sensible retrato de una trágica enfermedad

Cuando llega el momento de hablar de un título como éste, uno no tiene muy claro que es lo que habría que destacar primero, si el brillante trabajo de Russell Crowe interpretando a un personaje complejo como pocos o la magistralidad de Ron Howard al presentarnos esta emotiva historia desde el difícil punto de vista de su protagonista: un enfermo esquizofrénico de inteligencia sobrenatural pero extrema sensibilidad.

"Una mente maravillosa" es una película bella, emotiva, que narra la biografía de un personaje real: el matemático ganador del Premio Nobel John Forbes Nash. Una película que derrocha sensibilidad en cada fotograma y que nos presenta una enfermedad del mejor modo que se puede mostrar la misma: haciéndola sentir, experimentándola en la propia piel del personaje protagonista. El grandioso giro argumental que experimenta esta película a mitad de su metraje (que nos recuerda en parte a lo que Torcuato Luca de Tena nos narraba en su brillante "Los renglones torcidos de Dios") nos deja a muchos comprendiendo aún mejor la tragedia de esta enfermedad.

Brillante también Jennifer Connelly (vista recientemente en "Ultimatum a la Tierra"), cuya química con Crowe resulta más que evidente. Un excelente título, en definitiva, que fue absoluto merecedor del Oscar a la mejor película en el año 2001. Algunos pensaron que el premio le quedaba grande. Afortunadamente, yo nunca fui uno de ellos.

Místico

lunes, 9 de febrero de 2009

Absolutamente desgarradora

En ocasiones uno siente la necesidad de hablar de un título como éste, más aún cuando la primera vez no se le hizo demasida justicia. Y digo esto porque yo fui uno de aquellos que condenaron esta película al poco tiempo de verla. Tuvieron que pasar unos cuantos años y quizá tener la predisposición y madurez necesaria para entender la grandeza de esta cinta. "Los puentes de Madison" es una película compleja, y no me refiero precisamente a su argumento: sencillo y sin giros inesperados. Su complejidad radica en los sentimientos que transmite, en unos sentimientos enfrentados que suponen uno de los mayores conflictos con los que puede encontrarse un ser humano: hablo de la lucha eterna entre su corazón y su razón.

Interpretada de forma magistral por una siempre brillante Meryl Streep, por un "más humano que nunca" Clint Eastwood y dirigida por este último, esta cinta consigue, pese a su lento ritmo (o quizá precisamente gracias a él), que nos identifiquemos con unos personajes de un modo pocas veces visto en una pantalla. "Los puentes de Madison" es sentimiento en estado puro, es entender aquello que llaman "amor" y convertirte en parte activa de todos y cada uno de los momentos que en esta cinta se viven.

La escena final de un Eastwood llorando bajo la lluvia y una Streep dudando ante la decisión más importante de su vida ha pasado ya a la historia del cine. Pocas escenas cinematográficas han conseguido con tanto silencio y con tan sólo un cruce de miradas transmitir tantas emociones de tan alta carga dramática. Una obra maestra que no fue justamente reconocida (una vez más) por los Académicos de Hollywood. En 1995 todas las nominaciones fueron para "Braveheart", "Apolo XIII" y "Babe: El cerdito valiente". Habría que ver si, en el caso de astronautas y cerditos, las emociones que pudieron transmitirnos ambas películas en su metraje completo podrían siquiera aproximarse a lo que "Los puentes de Madison" consiguió con sólo una de sus escenas.

Místico

martes, 3 de febrero de 2009

Un Oscar justo

Creo que me aficioné a la ceremonia de los Oscar casi al mismo tiempo que aprendí a multiplicar y dividir. No me equivoco si afirmo que no me he perdido ni una sola ceremonia en los últimos 18 años, que ya sea por televisión pública (qué tiempos aquellos), de pago o incluso por radio, la noche más glamourosa del cine es ya para mí, año tras año, una cita absolutamente obligada. Sin embargo, pese a toda esa fidelidad, creo que se cuentan con los dedos de una mano las ocasiones en las que realmente salí satisfecho del reparto de los premios. Que títulos tan míticos como "Seven" o "El sexto sentido" no se llevaran ni un solo galardón, que "Brokeback Mountain" perdiera a última hora el Oscar a la mejor película en detrimento de la simplemente correcta "Crash" o que títulos como "Infiltrados" ganaran unos premios que no merecían sólo por compensar a su "siempre olvidado" director, son ya cosas que pesan demasiado a la hora de valorar positivamente estos premios. Sin embargo, y pese a todo ello, hubo algunos años en los que se hizo verdadera justicia con los títulos que se presentaron a la ceremonia. El año 2005 fue uno de ellos, el año en que "Million Dollar Baby" se alzó como triunfadora absoluta de aquella noche.

Dirigida e interpretada por un magistral Clint Eastwood, protagonizada por una oscarizada Hilary Swank (por este papel también premiada) y por un Morgan Freeman que demostraba de nuevo lo grande que podía ser cuando elegía bien los papeles, la historia que aquí nos contó Eastwood nos dejó a más de uno aplaudiendo tras los créditos.

Su carga amotiva no se limitaba a su desarrollo final. Muchos criticaron aquel giro argumental que hacía de ésta dos peliculas en una, pero pocos parecieron comprender que el dramatismo de este título comenzaba a los pocos minutos de iniciarse el metraje. Aún recuerdo muchas de las frases imborrables que el personaje de Freeman pronunciaría en esta cinta, así como fui capaz de entender y casi sentir el sufrimiento y amor paternal que Eastwood prodigaba hacia una Swank que era ya algo más que su pupila.

Un título emotivo, impactante y magistral que mereció todos los galardones en la noche más glamourosa, una de las pocas veces en las que el tío Oscar hizo justicia.

Místico

martes, 16 de diciembre de 2008

El triángulo que marcó para siempre al cine español


Existen algunos títulos que allá por comienzos de los 90 ayudaron a engrandecer un mediocre cine español y lo llevaron al nivel que ostenta hoy día. "Amantes" fue sin duda uno de ellos. Una cinta que marcaría para siempre la filmografía de un magistral Vicente Aranda y que nos ayudó a muchos a creer en la calidad del cine patrio.

Muchos fueron los aciertos que tuvo este título frente a un solo patinazo. El primero de ellos: sus dos actrices principales. Una siempre grandiosa Victoria Abril y una sorprendente Maribel Verdú que se comieron plano a plano al mayor error de esta cinta, un error que en este caso tenía nombre propio: Jorge Sanz. La elección del actor protagonista no pudo ser más equivocada, más aún si tenemos en cuenta la calidad de sus compañeras de reparto: una Victoria y una Maribel simplemente soberbias.

Otro de los aciertos fue sin duda su guión. Un guión duro, que en su momento fue duramente criticado por su alta carga sexual, pero que componían unas escenas absolutamente necesarias en un título como éste. Vicente Aranda, Pedro Almodóvar y Bigas Luna siempre tuvieron fama de elevar de forma excesiva la temperatura en sus películas, pero en el caso de Vicente, y más concretamente en este título, de forma absolutamente necesaria.

Conmovedora como pocas, sobrecogedora hasta el extremo, más si tenemos en cuenta que se basaba en una historia real. Aquella última secuencia frente a la Catedral de Burgos, con esa nieve absolutamente improvisada (no estaba prevista la nieve en aquel día de rodaje) quedaron grabadas a fuego tanto en mi memoria como en la historia del cine español.
¡Bravo, Aranda!

Místico