Sin duda éste fue uno de los mejores títulos que dio el cine español a finales de los 90. Un título duro como pocos, de una realidad tan extrema que asustaba. Una película que mostraba sin ningún tipo de filtro la dureza de una vida injusta, de una vida que parecía cebarse con algunos desafortunados desde el mismo momento de su concepción.Un drama que se engrandecía aún más cuando en contraposición a ello Benito Zambrano conseguía emocionarnos a todos al relatarnos una bella historia de amor: la que nacía entre una madre y una hija que lo tenían todo en contra pero cuyo lazo se hacía más fuerte según aumentaban las dificultades.
Soberbios a rabiar todos sus actores, en especial una María Galiana que por fin recogía el reconocimiento que el cine le debía desde hacía tantos años, así como una Ana Fernández que descubríamos con esta cinta y que nos mostraba gracias a ella el enorme potencial que atesoraba. Una excelente labor de fotografía, un correctísimo guión y el mejor trabajo hasta la fecha del director Benito Zambrano convirtieron a esta ópera prima en justa merecedora tanto del premio del público en el festival de Berlín como de todos y cada uno de sus cinco premios Goya.
Místico