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jueves, 13 de agosto de 2009

El musical más intemporal

Su guión resultaba tremendamente sencillo, pero no por ello carecía de la suficiente fuerza como para que casi 60 años después de su estreno siga presente en nuestro recuerdo más colectivo. Hablamos de lo que en nuestros días podría llamarse una comedia romántica bastante ligera con unos números musicales que por sí mismos compusieron uno de los conjuntos más brillantes en la historia del séptimo arte. Es posible que para el recuerdo sólo hayan quedado aquellos chapoteos que Gene Kelly realizara con una amplia sonrisa tras despedir en su portal a la mujer de la que comprendía se había enamorado, pero cierto es que "Cantando bajo la lluvia" se compuso de otros grandísimos números musicales tan brillantes como éste por no decir que mucho más.

Que la baza de la película era Kelly es algo absolutamente indiscutible, pero de justicia también resultaba destacar el brillante trabajo cómico que desarrolló en la misma un Donald O'Connor que demostraba además que en esto del baile estaba incluso por encima del protagonista.

Unas coreografías que rozaban las acrobacias, un argumento emotivo y divertido absolutamente intemporal y unos personajes inolvidables compusieron una de los mejores musicales del Hollywood más clásico, peremne para siempre en el recuerdo más cinéfilo. Tan imborrable como la secuencia que cuelgo hoy en este post. No podía ser otra...



Místico

jueves, 2 de julio de 2009

Interesante pero irregular

"La ventana indiscreta" fue una clara muestra del juego que podía dar una sola localización si se sabía utilizar del modo correcto. Si tenemos en cuenta que quien se encontraba tras la cámara era el mismísimo Alfred Hitchcock era de suponer que la mitad del trabajo ya estaba prácticamente hecho. Cierto es también que lo de "simple localización" llevaba unos cuantos matices, pues hablamos de diferentes escenarios dentro de un mismo espacio, en este caso aquellos que componían las vistas del edificio sobre el que se desarrolla esta curiosa e interesante historia.

Muchas cosas a favor y otras tantas en contra de una de las más controvertidas (para mí) obras del genio del suspense. El planteamiento es sí resulta bastante interesante, así como el modo en el que Hitchcock consigue transmitir suspense a través de elementos sencillos y casi cotidianos. Creo sin embargo que, a diferencia de otras muchas obras de este director, "La ventana indiscreta" carece de bastante credibilidad, algo que se va haciendo más notable según avanzamos en el metraje, especialmente en las secuencias finales. Sus actores están correctos, tanto James Stewart como Grace Kelly, pero muy especialmente Thelma Ritter. Brillante sin duda resulta el punto de vista con el que Hitchcock construye esta película, consiguiendo que los espectadores no sólo veamos lo que Stewart ve desde su voyeur posición, sino que también nos contagiemos de la la angustia y ansiedad que el mismo siente cuando la acción que observa se sale de su/nuestro campo visual.

El enfoque cómico que se daba a este película sobraba en gran medida, puede que la puesta en escena se prestase a ello, pero quizá este mismo enfoque fuese el responsable de que esta historia no tuviese la fuerza que, teniendo en cuenta su enorme potencial, podría haber tenido.

Místico

jueves, 18 de junio de 2009

Una rebeldía totalmente justificada

Lo que James Dean consiguió a mediados de los 50 para la gloria del séptimo arte ha sido algo hasta la fecha inigualable. Con sólo tres películas importantes en su carrera este actor americano consiguió convertirse no sólo en un mito para la historia del cine, sino también en todo un icono mediático que ha sabido mantenerse imperturbable a lo largo de cinco larguísimas décadas. Encontró la muerte a los 24 años en un fatal accidente de tráfico, pero dejó como principal legado tres películas absolutamente inolvidables: "Al este del Edén", "Gigante" y el título que posiblemente más le ayudó a encumbrarse como mito: "Rebelde sin causa".

Está claro que esta película no tendría el peso del que hoy hace gala si no hubiese sido protagonizada por Dean, como tampoco habría pasado a la historia del cine si el joven actor no hubiese encontrado la muerte a una edad tan prematura, pero el caso es que ambas cosas sucedieron y hoy "Rebelde sin causa" es casi una película de culto.

Una cinta que nos mostraba que la delincuencia y rebeldía entre los jóvenes no tenía que ir necesariamente ligada a las clases sociales más bajas, sino que en los niveles acomodados los grados de inconformismo entre los jóvenes americanos podían ser tan altos que la única solución factible se encontraba en las peleas con navajas, las carreras de coches frente a acantilados mortales o las pistolas de gatillo fácil.

Sin duda lo más interesante de toda la cinta radicaba en aquellos motivos (familiares todos) que hacían a estos jóvenes comportarse de aquella manera, indagar en las "causas" (porque sí que las había) de estos comportamientos, ya fuese un complejo de Electra, una homosexualidad encubierta unida a una tremenda falta de cariño o el miedo a heredar lo que en un padre tanto se rechazaba.

Místico

lunes, 15 de junio de 2009

Tragedia "shakespeariana" a ritmos urbanos

Figura desde hace unos cuantos años en la lista de películas con más premios Oscar de la historia del cine, concretamente diez, sólo por detrás de "Ben Hur", "Titanic" y "El retorno del Rey". "West Side Story", el musical que suponía la adaptación urbana de la obra de Willliam Shakespeare "Romeo y Julieta" y que era narrada en esta ocasión entre bandas callejeras del Nueva York de los años 60, tuvo sin duda muchas puntos a su favor, pero creo firmemente que esta lluvia de premios fue tremendamente exagerada.

Cierto es que muchos de sus números musicales (de puesta en escena intachable) engrandecieron una película que nació para recoger el testigo del exitoso musical de Broadway que llevara el mismo nombre, logrando pasar muchos de ellos no sólo a la historia del cine sino también al subconsciente colectivo de millones de personas. Todo esto es cierto, pero también lo es que si obviamos sus números musicales (y hablando de "West Side Story" esta empresa se antoja cuanto menos complicada) lo que nos queda de ella apenas merece un mayor reconocimiento.

La credibilidad de su historia apenas se sostiene por sí misma. Analicemos para ello un solo ejemplo: "West Side Story" se desarrolla en un solo día, es decir, 24 horas a lo largo de las cuales Natalie Wood y Richard Beymer se conocen y se enamoran. Hasta aquí todo podría ser "normal", pero ¿cómo es posible que la pasión entre ambos alcance cotas tan altas en tan corto espacio de tiempo como para hacer olvidar a la protagonista que horas antes de escapar con su amado, éste acaba de asesinar a su propio hermano?... Creo sinceramente que otras propuestas de la época como "Esplendor en la hierba" o "Rebelde sin causa" conseguían emocionarnos más de un modo bastante más creíble.

Sigo manteniendo que esta película contó con muchos puntos a su favor. Su trabajo actoral apenas mostraba fisuras, así como ciertos momentos de la cinta brillaron con luz propia. Valga de ejemplo la escena en la que ambos protagonistas se conocían. Creo que pocos "flechazos" han sido tan bien llevados al cine como cuando Natalie Wood y Richard Beymer se veían por primera vez en aquella mítica secuencia del baile.

En definitiva, una buena pero desigual cinta (que en su momento rechazó protagonizar Elvis Presley) con unos inmortales números musicales susceptible de ser ligeramente sobrevalorada... al menos desde mi "más modesta opinión", claro.

Místico

miércoles, 20 de mayo de 2009

Caminando sobre baldosas amarillas

"El mago de Oz" es otra de esas películas que terminaron saltando de los terrenos más púramente cinematográficos a aquellos más propios de la cultura popular del siglo XX. Una película plagada de incidentes y leyendas que inmortalizaría para siempre el mito de Judy Garland (17 años en este film) y que terminaría convirtiéndose en todo un icono para los colectivos gays de gran parte del planeta.

Un producción de 1939 dirigida por Victor Fleming (aquel año también responsable de "Lo que el viento se llevó") que empleaba la innovadora técnica del Technicolor para inundar de bellos tonos un título que no se habría entendido igual en blanco y negro.

El simbolismo que presentaban algunos de los personajes es aún hoy motivo de debate entre los más incondicionales a la cinta, así como para el resto se alzaba cuanto menos como otro de esos metrajes que conseguían, por encima de polémicas, hacernos sentir bien. Todo un cuento musical plagado de brujas y magos, más teatral que cinematográfico, que nos dejó un "Over the Rainbow" para el recuerdo y un buen número de elementos y personajes que son ya sin duda parte de la historia del cine: baldosas amarillas, zapatos rojos, hombres de hojalata, leones cobardes, espantapájaros sin cerebro... ¿Son necesarias las presentaciones?

Místico

lunes, 18 de mayo de 2009

Regalando carcajadas

Hoy en "Plano Medio" (por varios motivos y todos muy diferentes) no quiero analizar ninguna película. Hoy me limitaré a recomendar un título que a mí, personalmente, me ha regalado buenos y gratos momentos. Hoy deseo regalar sonrisas (y por qué no alguna que otra carcajada) con una cinta sin altas pretensiones pero absolutamente inolvidable: "Me siento rejuvenecer" ("Monkey Business").

La obra de Howard Hawks, que suponía el reencuentro de Cary Grant con la comedia más extrema tras "Arsénico por compasión" o "La novia era él", nos presentaba en este metraje a una "secundaria" Marilyn Monroe en la única cinta que compartirían ambas estrellas a lo largo de sus carreras. Geniales ambos mitos como genial también resultaba una Ginger Rogers (esta vez sin Fred Astaire) que contribuía con su nombre a un reparto de auténtico lujo, complice absoluto de cada una de las carcajadas que habría de despertarnos.

Valga desde aquí esta recomendación.

Místico

jueves, 30 de abril de 2009

Interpretativamente impecable

La importancia que en un metraje tiene la correcta elección de sus actores protagonistas se antoja absolutamente esencial en cualquier tipo de cinta. Cuando, para más añadidura, la misma es el resultado de adaptar al cine una obra de teatro (como es éste el caso) entonces lo es si cabe aún mucho más. Afortunadamente para Elia Kazan aquí hablábamos de dos intérpretes tocados con la varita mágica de un talento desmedido y gracias a ello la cinta pasó a convertirse en la obra maestra que hoy día es.

"Un tranvía llamado Deseo" es una contienda psicológica entre Marlon Brando y Vivien Leigh, una lucha de titanes totalmente antagónicos en su manera de entender la realidad que les ha tocado vivir. Un cinta de tensos diálogos, de miradas que retan, de frustraciones disfrazadas de aquello que nos hubiese gustado ser, de corazas, de atracción sexual, de violencia, de pérdida de la razón, pero sobre todo de mucho mucho dolor... Un dolor que quedaba reflejado en la frase final que Vivien Leigh le dedicaba al médico que la acompañaba en su ingreso al hospital, la cual resumía perfectamente el sentimiento y la esencia de un personaje completamente roto: "Siempre he dependido de la bondad de los extraños".

La obra de Elia Kazan ganó cuatro Oscar: A la mejor dirección artística y a tres de sus actores. Irónicamente fue Marlon Brando el único que no resultó premiado. Y digo irónicamente porque hoy, 60 años después, aquella imagen del actor de Nebraska vestido con aquella sucia camiseta es casi sinónimo de "cine". Lástima que aquel año a la Academia le tocase hacer justicia con Humphrey Bogart...

Místico

martes, 28 de abril de 2009

"Anoche soñé que volvía a Manderley"

Pocas veces un personaje ha tenido tanto peso en una película sin tan siquiera aparecer en ella. En 1940 Alfred Hitchcock presentaba al mundo "Rebeca", una inquietante cinta (la primera de la larga lista que rodaría en tierras americanas) que marcaría un importante punto de inflexión en la mítica carrera del director ingles. "Rebeca" llevaba el sello del director británico hasta en el último de sus fotogramas, una historia de intriga y suspense que nos presentaba a una mujer (Joan Fontaine) que tenía que vivir en una mansión bajo el peso de un solo nombre: Rebeca, la primera esposa del hombre con el que acaba de contraer matrimonio. Un peso que se magnificaba más si cabe a través de dos elementos clave en su tremenda angustia: aquella fantasmal mansión conocida bajo el nombre de "Manderley" y un personaje absolutamente inquietante: la oscura ama de llaves encarnada por Judith Anderson.

La presión que el personaje de Rebeca ejercía en la protagonista se hacía aún más clara si tenemos en cuenta que, ni en esta película ni en el libro en el que se basaba, se pronunciaba en ningún momento el nombre de la misma. Un peso similar al que la película tendría en nuestro país. Prueba de ello fue, por ejemplo, que el nombre "Rebeca" pasó a utilizarse para denominar al tipo de chaqueta que la protagonista lucía a lo largo del metraje.

Un película ganadora de dos Oscar (mejor película incuída) que, pese a su final sorprendente, considero perdía cierta fuerza según avanzaba en su metraje. Aún así, y aunque sólo sea por su buen arranque, "Rebeca" es ya todo un clásico merecedor de todos los honores.

Marcho a comprar a Levis-Store. Buena tarde a todos.

Místico

jueves, 16 de abril de 2009

Amor en tiempos "extraños"

Historias de amor en el mundo del cine han existido muchas y algunas de ellas realmente emotivas. Sin embargo cuando los protagonistas de estas historias son dos personajes de edad avanzada, tan lejos ya de aquellas primeras pasiones de la olvidada juventud, entonces la historia se vuelve mucho más emotiva, tierna y bella de lo que en principio podríamos prever.

"La reina de África" nos presentaba a un cincuentón Humphrey Bogart y a una Katharine Hepburn pasados los 40 cuya extraña relación a bordo de aquella mítica embarcación se acababa convirtiendo en una de las historias de amor más bellas que hayamos visto jamás en la gran pantalla. El nacimiento de viejas pasiones en plena Primera Guerra Mundial a bordo de un destartalado barco que, cual David, osaba enfrentarse a aquella cañonera alemana que podría llevar escrito el nombre de Golliat. Un mismo objetivo común para dos personajes que no podían ser más diferentes: Un capitán con bastante afición a la bebida y una estirada misionera poco acostumbrada a los hábitos de su compañero.

La cinta supuso el único Oscar en la carrera de Humphrey Bogart. Al menos esta película sirvió para encumbrarlo tal y como merecía...

Místico

martes, 7 de abril de 2009

Sólo el tiempo puede curar algunas heridas

"Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo..."

(William Wordsworth)


Jamás un poema resumió de un modo tan acertado la esencia de una película... o, dicho de un modo más correcto, nunca una película materializó de un modo tan soberbio lo que nos intentó transmitir un solo poema.

"Esplendor en la hierba" nos enseñaba a madurar, nos enseñaba a entender que la pasión de la juventud resultaba tan efímera como los pétalos de cualquier flor, que el paso del tiempo era capaz de curar aquello que considerábamos incurable y que la felicidad de cada uno dependía en gran medida de las decisiones tomadas en primera persona, sin influencias externas que estuviesen basadas en intereses ajenos a nosotros mismos.

Natalie Wood nos regalaba un personaje algo sobreactuado pero que recogía a la perfección la esencia de aquello que nos quería mostrar: la pasión de una joven que vivía su amor como lo único importante en su vida. Un joven y torturado Warren Beatty dejaba clara la dureza de aquellos conflictos internos que tanto daño tuvieron que hacerle y un contexto social previo a la Gran Depresión nos hacía agradecer a todos y cada uno de nosotros el haber nacido en la época histórica en la que lo hicimos.

Una absoluta obra maestra del director Elia Kazan.

Místico

jueves, 2 de abril de 2009

El "chico bueno" del Hollywood dorado

Es difícil imaginar el Hollywood clásico sin recrear en algún momento su rostro. El cine de los 40 y 50 no hubiese sido tan dorado si él no hubiese irrumpido en aquellos años. Míticas películas irán ya para siempre unidas a su nombre, a uno de los nombres de mayor peso en la historia del cine americano: James Stewart.

"¡Qué bello es vivir!", "La ventana indiscreta", "Vértigo", "Historias de Filadelfia"... son tantos sus grandes títulos que con razón uno entiende que la American Film Istitute le nombrase en su momento el tercer mejor actor de todos los tiempos, tras Humphrey Bogart y Cary Grant.

Lo más curioso de Stewart es que poco o nada tenía que ver con el resto de galanes de su época. De aspecto tímido e introvertido, no especialmente guapo ni elegante, las diferencias con Gary Cooper, Cary Grant, Gregory Peck y demás eran más que significativas. Analizando la trayectoria del actor, uno entiende que tampoco le hacía demasiada falta paracerse a ninguno de ellos. Y no se la hacía porque Stewart jugaba con cartas de otra baraja. Su gran versatilidad, acompañada siempre de esa cara de "niño bueno" que le perseguiría hasta el final de sus días, hicieron del actor de Indiana un imprescindible para directores de la talla de Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Frank Capra o John Ford.

Pero lo que quizá más llame la atención de toda su biografía es que James Stewart participase en la Segunda Guerra Mundial como piloto de bombardero para, cuatro años después, ostentar el rango de General de Brigada. Este rápido ascenso se debió, entre otros motivos, a sus "altas dotes de mando". Sin duda una faceta curiosa que a uno le despierta alguna que otra pregunta: ¿Cual de los papeles que Stewart interpretó a lo largo de su carrera fue el más brillante de todos?... ¿El del confuso protagonista de "Vértigo"? ¿El de desesperado padre de familia en "¡Qué bello es vivir!"?... ¿O quizá el que consiguió vendernos a todos a lo largo de sus más de 50 años de carrera?

Místico

jueves, 12 de marzo de 2009

El escenario perfecto para el nacimiento de un mito

"Vacaciones en Roma" fue la película que vio nacer a todo un icono cinematográfico. Las calles de la bella ciudad italiana asistieron como testigo a la eclosión de una de las figuras más importantes que el cine podría darnos en todo el siglo XX. Y es que, por primera vez en su carrera, Audrey Hepburn se convertía en protagonista de una cinta y lo hacía, además, de la mano de una de las estrellas masculinas más importantes de aquel momento: Gregory Peck.

"Vacaciones en Roma" era una historia de amor hecha a medida del nuevo talento, un guión que se alzaba por sí mismo como la antítesis al cuento de la Cenicienta, pero cuya magia y romanticismo le valieron no solo un Oscar, sino también un hueco en el corazón de muchos espectadores. "La joven princesa Anna, cuya vida superficial y llena de lujos ya no le llenaba en absoluto, optaba por escaparse una noche de su jaula de oro para sentir aquella vida mundana que tanto le atraía. En su aventura se enamoraba de un hombre "del pueblo", el cual desconocía completamente la verdera identidad de la joven que acababa de recoger en la calle..."

Este título, además, supondría toda una innovación en lo que a rodaje de exteriores se refiere. Hasta aquella fecha (estamos hablando de 1953) no era excesivamente habitual rodar en exteriores reales, sino en decorados preparados por el estudio que simulaban las diferentes localizaciones necesarias para la historia. El director del film (William Wyler) entendía que Roma debía ser un personaje más de la cinta, por lo que renunció a rodar en escenarios ficticios a riesgo de complicar con ello el tiempo de rodaje de la propia película.

Han sido varias las veces que he visto este título y en todos los casos me terminó emocionando su secuencia final. Aquel cruce de miradas entre los dos protagonistas, que deben simular no conocerse pero cuyos ojos dicen todo lo que no expresan sus palabras, es de ésas que te ponen un nudo en la garganta. Un derroche de química la que mostraron estos dos actores ante una cámara que inmortalizaría para siempre, como pocas películas lo hicieron, la bella ciudad de Roma.

"Vacaciones en Roma" (con permiso de "Sonrisas y lágrimas") es la película favorita de la persona "más paciente" que hay en este mundo: mi prima. Vaya dedicado este post con todo mi cariño a ella.

Místico

jueves, 26 de febrero de 2009

Lo que el viento nos dejó


Pocas cosas se pueden decir de una película como ésta que no se hayan dicho hasta la fecha. Y es que esta superproducción de 1939 ha escrito ya con letras doradas muchas líneas en la historia del cine. Ganadora de nueve premios Oscar, su acogida en las salas fue tal que no tardaría en alzarse en su momento como la película más taquillera de toda la historia.

Cuatro horas de duración para un relato grande como pocos que nos dibujaba la historia de unos Estados Unidos bajo el prisma de una heroina cinematográfica vestida con trajes de seda. El paralelismo que vemos entre la historia de cambios de un país y los que estos provocaban en la misma resultaron tan metafóricos que se hicieron incluso poéticos. Y es que "Lo que el viento se llevó" es sinónimo de Scarlett O'Hara: uno de los personajes más interesantes de la historia del cine que veríamos evolucionar de niña a mujer en una historia brillante como pocas. Encarnada por una magnífica Vivien Leigh (elección final tras dos años de casting y 1.400 candidatas), no encontró quizá el mejor compañero de baile para este film. No pondré ahora en tela de juicio el talento interpretativo de Clark Gable, pero lo que sí tengo claro es que la química entre ellos resultaba inexistente. Creo simplemente que no era el galán adecuado para interpretar a Rhett Butler, por mucho que la productora tuviese muy claro que el papel iría para él casi desde antes que comenzara la preproducción. Unos secundarios de lujo suplirían con creces aquel fallo de casting. Sirvan de ejemplo una inolvidable Hattie McDaniel (que se convertiría en la primera actriz de color en recibir un Oscar) y especialmente una inconmensurable Olivia de Havilland que emocionaba y convencía en su papel tanto como la propia Leigh.

Hasta cinco directores estuvieron al frente de un proyecto cuyo rodaje se dilató durante cinco largos meses. Cinco directores de los cuales sólo David O. Selznick aparecería finalmente en los créditos de la cinta. Y es que se podrían citar tantas cosas que hicieron a "Lo que el viento se llevó" la gran obra que hoy día es que no tendría suficiente espacio en este post: su bella fotografía, sus soberbios decorados, aquel guión que adaptaba de un modo tan magistral la novela de Margaret Mitchell, tantas imágenes que nos regaló y que forman parte ya de la historia de la más grande de las artes pero, sobre todo, Scarlett O'Hara y Vivien Leigh... o Vivien Leigh y Scarlett O'Hara, porque hoy, casi 70 años después, estos dos nombres significan ya casi lo mismo...

Místico

miércoles, 25 de febrero de 2009

El arte llevado a su última expresión

Creo que cuando hablamos del "cine como arte", existen diversas películas en la historia del mismo que facilitan al profano el entendimiento de esta afirmación. "Recuerda" no es sólo una de las obras más brillantes de Alfred Hitchcock sino que también podría considerarse la más artística de todas ellas. La interesante historia de intriga que nos cuenta vendría a suponer una más de las muchas que pueblan la filmografía del brillante director inglés, pero el trasfondo de la misma convierte a la obra de 1945 en una de las más diferentes, especiales y mágicas de todas cuantas llegara a realizar tan prolífico director.

El estudio de la psique humana, basándose principlamente en las teorías de Sigmund Freud, se erige como base fundamental en la construcción de la película. "Recuerda" se mueve entre el consciente y el subconsciente, entre lo real y lo onírico, entre aquello que sentimos, que pensamos o que nuestra mente esconde. La bella secuencia que plasma los sueños de un confuso Gregory Peck, que fue creda por el mismísimo Salvador Dalí, son una muestra clara de hasta qué punto puede ser artística esta película.

Un excelente guión, que no dejaba de lado ni por un instante aquella intriga y suspense que tanta fama le habían dado a su director. Brillantes como no podía ser de otro modo Ingrid Bergman y Gregory Peck, pero más brillante aún la tarea en la dirección de un Alfred Hitchcock que con esta película demostraba que su genio no parecía conocer límites.

Místico

miércoles, 18 de febrero de 2009

El romanticismo de un genio llamado Hitchcock

Que una película clásica protagonizada por dos actores de la talla de Cary Grant e Ingrid Bergman tendría que ser buena, resulta casi una obviedad. Si para colmo la misma está dirigida por el maestro Alfred Hitchcock, entonces es posible que ya estemos hablando de una "obra maestra". Esto en principio debería ser así pero, por desgracia, el mago del suspense también tuvo títulos para el olvido y Bergman y Grant no siempre emocionaron en una pantalla de la misma manera. ¿Qué quiero decir con esto? Pues muy sencillo, que "Encadenados" tenía todo a su favor para convertirse en una obra de culto, que tenía muchos ingredientes para ser considerada con los años una obra maestra y que si así lo consiguió (porque ya lo creo que lo hizo) no fue sólo por contar con tres de las personalidades más importantes de aquel momento.

Su guión, uno de esos guiones que raramente se han vuelto a escribir en nuestros tiempos modernos, nos llevaba a una historia de espionaje, intriga, toques de cine negro y emoción en cada página difíciles de igualar. Una película rabiosamente romántica, que emocionaba de un modo no demasiado habitual en una pelicula de este género, una emoción plasmada en los ojos y el alma de una Bergman que nos llegaba tanto como años atrás en su mítica "Casablanca" y en un Grant que una vez más nos mostraba parte de su enorme talento. La pereja convencía, la historia nos llegaba y Hitchcock se apuntaba otro tanto que levantaría un poco más el mito en el que se acabaría conviertiendo.

Místico

lunes, 2 de febrero de 2009

Cuando un personaje es sinónimo de película

Que Billy Wilder era un genio no es algo que en un blog como éste merezca una sola línea de discusión, que obras como ésta engrandecen la historia del cine, tampoco. "El crepúsculo de los Dioses" o "Sunset Boulevard" (como más guste llamarla) es para mí la mejor obra del director austriaco, y eso que son muchas pero que muchas las que merecerían un apartado especial en este blog.

Alejado de sus clásicas comedias, "El crepúsculo de los Dioses" fue una de esas raras obras clásicas que se podrían englobar en diferentes géneros a la vez. Y es que por todos es conocido que en la época dorada de Hollywood si por algo se caracterizaban las películas era por pertenecer con bastante claridad a un determinado género cinematográfico. Las comedias eran comedias, los dramas no podían ser más dramáticos y las películas con altas dosis de suspense carecían de cualquier guiño cómico o exceso de dramatismo. El cine negro estaba perfectamente etiquetado y si hablamos de otros generos como el terror o la ciencia ficción, entonces las límites ya sí que no podían ser más gruesos. "El crepúsculo de los Dioses", sin embargo, tocaba un poco de cada género. Con un excelente guión ganador de un Oscar, una puesta en escena brillante y una Gloria Swanson que inmortalizaría de por vida el personaje de Norma Desmond (interpretado con posterioridad en obras de teatro por actrices como Glenn Close), éste es otro de esos títulos obligados que terminan gustando incluso a los que rechazan el cine clásico. ¿Y es que alguien ve algún clasicismo en "Sunset Boulevard"?. A mí, sinceramente, me cuesta encontrarlo...

Místico

viernes, 30 de enero de 2009

Cuestión de química

¡Qué difícil resulta en ocasiones que dos actores que viven una gran historia de amor resulten convincentes delante de una cámara! Pueden ser los más guapos, los más cotizados, los que más de moda estén en ese momento, que si no hay química entre ellos, si no saltan esas chispas necesarias que no se explica en ningún manual de cine (ni de vida), todo el esfuerzo estará tirado a la basura. En multitud de ocasiones me he encontrado con títulos en los que sus protagonistas podían convencer por solitario, pero en cuanto se les veía juntos, simplemente las cosas no funcionaban. Aún recuerdo el intento fallido de Roger Michell al reunir a Julia Roberts y Hugh Grant en la olvidable "Notting Hill" que demostraba, una vez más, que cuando no existe la química, no hay esfuerzos que valgan (supongo que el efecto contrario fue lo que hizo a "Pretty Woman" alcanzar el éxito que tuvo).

Muchos han sido los casos de actores que parece nacieron para estar juntos (y no sólo me refiero a parejas sentimentales) ¿Alguien por ejemplo se imagina a Stan Laurel sin Oliver Hardy? Pues esto es precisamente lo que me hace traer esta película hoy hasta aquí, porque creo firmemente que es uno de los casos de mayor química que se han dado en la historia del cine.

"Confidencias a medianoche" fue la cinta que reunió por primera vez a Rock Hudson con Doris Day, el primero de los tres títulos que reuniría a ambas estrellas y que valdría para demostrar que existe algo que no se explica con palabras y que es la causa de que un intercambio de miradas simplemente funcione. La divertida historia que nos cuenta esta comedia romántica quizá sea lo de menos (y eso que el guión me parece absolutamente genial). Aquí lo más importante es comprender hasta qué punto puede funcionar esa complicidad entre dos actores cuyos nombres ya irán para siempre unidos en la historia del cine. Más tarde llegarían "Pijama para dos" y "No me mandes flores", pero ésta fue sin duda la mejor de las películas que reunió a la pareja por excelencia del cine de los 60. Y eso que Hudson era homosexual...

Místico

miércoles, 28 de enero de 2009

Imposible borrar del recuerdo


Una película icónica donde las haya. La más famosa de sus escenas ha pasado ya por méritos propios a la historia de un cine en mayúsculas. Y es que resulta casi imposible no pensar en ella (al menos en algún momento de nuestra vida) al descorrer de forma brusca la cortina de cualquier ducha. Lo mismo se podría decir de aquel caserón, aquella tétrica casa que es hoy día, casi 50 años después de ser presentada al gran público, todo un icono para el cine de de terror.

Pero quizá lo más curioso de este título, al menos lo que a mí más me llama la atención, sea que hablar de "Psicosis" es hablar de dos peliculas en una. La genialidad de Alfred Hitchcock le hizo una vez más adelantarse a su tiempo y construyó (no sé si de forma del todo consciente) una película cuya estructura hasta aquel momento era de lo menos habitual. Un título compuesto de dos partes bien diferenciadas que compondrían dos géneros muy pero que muy distintos.

El comienzo de la cinta nos presentaba a una bella ladrona, encarnada por Janet Leigh, que emprendía una larga huida con el dinero que acababa de robar de su empresa y que esperaba solucionara los graves problemas económicos por los que estaba en ese momento atravesando. No hablamos de la presentación de un personaje, hablamos casi de todo el desarrollo completo de una historia que, en muchos aspectos, resulta casi independiente de su continuación. A mediado del metraje, Marion (el personaje que encarna Leigh) para en un viejo motel a descansar y ahí comienza una nueva película. Ahí comienza la tétrica "Psicosis", ahí aparece Norman Bates con su terrorífica ambigüedad, ahí aparace, por primera vez en la cinta, aquel viejo caserón que tanto miedo nos causó. Otras películas posteriores jugaron con aquella dualidad estructural, como "Abierto hasta el amanecer" o incluso "La vida es bella", pero Hitchcock, una vez más, se adelantó a todos ellos.

El miedo llevado al terreno más psicológico, al más absoluto fetichismo en manos de un absoluto genio. El miedo encarnado en un Anthony Perkins que jamás logró desprenderse de este papel. Una película para la historia que resulta imposible borrar del recuerdo.

Místico

lunes, 19 de enero de 2009

El título que hizo a Cary Grant perder la compostura

¡Cuánto tendrían que aprender las comedias de hoy día de este clásico de Frank Capra! Un título que nos dejaba claro que nada mejor que un buen guión para encender una amplia sonrisa y que nos enseñaba también que, si se ponía en las manos adecuadas, Cary Grant podía perder la compostura y resultar incluso divertido (aunque durante muchos años se empeñase en demostrarnos todo lo contrario). Dicen que pocas veces el actor inglés se sintió tan incómodo en un rodaje. Y es que en "Arsénico por compasión", Capra apenas le dio tregua. Acostumbrado a "mantener el tipo" en todos y cada uno de los planos, aquí a su personaje se le pedía justo lo contrario. Nunca hasta la fecha se había visto al mítico actor gesticular de aquel modo, perdiendo esa compostura que tanto le había caracterizado. Todo un logro para Capra, anotándose aquel tanto que quedaría grabado para siempre en la historia del séptimo arte.

Una historia con mucho humor negro que nos presentaba a dos adorables abuelitas (magistrales Josephine Hull y Jean Adair) que escondían un pequeño secreto, el mismo que no tardaría en descubrir su recién casado sobrino, dando con ello lugar a un sinfín de divertidas y esperpénticas situaciones, a cual de ellas más divertida.

Una puesta en escena tan "teatral" que no tardaría en tener su version en las salas de teatro y una muestra más (y en este blog desde luego ya es todo un clásico) de hasta donde podía llegar el talento de Frank Capra.

Místico

domingo, 18 de enero de 2009

El más bello de los diamantes

Los años sesenta han comenzado. Estamos en Nueva York, más concretamente en el escaparate de su joyería por excelencia: Tiffany's. Asomada al mismo se encuentra una figura menuda, una figura que observa las joyas que se atesoran tras él mientras su mente divaga por mundos que sólo ella es capaz de imaginar. Si mirásemos en ese momento sus ojos nos sorprenderían por su brillo, aunque nos costara adivinar si es debido al reflejo de los diamantes que está observando o porque son la manifestación clara de la estrella que guarda dentro.

Esa figura se llama Audrey Kathleen Ruston, aunque en algún momento de su vida tuviese que decir que se llamaba Edda Van Heemstra, para evitar que se destapasen sus orígenes británicos en una Holanda azotada por la Segunda Guerra Mundial, una guerra que marcaría para siempre la vida de esta solitaria figura.

Si por un instante nos dejásemos hipnotizar por su sonrisa, nos costaría imaginar a esta muchacha teniendo que renunciar a su deseo de ser bailarina, porque en aquel momento su familia necesitaba el dinero por encima de la realización de cualquiera de los sueños. Tampoco pensaríamos jamás, observando esa inocente cara reflejada en el escaparate, que esos ojos fueron testigos de varios fusilamientos al poco tiempo de abrirse al mundo. Y es que, ¡cuántos secretos parece guardar esta muchacha! No sería difícil, en cambio, observar su frágil constitución y comprender que aquel cuerpo supo lo que era pasar hambre y sufrir anemia, porque aunque han pasado unos cuantos años ya desde entonces, la silueta que hoy se adivina tras el cristal aún refleja los estragos de la más terrible de todas las guerras. Pero no nos engañemos porque, aunque parezca frágil, aunque por un instante pudiese parecer que esta figura se rompería tan sólo con soplar enérgicamente el viento, esta muchacha es fuerte, tan fuerte como los deseos que siente ahora de lucir uno de esos diamantes en alguno de sus elegantes dedos. Elegante, sí... Creo que no existe palabra que pueda definirla mejor: elegancia innata que venció al hambre, que venció a la guerra, que venció incluso al abandono de su progenitor, que también pudo con el paso del tiempo, que pudo incluso con la muerte... Elegancia, sin duda, elegancia. Ninguna otra palabra podría definirla mejor.

Y sólo ahora, cuando ya conocemos un poco más esta escena, nos asalta la duda de quién estará observando a quién a través del cristal. Quizá sean esos pequeños brillantes los que lucen hoy más bellos que nunca porque están asombrados ante una visión, la de la más grande de todas las joyas que por un momento se detuvo al otro lado del más famoso escaparate de Nueva York.

¡Dedicado a tí, Audrey!

Místico