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viernes, 17 de julio de 2009

Un ejercicio de sobriedad argumental

Asistir a la proyección de "Sin perdón" es presenciar una sobria exposición de sentimientos escondidos, puros y sinceros como pocas veces se han visto en el género de western. Asistir a estas dos horas de metraje supone reencontrarse con un hombre al que pocos conocen, más que quizá él mismo y la mujer a la que amaba. Es comprender que la vida obliga a mantener actitudes que poco se corresponden con lo que los sentimientos marcan. Es ser testigo de que la vida pasa, de que el tiempo cambia las cosas sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo. Es comprender la dureza de un mundo donde no se puede ser débil, porque como años después marcarían los Coen éste "no es país para viejos"...

Hablamos de una película poética, alejada de cualquier estereotipo del género. Aquí los protagonistan fallan cuando disparan, les cuesta subir a un caballo y, lo más importante, sienten remordimientos al matar a un hombre.

"Sin perdón" es un ejercicio de sobriedad argumental, de sobriedad en la imagen e incluso en su sonido (a la muestra su bella banda sonora). Es la enésima demostración del talento de Clint Eastwood tanto delante como detrás de las cámaras y una justa merecedora del Oscar a la mejor película. Es el encuentro de tres pesos pesados (Eastwood, Freeman y Hackman) en un intento por resucitar un viejo género al que consiguió desmitificar y engrandecer a partes iguales.

Místico

miércoles, 1 de julio de 2009

La más acertada de las "road movies"

Aunque hace ya bastante tiempo que vi esta película creo que es de aquellas que han sabido mantenerse en mi memoria a lo largo de los años. Y no es que permanezca en la misma por lo mucho que este título me hiciera reflexionar (que sin duda lo conseguía) ni tampoco por sus brillantes actuaciones o trabajo de realización (que en absoluto resulta mediocre, más bien roza lo brillante). Creo que el motivo de que se mantenga perenne en el recuerdo es porque en más de una ocasión he creído sentir el deseo de hacer lo que en esta cinta hacen sus protagonistas: dejarlo todo y salir corriendo a lomos de un descapotable en busca simplemente de una vida diferente. Cierto es que a nuestras heroínas la historia se les va un poco de las manos y lo que prometía ser una escapada de fin de semana se convierte en una huida desesperada al margen de la ley, pero la actitud inicial que se mostraba en esta cinta se me antoja simplemente genial.

Geena Davis y Susan Sarandon no sólo mostraban en "Thelma y Louise" una química perfecta, sino que justificaban con creces las dos nominaciones al Oscar que recibieron ambas actrices por su trabajo en esta película. Pocos saben que en un pricipio los estudios querían dos nombres más populares, proponiendo los de Meryl Streep y Goldie Hawn (a la postre compañeras en "La muerte os sienta tan bien" de Robert Zemeckis) para encarnar a las protagonistas de esta historia. Y es que...¡cuán diferente hubiese sido esta película con la esposa de Kurt Russell como protagonista de la misma!

Brad Pitt encontraba en "Thelma y Louise" el primer papel importante de su carrera y Ridley Scott confirmaba una vez más lo buen director que podía ser independientemente del género en el que trabajase.

Quizá el único "pero" que le pondría a este título radicara en la imagen tan estereotipada que de ciertos hombres se daba en la misma, pero este hecho se compensaba con creces con un tratamiento cuidado (que no pecaba de excesos) y uno de los mejores finales (duro y desgarrador pero con tremenda fuerza y hasta poético) que ha dado hasta la fecha la historia del cine.

Místico

lunes, 15 de junio de 2009

Tragedia "shakespeariana" a ritmos urbanos

Figura desde hace unos cuantos años en la lista de películas con más premios Oscar de la historia del cine, concretamente diez, sólo por detrás de "Ben Hur", "Titanic" y "El retorno del Rey". "West Side Story", el musical que suponía la adaptación urbana de la obra de Willliam Shakespeare "Romeo y Julieta" y que era narrada en esta ocasión entre bandas callejeras del Nueva York de los años 60, tuvo sin duda muchas puntos a su favor, pero creo firmemente que esta lluvia de premios fue tremendamente exagerada.

Cierto es que muchos de sus números musicales (de puesta en escena intachable) engrandecieron una película que nació para recoger el testigo del exitoso musical de Broadway que llevara el mismo nombre, logrando pasar muchos de ellos no sólo a la historia del cine sino también al subconsciente colectivo de millones de personas. Todo esto es cierto, pero también lo es que si obviamos sus números musicales (y hablando de "West Side Story" esta empresa se antoja cuanto menos complicada) lo que nos queda de ella apenas merece un mayor reconocimiento.

La credibilidad de su historia apenas se sostiene por sí misma. Analicemos para ello un solo ejemplo: "West Side Story" se desarrolla en un solo día, es decir, 24 horas a lo largo de las cuales Natalie Wood y Richard Beymer se conocen y se enamoran. Hasta aquí todo podría ser "normal", pero ¿cómo es posible que la pasión entre ambos alcance cotas tan altas en tan corto espacio de tiempo como para hacer olvidar a la protagonista que horas antes de escapar con su amado, éste acaba de asesinar a su propio hermano?... Creo sinceramente que otras propuestas de la época como "Esplendor en la hierba" o "Rebelde sin causa" conseguían emocionarnos más de un modo bastante más creíble.

Sigo manteniendo que esta película contó con muchos puntos a su favor. Su trabajo actoral apenas mostraba fisuras, así como ciertos momentos de la cinta brillaron con luz propia. Valga de ejemplo la escena en la que ambos protagonistas se conocían. Creo que pocos "flechazos" han sido tan bien llevados al cine como cuando Natalie Wood y Richard Beymer se veían por primera vez en aquella mítica secuencia del baile.

En definitiva, una buena pero desigual cinta (que en su momento rechazó protagonizar Elvis Presley) con unos inmortales números musicales susceptible de ser ligeramente sobrevalorada... al menos desde mi "más modesta opinión", claro.

Místico

martes, 2 de junio de 2009

La brillante adaptación de una excelente novela

Desde muy pequeño me aficioné a las novelas de Agatha Christie. Realmente me fascinaban aquellos relatos ambientados en mansiones victorianas y donde condes, marqueses, mayordomos, doncellas y jardineros se alzaban como protagonistas de unas historias de misterio que llevaban el sello de la escritora británica hasta en el último de sus párrafos. A lo largo de los años muchos fuimos los seguidores incondicionales de estos relatos, los cuales, llegado el momento de ser adaptados al cine, daban como resultado unas producciones absolutamente mediocres. Creo que sólo dos de estos metrajes supieron recoger el brillante clima que la escritora británica impregnaba en cada uno de sus textos. "Asesinato en el Orient Express" fue sin lugar a dudas uno de ellos.

Una película coral plagada de estrellas del cine más clásico entre las que se encontraban nombres de la talla de Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Anthony Perkins, Sean Connery, Vanessa Redgrave o Jacqueline Bisset. Todo un elenco de celebridades envueltas no sólo en unas excelentes interpretaciones (Oscar para Ingrid Bergman) sino en un clima y un tratamiento tan brillantes que supieron recoger la esencia y el misterio propios de la famosa escritora como ninguna producción había conseguido hasta la fecha.

Uno de los mejores finales de todas las novelas de Agatha Christhie engrandecía aún más una cinta que nació para ser grande y que no defraudó en ningún momento a todos los que amábamos aquellas famosas novelas de misterio. Lástima que el resto de adaptaciones no supiesen estar a su altura...

Místico

lunes, 1 de junio de 2009

Falsa belleza

Existe una rosa conocida como "American Beauty" que se cultiva artificialmente con el único fin de mostrar una apariencia perfecta. Con esta misma filosofía Sam Mendes construyó en el año 1999 una obra ganadora del Oscar a la mejor película cuya finalidad se basaba en mostrarnos precisamente eso: la supuesta perfección de una familia americana de clase media cuya excepcionalidad tan sólo se mostraba en su simple apariencia.

Frustraciones, complejos, infidelidades, rechazo de la propia identidad sexual... Muchas cosas que quedaban ocultas bajo una apariencia de familia perfecta y todas ellas tratadas de un modo tan acertado que el resultado final haría las delicias de una grandísima parte de la crítica. Sus personajes se debatían entre su propia liberacíon personal y la imagen que por el contrario querían mostrar de ellos mismos. Una cinta que nos hablaba de la represión, de la soledad y el vacío de la conformidad, de la necesidad de escape ante una vida no deseada. La misma vida que podría ser bella si se enfocara desde una perspectiva diferente, tal y como bella resultaba una simple bolsa de plástico bailando al viento, porque a veces, en lo más sencillo, se encontraba la auténtica belleza.
"American Beauty" representó el primer papel protagonista para un secundario de lujo: Kevin Spacey. Un actor que ya nos había sorprendido anteriormente en títulos como "Seven" o "Sospechosos habituales" y que aquí se alzaría con uno de los cinco Oscar que conseguiría la cinta (el segundo de su carrera).

Recientemente Sam Mendes estrenaría "Revolutionary Road", una excelente película de temática similar a "American Beauty" que sirvió para confirmar algo: que nadie como él entendía mejor qué era aquello de la "falsa belleza"

Místico

lunes, 25 de mayo de 2009

Una película generacional

Hace pocos días, leyendo un artículo en el que se analizaba de un modo bastante acertado la oscarizada cinta de Fernando Trueba "Belle Époque" (imperdonable no recordar de quién), el autor de mencionado texto "de cuyo nombre no puedo acordarme" hablaba de esta cinta como un claro ejemplo de película generacional. Creo haber estado pocas veces tan de acuerdo con alguien como cuando aquel redactor de nombre olvidado afirmaba que "Belle Époque" representó a toda una generación de actores fundamentales en la década de los 90 (algunos de ellos aún imprescindibles). Un título coral que reunía los nombres de Penélope Cruz, Ariadna Gil, Maribel Verdú, Jorge Sanz, Gabino Diego o "Miriam Díaz Aroca" secundados por unos veteranos de auténtico lujo, representantes de otra brillante generación: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Chus Lampreave, Mary Carmen Ramírez o María Galiana.

Una película fresca, amena y divertida de excelente dirección artística que algunos quisieron ver como el "Mujercitas" patrio. Un "Mujercitas" de bandera republicana que echaba la mirada atrás y recordaba, no sin cierta añoranza, el espíritu de una España que pudo ser bella pero que terminaría representando los años previos a una guerra dantesca.

Tan soberbios parecían sus actores (a excepción de una Miriam Díaz Aroca totalmente sobreactuada y un Jorge Sanz que a mí siguió sin convencerme) como ingenioso resultaba su guión. Unos actores que gracias a esta película pisaban por primera vez la alfombra roja de una ceremonia de los Oscar, ceremonia en la que la cinta resultaría premiada como la mejor del año en habla no inglesa. ¿Quién podía anticiparse entonces al significado que en pocos años tendría aquel escenario para Penélope Cruz? Difícil imaginar lo que el destino le tenía guardado a la actriz de Alcobendas. Supongo que en eso consiste el encanto de la vida...

Místico

viernes, 22 de mayo de 2009

Un título entrañable

Creo que la mejor manera de terminar la semana laboral es siempre con una sonrisa (como también deberíamos comenzarla pero eso siempre es más difícil). Por esta razón considero que la película con la que tendría que despedirme esta semana debería ser cuanto menos positiva. Haciendo un repaso rápido a algunos títulos que podrían ser aptos para este empeño, me viene de pronto uno a la cabeza.

Corría el año 1995 cuando se estrenó en todo el mundo "Babe, el cerdito valiente", un curioso título protagonizado casi en su totalidad por animales reales. Un cuento moderno, protagonizado por un pequeño cerdo de altas aspiraciones, que nos presentaba una bonita historia con cierta moraleja cuyo tremendo realismo le llevó a estar nominado al Oscar más importante del año. Aquí los animales hablaban, sentían, sufrían y mostraban una empatía y raciocinio mayor incluso que el de muchos humanos.

Inspirada en la "Rebelión en la granja" de George Orwell, para el rodaje de este título no sólo se usó la técnica del Audio-Animatronics (la cual conseguiría los espectaculares efectos visuales de los que disfrutamos en esta cinta), sino que también se hizo necesaria la utilización de 48 cerditos diferentes para dar vida a Babe, dado el rápido crecimiento que se producía en estos animales.

Un título tan familiar como una visita a Juguetilandia, absolutamente recomendable y apto para terminar la semana, para comenzarla o simplemente para pasar unas horas de buen entretenimiento sin renunciar a la calidad de la propuesta en cuestión.

Místico

jueves, 21 de mayo de 2009

El enfoque más humano del infierno de una guerra

No soy especialmente aficionado al cine bélico pero reconozco que a lo largo de la historia existieron títulos que engrandecieron esta forma de hacer cine. Fue el caso, en el año 1998, de "Salvar al soldado Ryan".

La obra de Steven Spielberg, ganadora de cinco Oscar de la Academia, nos recreaba los horrores de la Segunda Guerra Mundial pero esta vez desde el punto de vista de un grupo de hombres que, por encima de heroicidades y valentías varías se mostraban simplemente como eso: como un grupo de "hombres" inmersos en un infierno del que todos deseaban salir. Un carácter dramático, emotivo pero especialmente humano que conseguía que resultase sencillo identificarse con unos personajes principales capitaneados por un correctísimo Tom Hanks.

Especialmente duros pero absolutamente brillantes resultaron sus minutos iniciales, los cuales recreaban de un modo tremendamente realista aquel cinematográfico momento del desembarco de Normandía. Este espectacular arranque quizá sea lo mejor y más espectacular de todo el fim, pero también es de justicia reconocer que el dramatismo de una historia basada en un caso real acontecido durante la Segunda Guerra Mundial y el correcto tratamiento de toda la cinta a lo largo de sus casi tres horas de duración, conviertieron a "Salvar al Soldado Ryan" no sólo en merecedora de los cinco Oscar que ganó aquel año (entre ellos mejor director), sino en la también más que lógica ganadora de un premio a la mejor película que incomprensiblemente en esa ocasión iría a parar a manos de "Shakespeare in love".

Místico

martes, 12 de mayo de 2009

"La vida es como una caja de bombones"

Fue considerado durante muchos años el alumno aventajado de Steven Spielberg, aquel director que supo como ningún otro captar el espíritu y la esencia del realizador judio en cada uno de los proyectos que llevaba a cabo. Y es posible que sea así, pero yo personalmente considero que las comparaciones resultaban exageradas. Cierto es que Robert Zemeckis entendía como pocos que el cine comercial y la calidad de las propuestas no tenían que ir reñidas en una película, pero de ahí a compararlo con el Rey Midas de Hollywood había algo más que un paso. No obstante una cosa estaba más que clara: Zemeckis tenía (y por supuesto sigue teniendo) mucho pero que mucho talento. Lo demostró en títulos como "Regreso al futuro", "La muerte os sienta tan bien" o "Naufrago", pero posiblemente con ninguno de ellos recibiría el reconocimiento que en el año 1994 consiguió con su inolvidable "Forrest Gump".

Basada en la novela homónima de 1986 (la cual contaba con una secuela que jamás se llegó a rodar para el cine), "Forrest Gump" se presentaba como una cinta de género cómico-dramático cuyas pretensiones iniciales no abarcaban el reconocimiento posterior que más tarde alcanzaría. Una película que ironizaba sobre algunos de los acontecimientos más importantes de la historia de los Estados Unidos, pero siempre enfocados desde el punto de vista de un ser absolutamente especial, alguien que apenas entendía la relevancia que estos acontecimientos tenían, debido principalmente a un cociente intelectual inferior a cualquier media. Un actitud que le llevaría irónicamente a convertirse en todo un héroe impulsor de las masas, en gran parte por esa naturalidad con la que había vivido aquellos importantes capítulos de su extraña vida. Un "perdedor" que se convertía en héroe en una película con un destino ciertamente similar, y es que lo que había nacido como un producto de consumo rápido se terminaría convirtiendo aquel año en la absoluta triunfadora de los premios Oscar.

Las claves de su éxito fueron varias. Por una lado estaba la tierna historia que nos contaba, la cual conseguía con relativa facilidad que acabáramos encariñándonos de un personaje principal que, pese a vivir verdaderas tragedias, parecía no perder nunca la ilusión por aquello que sentía en cada momento. Un ser dotado de una infinita inocencia, así como de una sensibilidad e inteligencia emocional absolutamente opuestas a su capacidad intelectual. Que la cinta fuese protagonizada por un Tom Hanks en estado de gracia (un año después de experimentar aquel espectacular giro en su carrera con la "Philadelphia" de Jonathan Demme), así como por una siempre atractiva Robin Wright (la cual se prodigaba y se sigue prodigando poco) atrajo también a muchos espectadores a las salas. Aspectos técnicos tales como la inclusión de los actores principales en imágenes históricas reales (técnica que posteriormente sería utilizada en otras películas y series para la televisión) también era otro de sus puntos fuertes, pero sin duda el factor clave para entender su éxito fue aquella avalancha de premios Oscar (y sobre todo de nominaciones) con los que la cinta sería reconocida al año siguiente de su estreno en las salas americanas.

Un curiosidad: el debut en esta cinta de un jovencísimo y desconocido Haley Joel Osment (hijo de Forrest) al que aún le faltaban cinco años para encarnar al personaje que le daría para siempre la fama mundial, cuando pasaría a ser más conocido como "el niño de El Sexto Sentido"

Una película que nos enseñaba a reir y a llorar a partes iguales, quizá porque en eso mismo consistía la vida. Y es que como bien decía el propio Forrest al comienzo de este metraje," La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar"... Subrayo sus palabras.

Místico

lunes, 11 de mayo de 2009

Nada más complejo que las relaciones personales

Quizá sea cierto que existieron muchas cosas en esta película que, o bien sobraban, o no estaban totalmente acertadas (la "extraña" banda sonora, la áun más extraña imagen de Barcelona, ese narrador tan absolutamente innecesario...), pero está claro también que ni Woody Allen llega a todo el mundo ni la profundidad de los personajes e historias que cuenta interesan a todo el público. Y es que, pese a las distintas críticas que se lanzaron al respecto, yo una cosa tengo bastante clara: "Vicky Cristina Barcelona" ES Woody Allen.

Si analizamos el metraje formalmente (como otrora podría hacer en la facultad cuando estudiaba cine), la película resultaba impecable. Si hablamos del guión y de los personajes tratados, es de recibo reconocer que resultaban tan interesantes, tan complejos y con tantas y tan diferentes aristas que no dejo de quitarme el sombrero ante un genio tan absolutamente talentoso como éste.

Imprescindible resultaba su versión original, pues aquí los idiomas castellano e inglés se alzaban, al igual que la ciudad de Barcelona, como dos personajes más de la cinta. Una versión original que permitía comprobar la brillantez de sus actores protagonistas, así como valorar en su justa medida el soberbio trabajo de una oscarizada Penélope Cruz, una actriz que brillaba como nadie en la cinta de Allen quizá por contar con el personaje que permitía un mayor lucimiento.

Y es que "Vicky Cristina Barcelona" y el genio de Allen intentaron mostrarnos allá por el año 2008 (de un modo bastante acertado) algunas facetas interesantes de las psiques más humanas, quizá no tan positivas como habríamos deseado pero absolutamente ciertas, porque... ¿quién dijo que la vida, los deseos, las pasiones o las relaciones personales fuesen en algún momento sencillas?

Místico

martes, 5 de mayo de 2009

Sentimentalmente desgarradora

Hablar de "El Paciente Inglés" es hablar de ese sentimiento desgarrador que algunos llaman amor. Hablar de esta película es comprender el sufrimiento que en ocasiones conlleva y la crudeza del mismo cuando ya de antemano se antoja imposible. Es pensar en las pasiones ocultas, en aquellas que no nos atrevemos a exteriorizar pero que nos terminan consumiendo por dentro. Son silencios. Son cada una de las pasiones viscerales que luchan contra un destino adverso pero que están condenadas al fracaso desde el primer momento de su concepción. Decir que "El Paciente Inglés" es una absoluta obra maestra es algo que aporta poco a lo que se ha escrito de ella, que se trata de una de las historias de amor más tristes escrita en muchos años quizá se acerque más a su justa realidad.

Anthony Minghella sorprendió a todo el planeta en 1996 con esta correctísima adaptación de la novela de Michael Ondaatje (otro motivo más para acudir a la Casa del Libro) ganadora de nueve premios Oscar. Una de las fotografías más bellas que nos ha dado el cine de los años 90, una romántica e inolvidable banda sonora y algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años convirtieron a esta película en todo un clásico. Uno de esos títulos cuyo lento ritmo no hace sino intensificar aún más el torrente de sentimientos que nos transmiten todos y cada uno de sus bellos fotogramas. ¡Bravo, Minghella!

Místico

jueves, 30 de abril de 2009

Interpretativamente impecable

La importancia que en un metraje tiene la correcta elección de sus actores protagonistas se antoja absolutamente esencial en cualquier tipo de cinta. Cuando, para más añadidura, la misma es el resultado de adaptar al cine una obra de teatro (como es éste el caso) entonces lo es si cabe aún mucho más. Afortunadamente para Elia Kazan aquí hablábamos de dos intérpretes tocados con la varita mágica de un talento desmedido y gracias a ello la cinta pasó a convertirse en la obra maestra que hoy día es.

"Un tranvía llamado Deseo" es una contienda psicológica entre Marlon Brando y Vivien Leigh, una lucha de titanes totalmente antagónicos en su manera de entender la realidad que les ha tocado vivir. Un cinta de tensos diálogos, de miradas que retan, de frustraciones disfrazadas de aquello que nos hubiese gustado ser, de corazas, de atracción sexual, de violencia, de pérdida de la razón, pero sobre todo de mucho mucho dolor... Un dolor que quedaba reflejado en la frase final que Vivien Leigh le dedicaba al médico que la acompañaba en su ingreso al hospital, la cual resumía perfectamente el sentimiento y la esencia de un personaje completamente roto: "Siempre he dependido de la bondad de los extraños".

La obra de Elia Kazan ganó cuatro Oscar: A la mejor dirección artística y a tres de sus actores. Irónicamente fue Marlon Brando el único que no resultó premiado. Y digo irónicamente porque hoy, 60 años después, aquella imagen del actor de Nebraska vestido con aquella sucia camiseta es casi sinónimo de "cine". Lástima que aquel año a la Academia le tocase hacer justicia con Humphrey Bogart...

Místico

miércoles, 29 de abril de 2009

La apuesta más poética de Alejandro Amenábar

De espectacular se podría clasificar el giro que experimentó la carrera del director Alejandro Amenábar con este título del año 2004. Asociado al género fantástico y de suspense (no hay que olvidar que uno de sus grandes referentes fue siempre Alfred Hitchcock), Alejandro emprendía con este metraje una incursión en un género desconocido hasta la fecha por él: el género dramático. Para ello no sólo volvía a contar con Mateo Gil en labores de ayudante de guión, sino que fichaba a uno de los grandes de nuestro cine (Javier Bardem) y le confiaba al mismo la mayor parte del peso de la cinta.

El actor mostraba con este título gran parte de su consabido talento interpretando de un modo absolutamente convincente un personaje de extremísima dureza, una dificultad que no sólo era fruto de la situación que el mismo vivía, sino especialmente porque se trataba de un personaje real al que se debían rendir los máximos respetos. Bardem aprobó el reto con nota, como casi la totalidad de un reparto que en la noche de los Goya coparon la totalidad de los premios interpretativos. Quizá falló su partenaire, una "simplemente correcta" Belén Rueda redescubierta para el cine y que encarnaba aquí a otro de los personajes más complejos del metraje (fruto de la unión de varios personajes reales).

Una cinta multipremiada, ganadora del Oscar de Hollywood, que batió records en los premios Goya (catorce). Soberbia como no podía ser de otro modo la realización, más teniendo en cuenta lo delicado y polémico del tema que aquí se trataba; poético a rabiar aquel viaje que el alma y la mente de Bardem iniciaban en una ventana y finalizaban en aquella romántica playa; bellísima la banda sonora de melodías gallegas compuesta por el propio Amenábar y más bellos si caben aquellos versos con los que finalizaba la cinta sabiamente extraídos de las "Cartas desde el infierno" de Ramón Sampedro. Sin duda el mejor punto y final para un post como éste:

"Mar adentro,
mar adentro.



Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.


Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.


El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.


Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
'más adentro', 'más adentro'
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.


Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos."


Ramon Sampedro


Místico

martes, 28 de abril de 2009

"Anoche soñé que volvía a Manderley"

Pocas veces un personaje ha tenido tanto peso en una película sin tan siquiera aparecer en ella. En 1940 Alfred Hitchcock presentaba al mundo "Rebeca", una inquietante cinta (la primera de la larga lista que rodaría en tierras americanas) que marcaría un importante punto de inflexión en la mítica carrera del director ingles. "Rebeca" llevaba el sello del director británico hasta en el último de sus fotogramas, una historia de intriga y suspense que nos presentaba a una mujer (Joan Fontaine) que tenía que vivir en una mansión bajo el peso de un solo nombre: Rebeca, la primera esposa del hombre con el que acaba de contraer matrimonio. Un peso que se magnificaba más si cabe a través de dos elementos clave en su tremenda angustia: aquella fantasmal mansión conocida bajo el nombre de "Manderley" y un personaje absolutamente inquietante: la oscura ama de llaves encarnada por Judith Anderson.

La presión que el personaje de Rebeca ejercía en la protagonista se hacía aún más clara si tenemos en cuenta que, ni en esta película ni en el libro en el que se basaba, se pronunciaba en ningún momento el nombre de la misma. Un peso similar al que la película tendría en nuestro país. Prueba de ello fue, por ejemplo, que el nombre "Rebeca" pasó a utilizarse para denominar al tipo de chaqueta que la protagonista lucía a lo largo del metraje.

Un película ganadora de dos Oscar (mejor película incuída) que, pese a su final sorprendente, considero perdía cierta fuerza según avanzaba en su metraje. Aún así, y aunque sólo sea por su buen arranque, "Rebeca" es ya todo un clásico merecedor de todos los honores.

Marcho a comprar a Levis-Store. Buena tarde a todos.

Místico

viernes, 24 de abril de 2009

Una extraña "conducta infantil"

Sólo en contadas ocasiones un actor es nominado a un Oscar por una película como ésta. Cuando en 1988 Tom Hanks, rompiendo cualquier estadística, conseguía que la academia valorase el trabajo que llevaba a cabo en "Big" (un título que a priori poco o nada tenía que hacer en una ceremonia tan enfocada a otro tipo de metrajes) muchos quisimos apostar por el triunfo en la gala del actor californiano. Y se consiguió la nominación (que no el Oscar) porque "Big" era algo más que una comedia simplona. Un tierna y emotiva historia mágica donde sueños infantiles y realidades adultas se entremezclaban dando lugar a un explosivo cóctel de situaciones ciertamente divertidas. Un Hanks que parecía haber nacido para papeles como éste (faltaba aún algunos años para el espectacular giro que daría su carrera) y algunos momentos inolvidables (simplemente fantástico el baile sobre el piano) que formaron un bello conjunto imborrable con el paso del tiempo.

Curiosa también resultaba la historia de "amor" vivida entre el personaje de Hanks y el que interpretara en esta película Elizabeth Perkins. Y es que historias de "amores imposibles" en el cine ha habido muchas, pero tanto como ésta, desde luego que muy pocas.

Místico

miércoles, 15 de abril de 2009

Un ejercicio de concienciación social

Creo firmemente que existen películas que llegaron al público en un momento totalmente acertado, en el momento en el que era necesario hacerlo, bien para concienciar a la opinión pública de algunos temas importantes, bien para eliminar algunos fantasmas que tristemente aún convivían entre nosotros.

Cuando en 1993 Jonathan Demme nos presentaba a un "desconocido" Tom Hanks en una cinta llamada "Philadelphia", muchos eran los fantasmas que en torno al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida se alojaban aún en nuestro subconsciente colectivo. El SIDA era (pese al enorme número de campañas de concienciación) una enfermedad maldita, una lacra social que obligaba a los que la padecían a permanecer aislados del resto de la sociedad, una marginación que en nada ayudaba a su correcto tratamiento. Los miedos infundados al posible contagio eran tales que SIDA era casi sinónimo de peste. 16 años después, las cosas afortunadamente han cambiado. Está claro que el mérito no es sólo de esta película, pero es de recibo reconocer que "Philadelphia" supo poner una de las primeras piedras en la construcción de ese edificio de tolerancia con la enfermedad de la que hoy debemos sentirnos orgullosos.

Quizá este hecho fuese el que conviertiese a "Philadelphia" en la referencia que para el cine hoy día es, pero también supuso el punto de inflexión en la carrera de un actor llamado Tom Hanks que hasta aquel momento había estado ligado a títulos de comedia. Con "Philadelphia" Hanks emprendía una nueva etapa profesional en la que demostraba también su valía para el género dramático, una apuesta que no sólo le valía el Oscar aquel año, sino también el poder repetirlo en el siguiente (hecho que sólo Spencer Tracy había logrado 50 años antes).

"Philadelphia" también supuso la confirmación de lo que Antonio Banderas estaba logrando en tierras americanas, encarnando a un personaje (pareja de Hanks) que el actor malagueño lamentó fue recortado en gran medida ya en la sala de montaje (escenas de sexo incluidas).

¿Y qué puedo decir de la famosa canción de Bruce Springsteen que acompañó para siempre a esta cinta? Pues que más de tres lustros después me reencontré con ella "paseando" por la Fnac y volvió a ponerme los pelos de punta. ¡Gracias, Bruce!

Místico

miércoles, 25 de marzo de 2009

El claro ejemplo de cine catastrofista

En el año 2006 se estrenó el remake de esta película, una nueva versión en la que cambiaban los personajes pero no la historia. Más de tres décadas separaron ambos títulos y todo una evolución la que sufrieron en ese tiempo los llamados efectos especiales, que valieron para que "Poseidón", el remake de la película de la que hoy hablo, resultase cuanto menos una apuesta entretenida. El fuerte ritmo que se imprimió a esta segunda cinta, el cual no permitía un segundo de descanso entre secuencia y secuencia, quizá tuvo algo que ver en todo ello...

Sin embargo, y pese a que su remake tampoco desprestigiaba en gran medida al original, la película de 1972 titulada "La aventura del Poseidón" era simplemente irrepetible (no en vano su revisión contaba con distintos personajes).

Claro ejemplo del cine catastrofista de los años 70 ("El coloso en llamas", "Terremoto"...), esta película protagonizada por Gene Hackman no sólo poseía unos efectos especiales soberbios para la época de la que hablamos, sino que además, disponía de un conjunto de personajes tan interesante que uno sentía cada pérdida como casi propia. Un buen ritmo, donde escenas de alta intensidad se combinaban con otras mucho más sosegadas (clara diferencia con el remake), una buena dirección artística (algunas de sus secuencias se rodaron a bordo del RMS Queen Mary), un trabajo actoral convincente y un momento para el recuerdo (el de la inversión del barco) hicieron de esta película todo un clásico en el cine de su década.

La cinta ganó dos Oscar: por sus efectos especiales y por su canción ("The Morning After"). Toda una oportunidad para reencontrarse con ese cine catastrofista de los años 70 que tanto se popularizó en aquella década.

Hasta aquí el repaso cinematográfico de hoy. Marcho a comer a un Foster's Hollywood. Buena tarde a todos.

Místico

miércoles, 18 de marzo de 2009

La vuelta de un viejo género

El musical es sin duda uno de los géneros más "especiales" de todos cuantos componen el arte del cine. No son excesivamente habituales en nuestros días, por lo que el efecto de visionar alguno de ellos se hace algo extraño para aquel que no está excesivamente acostumbrado al cine clásico. El "interrumpir" una historia para cantar una canción o marcarse unos números de baile puede resultar incluso incómodo para el profano en este género. Sin embargo, en determinadas ocasiones, surgen largometrajes como éste cuyos numeros musicales no sólo están plenamente justificados, sino que además hacen avanzar la historia, la continúan...

"Chicago", la película de Rob Marshall ganadora del Oscar en 2002, es un buen ejemplo de esto último. Un musical "necesario" cuya entretenida trama continúa en cada uno de sus números musicales. Un buen ritmo para una buena película que supuso el espaldarazo definitivo para Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones (a esta última de hecho le valió el Oscar) y el relanzamiento de un Richard Gere que llevaba ciertamente anquilosado desde su inolvidable "Pretty Woman".

La cinta, que se hizo con seis de los 13 Oscar a los que aspiraba (entre ellos el de mejor película) ironizaba sobre la frivolidad de la fama y de los medios de comunicación, de una fama a la que resultaba muy sencillo llegar (tan sencillo como matando a un hombre) y de unos medios sensacionalistas que olvidaban a sus estrellas con la misma rapidez que las encumbraban, conviertiéndolas de este modo en verdaderas víctimas de su propia soberbia y ambición. Un musical con ciertos toques de humor negro totalmente recomendable incluso para aquellos no demasiado acostumbrados a este género.

Místico

miércoles, 4 de marzo de 2009

El justo reconocimiento a la figura de un héroe

Grandes producciones en la historia del cine ha habido muchas. Producciones épicas que invirtieron una gran cantidad de dinero en un despliegue de medios tal que resultaba difícil no sucumbir al encanto de los mismos. Estamos hablando de grandes proyectos que en la mayoría de los casos triunfaron en las taquillas (cines como el Kinépolis podrían dar buena fe de ello) pero que en muchas ocasiones dejaron de lado algo fundamental en cualquier metraje que se precie: la historia que nos contaban.

"Braveheart", el título que nos presentaba Mel Gibson allá por el año 1995 y que conseguía el Oscar a la mejor película esa misma edición, se caracterizaba por todo lo contrario. La historia que aquí se nos narraba nos aproximaba a un personaje real con espíritu de héroe cuya vida resultaba tan fascinante que no era nada difícil sucumbir a la misma.

Es de recibo reconocer la brillate tarea de Gibson en la dirección (pese a ser un personaje al que no guardo en ninguna estima) y la calidad técnica de una película cuya fotografía, dirección artística y ambientación la convirtieron en digna triunfadora de los Oscar de aquel año (y eso que sigo sin entender aún muy bien el por qué de la estatuilla al mejor maquillaje). Una calidad técnica que no desmerecía ante ciertos errores propios de películas como ésta, vease alguna que otra furgoneta en la lejanía de un plano o a varios extras en una actitud ciertamente chocante durante el transcurso de alguna batalla.

Lo que está claro es que la fuerza de "Braveheart" radica en William Wallace, lider nato y auténtico héroe que llevó a Escocia hacia una libertad que en su caso le costaría su propia vida. Los instantes finales de la cinta, pese a su fuerte dramatismo, se suavizaron bastante en este metraje. Y es que los últimos minutos en la vida de William Wallace fueron si cabe aún mucho más terroríficos y desgarradores de lo que Mel Gibson nos mostró en la, hasta la fecha, mejor de sus películas.

Místico

viernes, 27 de febrero de 2009

El absoluto e irracional miedo a lo desconocido

Son muchas las leyendas que circulan en torno a esta cinta. Quizá cuando se trata un tema tan delicado como éste y más aún cuando una película como ésta se estrena en la época que lo hizo ella, sólo es necesario añadir la imaginación de un público no acostumbrado a este tipo de historias para conseguir un resultado ciertamente sorprendente. Y es que en 1973, cuando se estrenó "El exorcista", se dice que muchos tuvieron que abandonar incluso la sala de proyección, asustados ante las imágenes que nos proponía un valiente William Friedkin. Hoy día todo se ve distinto, claro está, pero el cine no se puede entender sin el contexto en el que nacieron cada una de sus películas y es de recibo reconocer que "El exorcista" fue valiente como pocas.

Y es que aún hoy esta cinta sigue dándonos miedo... Acostumbrados ya a ver vísceras, sangre y asesinos en serie con máscaras de piel humana como el que contempla una paloma posada sobre un tejado, este título sigue dándonos miedo como pocos. ¿Los motivos? Quizá sean muchos, pero me quedo con el temor de nuestro subconsciente hacia esa parte desconocida de nuestra realidad, hacia la vulnerabilidad de nuestro cuerpo y de nuestra mente ante algunos agentes externos, ya sea una enfermedad física o mental o una entidad desconocida que invade nuestro cuerpo. Si a esto añadimos que la víctima de aquel "mal en estado puro" era una niña de rostro angelical (interpretada por una Linda Blair que jamás consiguió desprenderse de este personaje), entonces el resultado se antoja aún más sobrecogedor. Una vez escuché que en determinadas secuencias se insertaron fotogramas de calaveras para añadir un miedo subliminal a las ya de por sí terroríficas imágenes. Esto es algo que no he podido comprobar, por lo que me abstengo de opinar al respecto.

La magistralidad con la que están tratadas cada una de sus secuencias, con ese ritmo de intensidad creciente, acompañado de unas buenas interpretaciones y una brillante puesta en escena, hicieron de este metraje una referencia en el cine de terror. Su banda sonora (mundialmente conocida), así como su fotografía fueron otras de sus grandes bazas.

Entre sus infinitas curiosidades, me llama personalmente la atención que el personaje de Chris McNeil (interpretado por una sufrida Ellen Burstyn) fuese ofrecido en una primera instancia a Audrey Hepburn, pero la exigencia de ésta de que el rodaje se llevase a cabo en Roma hizo que se descartase a la protagonista de "Desayuno con diamantes" para el papel, dado el alto coste de la exigencia. Un personaje que también fue ofrecido a Jane Fonda, la cual lo descartó por considerar la historia demasiado fuerte para ella.

Una película que cosechó nada menos que diez nominaciones a los Oscar (aunque sólo se hiciese con el de mejor guión adaptado y mejor sonido) y que se alzó como ganadora de los Globos de Oro a la mejor película, al mejor director, al mejor guión y a la mejor actriz de reparto. Una absoluta referencia en el cine de los años 70.

Místico