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martes, 2 de junio de 2009

La brillante adaptación de una excelente novela

Desde muy pequeño me aficioné a las novelas de Agatha Christie. Realmente me fascinaban aquellos relatos ambientados en mansiones victorianas y donde condes, marqueses, mayordomos, doncellas y jardineros se alzaban como protagonistas de unas historias de misterio que llevaban el sello de la escritora británica hasta en el último de sus párrafos. A lo largo de los años muchos fuimos los seguidores incondicionales de estos relatos, los cuales, llegado el momento de ser adaptados al cine, daban como resultado unas producciones absolutamente mediocres. Creo que sólo dos de estos metrajes supieron recoger el brillante clima que la escritora británica impregnaba en cada uno de sus textos. "Asesinato en el Orient Express" fue sin lugar a dudas uno de ellos.

Una película coral plagada de estrellas del cine más clásico entre las que se encontraban nombres de la talla de Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Anthony Perkins, Sean Connery, Vanessa Redgrave o Jacqueline Bisset. Todo un elenco de celebridades envueltas no sólo en unas excelentes interpretaciones (Oscar para Ingrid Bergman) sino en un clima y un tratamiento tan brillantes que supieron recoger la esencia y el misterio propios de la famosa escritora como ninguna producción había conseguido hasta la fecha.

Uno de los mejores finales de todas las novelas de Agatha Christhie engrandecía aún más una cinta que nació para ser grande y que no defraudó en ningún momento a todos los que amábamos aquellas famosas novelas de misterio. Lástima que el resto de adaptaciones no supiesen estar a su altura...

Místico

miércoles, 17 de diciembre de 2008

"¿Qué regalarías a un hombre que lo tiene todo?"

Dos años antes, David Fincher había sorprendido a propios y extraños con un título que marcaría para siempre toda su trayectoria: "Seven". Ahora, en 1997, presentaba el que era su nuevo proyecto. Esta vez con Michael Douglas de protagonista y tocando un género que, pese a ser similar al del último de sus títulos, no podía ser más diferente. Su nombre: "The game".

Estaba claro que ésta era una película destinada a triunfar en la taquilla de todo el mundo. El primer motivo, por estar aún tan reciente el impacto de "Seven", pero también de un modo claro por contar con una gran estrella en su reparto, así como por corresponderse con uno de los géneros favoritos del público (mucho más patente aún en aquellos años).

El nuevo trabajo del director no nos dejó del todo insatisfechos. Sin alcanzar las cotas de magistralidad de su anterior trabajo, Fincher nos volvía a demostrar una vez más que sabía cómo crear tensión en un metraje, manteniendo la atención del espectador ante todo lo que sucedia en la pantalla. Quizá falló Douglas (el que escribe no le tiene en gran estima). Cualquier otro actor, aunque no hubiese sido tan conocido, habría aportado más convencimiento a una historia ya interesante de por sí, aunque sí reconozco que la química con su compañera de reparto resultaba innegable.

Sus giros argumentales y un Sean Penn una vez más impecable consiguieron que esta atractiva historia cobrase el peso necesario para que, once años después de su estreno, se siga recordando (al menos para mí) como uno de los mejores trabajos de Fincher.

Místico