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jueves, 14 de mayo de 2009

La magia onírica de un cuento inolvidable

Siguiendo con la estela de películas mágicas (uno que en estos días está especialmente sensible... será la primavera) no puedo evitar acordarme de ésta. En el año 1998, el director Vincent Ward nos presentaba "Más allá de los sueños", una película protagonizada por Robin Williams y Annabella Sciorra que he de reconocer me sorprendió gratamente.

Quizá su punto fuerte, su absoluta baza maestra, fuese la espectacularidad de los mágicos decorados y efectos especiales que pudimos contemplar a lo largo del metraje. Es posible que por esta razón la película aún sea conocida y recordada, pero creo firmemente que la bella historia que Ward nos contó, basada en la novela del escritor Richard Matheson y que suponía una bella adaptación contemporánea del mito de Orfeo y Eurídice, ayudó muchísimo a un resultado final absolutamente satisfactorio.

Una película que nos hacía soñar, que mostraba un aura difícilmente comparable con títulos similares y que en muchos momentos resultaba tan poética que incluso cuando nos narraba verdaderas tragedias creíamos estar asistiendo a la lectura de un bonito cuento. Y es que en definitiva "Más allá de los sueños" tenía alma, tenía fuerza e, indudablemente, se trataba de una película mágica que conseguía lo que pocas hasta ese momento, dar un paso al frente y mostrarnos lo que otras como "Ghost" aún escondían: el conocer qué es lo que había tras aquel halo de luz en el que Patrick Swayze se sumergía al final de la película.

Místico

jueves, 22 de enero de 2009

"La película que verás en más de una ocasión"

Esta rotunda frase acompañaba en 1990 la campaña de promoción de un título para el recuerdo: "Ghost". "La película que verás en más de una ocasión"... ¡Cuánta razón tenía! He perdido ya la cuenta del número de veces que he podido ver este título y creo no tener aún muy claro qué es lo que más me gusta del mismo. Unos actores (Patrick Swayze y Demi Moore) cuya química sobrepasaba la pantalla, una historia emotiva como pocas y esperanzadora como ninguna, una trama próxima al thriller pero con constantes guiños a la comedia (materializados en todas y cada una de las apariciones de una Whoppi Goldberg que jamás en su carrera estuvo tan brillante como aquí) y una historia de amor que incluso a los que nos resistimos a ellas nos conquistaría para siempre.

Y cómo no hablar de su banda sonora y, especialmente, de esa canción de la década de los 50 ("Unchained Melody") que esta película, más de 30 años después de ser compuesta, lanzó a cotas de máxima popularidad.

Hace unos años tuve el privilegio de ver con mis propios ojos algunos de los escenarios neoyorkinos en los que se rodó este título (callejón del asesinato incluido) y sin duda alguna fue algo que guardaré en el archivo de mi recuerdo de un modo muy especial, en el mismo rincón en el que se guardan las buenas películas o, al menos como ésta, las que supieron llegar a lo más profundo del corazón.

Místico