jueves, 30 de abril de 2009

Interpretativamente impecable

La importancia que en un metraje tiene la correcta elección de sus actores protagonistas se antoja absolutamente esencial en cualquier tipo de cinta. Cuando, para más añadidura, la misma es el resultado de adaptar al cine una obra de teatro (como es éste el caso) entonces lo es si cabe aún mucho más. Afortunadamente para Elia Kazan aquí hablábamos de dos intérpretes tocados con la varita mágica de un talento desmedido y gracias a ello la cinta pasó a convertirse en la obra maestra que hoy día es.

"Un tranvía llamado Deseo" es una contienda psicológica entre Marlon Brando y Vivien Leigh, una lucha de titanes totalmente antagónicos en su manera de entender la realidad que les ha tocado vivir. Un cinta de tensos diálogos, de miradas que retan, de frustraciones disfrazadas de aquello que nos hubiese gustado ser, de corazas, de atracción sexual, de violencia, de pérdida de la razón, pero sobre todo de mucho mucho dolor... Un dolor que quedaba reflejado en la frase final que Vivien Leigh le dedicaba al médico que la acompañaba en su ingreso al hospital, la cual resumía perfectamente el sentimiento y la esencia de un personaje completamente roto: "Siempre he dependido de la bondad de los extraños".

La obra de Elia Kazan ganó cuatro Oscar: A la mejor dirección artística y a tres de sus actores. Irónicamente fue Marlon Brando el único que no resultó premiado. Y digo irónicamente porque hoy, 60 años después, aquella imagen del actor de Nebraska vestido con aquella sucia camiseta es casi sinónimo de "cine". Lástima que aquel año a la Academia le tocase hacer justicia con Humphrey Bogart...

Místico

miércoles, 29 de abril de 2009

La apuesta más poética de Alejandro Amenábar

De espectacular se podría clasificar el giro que experimentó la carrera del director Alejandro Amenábar con este título del año 2004. Asociado al género fantástico y de suspense (no hay que olvidar que uno de sus grandes referentes fue siempre Alfred Hitchcock), Alejandro emprendía con este metraje una incursión en un género desconocido hasta la fecha por él: el género dramático. Para ello no sólo volvía a contar con Mateo Gil en labores de ayudante de guión, sino que fichaba a uno de los grandes de nuestro cine (Javier Bardem) y le confiaba al mismo la mayor parte del peso de la cinta.

El actor mostraba con este título gran parte de su consabido talento interpretando de un modo absolutamente convincente un personaje de extremísima dureza, una dificultad que no sólo era fruto de la situación que el mismo vivía, sino especialmente porque se trataba de un personaje real al que se debían rendir los máximos respetos. Bardem aprobó el reto con nota, como casi la totalidad de un reparto que en la noche de los Goya coparon la totalidad de los premios interpretativos. Quizá falló su partenaire, una "simplemente correcta" Belén Rueda redescubierta para el cine y que encarnaba aquí a otro de los personajes más complejos del metraje (fruto de la unión de varios personajes reales).

Una cinta multipremiada, ganadora del Oscar de Hollywood, que batió records en los premios Goya (catorce). Soberbia como no podía ser de otro modo la realización, más teniendo en cuenta lo delicado y polémico del tema que aquí se trataba; poético a rabiar aquel viaje que el alma y la mente de Bardem iniciaban en una ventana y finalizaban en aquella romántica playa; bellísima la banda sonora de melodías gallegas compuesta por el propio Amenábar y más bellos si caben aquellos versos con los que finalizaba la cinta sabiamente extraídos de las "Cartas desde el infierno" de Ramón Sampedro. Sin duda el mejor punto y final para un post como éste:

"Mar adentro,
mar adentro.



Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.


Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.


El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.


Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
'más adentro', 'más adentro'
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.


Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos."


Ramon Sampedro


Místico

martes, 28 de abril de 2009

"Anoche soñé que volvía a Manderley"

Pocas veces un personaje ha tenido tanto peso en una película sin tan siquiera aparecer en ella. En 1940 Alfred Hitchcock presentaba al mundo "Rebeca", una inquietante cinta (la primera de la larga lista que rodaría en tierras americanas) que marcaría un importante punto de inflexión en la mítica carrera del director ingles. "Rebeca" llevaba el sello del director británico hasta en el último de sus fotogramas, una historia de intriga y suspense que nos presentaba a una mujer (Joan Fontaine) que tenía que vivir en una mansión bajo el peso de un solo nombre: Rebeca, la primera esposa del hombre con el que acaba de contraer matrimonio. Un peso que se magnificaba más si cabe a través de dos elementos clave en su tremenda angustia: aquella fantasmal mansión conocida bajo el nombre de "Manderley" y un personaje absolutamente inquietante: la oscura ama de llaves encarnada por Judith Anderson.

La presión que el personaje de Rebeca ejercía en la protagonista se hacía aún más clara si tenemos en cuenta que, ni en esta película ni en el libro en el que se basaba, se pronunciaba en ningún momento el nombre de la misma. Un peso similar al que la película tendría en nuestro país. Prueba de ello fue, por ejemplo, que el nombre "Rebeca" pasó a utilizarse para denominar al tipo de chaqueta que la protagonista lucía a lo largo del metraje.

Un película ganadora de dos Oscar (mejor película incuída) que, pese a su final sorprendente, considero perdía cierta fuerza según avanzaba en su metraje. Aún así, y aunque sólo sea por su buen arranque, "Rebeca" es ya todo un clásico merecedor de todos los honores.

Marcho a comprar a Levis-Store. Buena tarde a todos.

Místico

lunes, 27 de abril de 2009

Cuando el amor se convierte en pesadilla

Cuando se cuenta una historia en la que el maltrato de género se convierte en la clave argumental de la misma, ésta se puede plantear de varias formas distintas. Quizá la más compleja de todas, la más polémica y atrevida (pero posiblemente la más acertada) sea la que Icíar Bollaín utilizó, allá por el año 2003, en "Te doy mis ojos". Una cinta que iba más allá de los actos en sí, que profundizaba en la psique de cada uno de los personajes y que, lejos de buscar culpables, indagaba en las causas que existían tras una conducta tan absolutamente desgarradora. Aquí no había "buenos" ni "malos", aquí se entendía que en situaciones como ésta tanto maltratado como maltratador son auténticas víctimas de una dependencia mutua absolutamente destructiva.

Un título que no sólo se centraba en sus protagonistas, sino que investigaba el papel que desempeñaban todos aquellos que rodeaban a la trágica pareja. En palabras de su propia directora: "Te doy mis ojos" habla también de una madre que consiente, una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade, con su esplendor artísitico y su peso histórico y religioso, una dimensión más a esta historia de amor, miedo y poder.

Todo un ejercicio de maestría argumental que no pasó indiferente a los miembros de la Academía (ganadora de siete premios Goya, incluyendo mejor película). Una Laia Marull y un Luis Tosar absolutamente convincentes en una obra que huía del dramatismo fácil y que demostraba que el talento de su directora no se limitaba a terrenos puramente interpretativos.

Místico

viernes, 24 de abril de 2009

Una extraña "conducta infantil"

Sólo en contadas ocasiones un actor es nominado a un Oscar por una película como ésta. Cuando en 1988 Tom Hanks, rompiendo cualquier estadística, conseguía que la academia valorase el trabajo que llevaba a cabo en "Big" (un título que a priori poco o nada tenía que hacer en una ceremonia tan enfocada a otro tipo de metrajes) muchos quisimos apostar por el triunfo en la gala del actor californiano. Y se consiguió la nominación (que no el Oscar) porque "Big" era algo más que una comedia simplona. Un tierna y emotiva historia mágica donde sueños infantiles y realidades adultas se entremezclaban dando lugar a un explosivo cóctel de situaciones ciertamente divertidas. Un Hanks que parecía haber nacido para papeles como éste (faltaba aún algunos años para el espectacular giro que daría su carrera) y algunos momentos inolvidables (simplemente fantástico el baile sobre el piano) que formaron un bello conjunto imborrable con el paso del tiempo.

Curiosa también resultaba la historia de "amor" vivida entre el personaje de Hanks y el que interpretara en esta película Elizabeth Perkins. Y es que historias de "amores imposibles" en el cine ha habido muchas, pero tanto como ésta, desde luego que muy pocas.

Místico

jueves, 23 de abril de 2009

Algo más que una película polémica

Que esta película resultó polémica está claro. Que hoy, casi 20 años después de su estreno, sigue suscitando cierto interés morboso, también. Fueron muchos los factores que influyeron en el éxito de "Instinto Básico". El hecho, por ejemplo, de que ciertos sectores de la población se sintiesen ofendidos con el tratamiento de la película (fue el caso de las protestas de asociaciones de lesbianas por la forma en la que estaba construido el personaje de Sharon Stone) no hizo más que impulsar el interés de la cinta en todo el planeta. Sexo y violencia a partes iguales bajo un clima de intriga detectivesca que tuvo que ser cortado hasta cuarenta veces por parte de su director (Paul Verhoeven) para no obtener en Estados Unidos la calificación de película pornográfica.

Sharon Stone encontró en "Instinto Básico" el trampolín perfecto para alzarse como icono erótico de la década de los 90, tras unos comienzos bastante mediocres (¿Es necesario hablar de "Sangre y Arena"?) y Michael Douglas demostraba que a sus 48 añós aún podía encarnar un personaje de alta carga sexual y seguir resultando convincente (su famosa adición también le tuvo que ayudar a ello).

Un excelente clima de intriga el que se conseguía a lo largo de toda la cinta y un personaje (el de la novelista Catherine Tramell) tan misteriosamente frío (inspirado hasta en su vestuario en la Kim Novak de "Vértigo") que supo ganarse su hueco en la historia.

La famosa escena del interrogatorio (con cruce de piernas incluido) ha sido explotado ya hasta la saciedad, del mismo modo que su final abierto levanta aún hoy debates entre los cinéfilos más inquietos. Y es que lo que está claro es que "Instinto básico", sin llegar a ser una obra maestra, fue algo más que una película polémica.

Místico

miércoles, 22 de abril de 2009

Un bello retorno a la infancia

Pocas veces un cuento de hadas ha sido llevado al cine con tanto acierto como cuando en 1987 Rob Reiner adaptó este libro de William Goldman. Y lo hizo además dándole un toque cómico y desenfadado que no violaba en ningún momento las pautas que toda buena historia de príncipes y princesas debía respetar. Aquí los malos son muy malos, los buenos muy buenos y los acontecimientos se desarrollan tal y como tienen que desarrollarse.

Los personajes tan absolutamente estereotipados que encontramos en la cinta podrían resultar molestos en cualquier otro tipo de narración, pero aquí no hacen más que engrandecer una historia de aventuras que nos engancha desde el primer momento. Y no lo son porque "La princesa prometida" es equiparable al cuento que nos narraban cuando éramos niños, a esa bella historia de amor y aventuras que nos hacía soñar, tan previsible como aquel cuento que nos leían varias veces, pero que no por ello nos dejaba de gustar (a la vista estaba la reacción del joven Fred Savage cuando su abuelo amagaba abandonar su lectura).

Una bella historia de aventuras que supuso la presentación para la gran pantalla de una jovencísima Robin Wright, la cual hasta la fecha tan sólo era conocida por interpretar a uno de los personajes principales de la mítica serie "Santa Bárbara". Toda una apuesta la que Wright hizo con este título por lo qué veinte años después aún sigue siendo recordada.

Místico

martes, 21 de abril de 2009

El post número 100

Tras cinco meses de vida "Plano medio" está de celebración. Y es que el de hoy es el post número 100 del que ya se ha alzado como el más personal de cuantos blogs ha elaborado alguna vez este cinéfilo místico. Cien posts que han servido para repasar los que posiblemente sean los títulos y actores más significativos de cuantos pudieron acompañarme en esta vida, desde aquel dorado cine clásico a los estrenos más recientes (algunos cuya antiguedad apenas alcanzaba los dos años). Una lectura absolutamente personal de cada una de esas películas que marcaron una trayectoria irremediablemente ligada al cine.

Desde aquí agradecer la fidelidad mostrada por algunos de los lectores pero, especialmente, dar las gracias a cada una de esas cintas que, al menos durante unos minutos, pudimos juntos repasar, valorar y, yo especialmente, amar como a pocas cosas en la vida.

Místico

lunes, 20 de abril de 2009

Cuando un buen actor salva toda una película

Su guión parecía sacado de un film para la televisión, para uno de esos pases de sobremesa "basados en hechos reales" que tanto gustaban (y en el fondo siguen gustando) a una parte de nuestra población. Nunca he comulgado con este tipo de cine pero "A propósito de Henry" supo dejarme buen sabor de boca tras su primer visionado en 1991. También es de recibo reconocer que por aquel entonces contaba con quince años y que mi capacidad de sorpresa era, lógicamente, bastante mayor. Y es que creo que hoy día una valoración de la cinta me haría indicar que son muchos los aspectos de la misma tan blandos, "pastelones" y absolutamente previsibles que ensuciarían en gran medida la más importante de todas sus bazas: la magistral interpretación de un Harrison Ford tremendamente creíble en un personaje desde luego nada sencillo, un abogado que mostraba dos caras tan absolutamente extremas que implicaba encarnar a dos personajes distintos.

Quizá sea por esta interpretación por la que destaco hoy esta cinta. Y es que a diferencia de otros títulos tratados aquí, la trama de "A propósito de Henry" resultaba entretenida, pero poco más... Considero que las excesivas lecciones morales que intentaba darnos la misma sobrarían en gran medida (aquello de "quién esté libre de culpa que tire la primera piedra"), así como que existían un gran número de secuencias que se alargaban de forma innecesaria (por no decir que sobraban en muchos de los casos), las cuales ralentizaban el ritmo de una cinta ya de por sí lenta. Diferentes motivos por los que la valoración de "A proposito de Henry" no puede ser todo lo positiva que merecería, más teniendo en cuenta que pocas veces como aquí se vio a un Harrison Ford tan acertado.

Místico

viernes, 17 de abril de 2009

La trilogía más importante del nuevo siglo


¿Qué se puede decir de esta trilogía que no se haya dicho ya? ¿Qué aspectos técnicos se pueden destacar de estas películas cuando sólo la tercera de ellas ya ganó once Oscar? Quizá la materia prima con la que contaba Peter Jackson era una de las más valiosas de cuantas podían ser llevadas al cine, pues los libros de J. R. R. Tolkien ya eran toda una referencia en cuanto a narraciones épicas se refería, pero es de recibo reconocer que la magistral labor de dirección llevada a cabo por Jakson a lo largo de más de un año en tierras neozelandesas fue de aquellas que encumbraban merecidamente a cualquier director.

Dicho en pocas palabras, la trilogía de "El señor de los anillos" se alzaba como un elaborado mosaico compuesto por los efectos especiales más asombrosos, las caracterizaciones más logradas y la recreación de unos mundos fantásticos tan increíbles que sólo en las cabezas de Tolkien y Jackson podían ser plasmados de aquellla manera.

Tres cintas que no sólo sirvieron para popularizar el nombre de su director. Y es que actores como Vigo Mortensen, Elijah Wood o especialmente Orlando Bloom aún deben estar dando gracias a este proyecto pues, pese a mantener durante algún tiempo el peligroso encasillamiento, se valieron de la popularidad de esta saga para dar un tremendo impulso a toda su carrera.

Tres absolutas obras maestras que marcaron en grandísima medida el cine del nuevo siglo, pues significaron el lanzamiento posterior de un buen número de títulos épicos que se hicieron muy populares a partir de entonces.

Místico

jueves, 16 de abril de 2009

Amor en tiempos "extraños"

Historias de amor en el mundo del cine han existido muchas y algunas de ellas realmente emotivas. Sin embargo cuando los protagonistas de estas historias son dos personajes de edad avanzada, tan lejos ya de aquellas primeras pasiones de la olvidada juventud, entonces la historia se vuelve mucho más emotiva, tierna y bella de lo que en principio podríamos prever.

"La reina de África" nos presentaba a un cincuentón Humphrey Bogart y a una Katharine Hepburn pasados los 40 cuya extraña relación a bordo de aquella mítica embarcación se acababa convirtiendo en una de las historias de amor más bellas que hayamos visto jamás en la gran pantalla. El nacimiento de viejas pasiones en plena Primera Guerra Mundial a bordo de un destartalado barco que, cual David, osaba enfrentarse a aquella cañonera alemana que podría llevar escrito el nombre de Golliat. Un mismo objetivo común para dos personajes que no podían ser más diferentes: Un capitán con bastante afición a la bebida y una estirada misionera poco acostumbrada a los hábitos de su compañero.

La cinta supuso el único Oscar en la carrera de Humphrey Bogart. Al menos esta película sirvió para encumbrarlo tal y como merecía...

Místico

miércoles, 15 de abril de 2009

Un ejercicio de concienciación social

Creo firmemente que existen películas que llegaron al público en un momento totalmente acertado, en el momento en el que era necesario hacerlo, bien para concienciar a la opinión pública de algunos temas importantes, bien para eliminar algunos fantasmas que tristemente aún convivían entre nosotros.

Cuando en 1993 Jonathan Demme nos presentaba a un "desconocido" Tom Hanks en una cinta llamada "Philadelphia", muchos eran los fantasmas que en torno al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida se alojaban aún en nuestro subconsciente colectivo. El SIDA era (pese al enorme número de campañas de concienciación) una enfermedad maldita, una lacra social que obligaba a los que la padecían a permanecer aislados del resto de la sociedad, una marginación que en nada ayudaba a su correcto tratamiento. Los miedos infundados al posible contagio eran tales que SIDA era casi sinónimo de peste. 16 años después, las cosas afortunadamente han cambiado. Está claro que el mérito no es sólo de esta película, pero es de recibo reconocer que "Philadelphia" supo poner una de las primeras piedras en la construcción de ese edificio de tolerancia con la enfermedad de la que hoy debemos sentirnos orgullosos.

Quizá este hecho fuese el que conviertiese a "Philadelphia" en la referencia que para el cine hoy día es, pero también supuso el punto de inflexión en la carrera de un actor llamado Tom Hanks que hasta aquel momento había estado ligado a títulos de comedia. Con "Philadelphia" Hanks emprendía una nueva etapa profesional en la que demostraba también su valía para el género dramático, una apuesta que no sólo le valía el Oscar aquel año, sino también el poder repetirlo en el siguiente (hecho que sólo Spencer Tracy había logrado 50 años antes).

"Philadelphia" también supuso la confirmación de lo que Antonio Banderas estaba logrando en tierras americanas, encarnando a un personaje (pareja de Hanks) que el actor malagueño lamentó fue recortado en gran medida ya en la sala de montaje (escenas de sexo incluidas).

¿Y qué puedo decir de la famosa canción de Bruce Springsteen que acompañó para siempre a esta cinta? Pues que más de tres lustros después me reencontré con ella "paseando" por la Fnac y volvió a ponerme los pelos de punta. ¡Gracias, Bruce!

Místico

martes, 14 de abril de 2009

¿Hasta cuándo podrás resistir?

"A la deriva" es una película que despierta en mí sentimientos enfrentados. Un análisis exhaustivo de la misma me haría descartarla como merecedora de figurar en "Plano Medio", pues son ciertamente muchos los aspectos que considero de una mediocridad tal que apenas merecen el esfuerzo de su análisis. Sin embargo siempre he valorado cualquier apuesta arriesgada y valiente, cualquier cinta que, en una etapa marcada por la falta de originalidad en cada una de las producciones, nos ofreciese algo simplemente diferente. Y es de recibo reconocer que "A la deriva" nos ofrecía mucho de todo esto.

Injustamente tachada como la secuela de "Open Water" (su película madre) y, al igual que su predecesora, inspirada en una historia real (¡Hay que ver la de cosas raras que suceden en este mundo!), "A la deriva" se presentaba en el año 2006 como una película de drama-suspense que prometía regalarnos altas dosis de angustia. La historia que nos presentaba era bastante sencilla: Un grupo de amigos a bordo de un yate optaban por darse un relajante baño en el mar. Llegado el momento de regresar al barco no tardaban en comprender que resultaba imposible hacerlo, pues habían olvidado bajar antes la escalerilla que debería subirles a dicha embarcación.

Una sola y atípica localización (las aguas del océano) y seis únicos personajes para el 90 % de una película que terminaba por convertirnos en un bañista más. Posicionando la cámara a la altura de los ojos de los protagonistas, la sensación de estar en el agua con los mismos resultaba tan angustiosa que sólo por esta razón ya merecía su visionado.

Su posterior desarrollo hacía aguas (y nunca mejor dicho) por todos lados, pero la propuesta en sí resultaba tan interesante, original e innovadora (se entiende que junto con "Open Water") que no dudé en recomendar esta película a más de un amigo. Las opiniones que obtuve de ellos no pudieron ser más distintas. Esto último no me sorprendió nada.

Místico

lunes, 13 de abril de 2009

Terroríficamente realista

En el terreno del cine más realista, pocas cintas he encontrado a lo largo del camino tan sobrecogedoras como ésta. Una propuesta de Jaume Balagueró y Paco Plaza que se nos presentaba en el año 2007 y que nos dejaba a miles de espectadores clavados en la butaca y absolutamente aterrorizados. Los primeros fueron sin duda los más famosos de todos ellos, pues la cinta se presentaba en el festival de Sitges ante un público de cuyas reacciones se valdrían sus responsables para, a modo de teaser, promocionar la película.

En la línea de un reportaje de calle, Manuela Velasco se metía en el papel de una inquieta periodista cuya tranquila noche como acompañante de un colectivo de bomberos daba un giro inesperado a raiz de una llamada de teléfono. Lo que prometía ser una noche desidiosa y aburrida se terminaba convirtiendo tras este punto de inflexión en una de las peores pesadillas concebibles por cualquier ser humano. Un ritmo in crescendo que alcanzaba un climax ciertamente asfixiante en un metraje con exceso de realismo que, pese a poseer alguna que otra fisura argumental, no rompía para nada el interés de lo que en la misma se iba narrando.

En 1999 un título conocido como "El Proyecto de la Bruja de Blair" ya había intentado plasmarnos este nivel de realismo pero, lamentablemente en este caso, la valiente propuesta americana había quedado mermada a un mero ejercicio promocional gracias a su excelente campaña de marketing. En el año 2007 [REC] había dado ya unos cuantos pasos al frente...

Quizá lo más interesante de la trama fuese la justificación que se daba en todo momento a que, pese a lo extremo de lo que allí se narraba, la cámara continuase su filmación. Y es que en una situación en la que lo lógico sería desprenderse de cualquier lastre, aquí quedaba plenamente justificado que hasta el último momento se mantuviese pulsado aquel terrorífico botón de [REC].

El éxito de esta cinta no tardaría en llegar, convirtiéndose en aquel 2007 en la segunda película española más taquillera de todo el año, sólo detrás de la ópera prima de Juan Antonio Bayona: "El Orfanato". Un éxito que llegaría apenas un año antes de que "Quarantine", el remake americano, presentara la historia a espectadores anglosajones.

Este 2009 parece ser el año de [REC]2, la secuela de un título que dejó algún que otro cabo suelto en la primera de sus entregas. ¿Nos asustaremos del mismo modo con su segunda parte? A riesgo de que suene masoquista: ¡Ojalá que sí!

Místico

miércoles, 8 de abril de 2009

La más bella historia de amistad

Existen películas que marcaron a toda una generación. "E.T el extraterrestre" fue sin duda una de ellas. Estrenada en 1982 y tras el gran éxito que había supuesto años atrás su "Tiburón", Steven Spielberg se encumbraba a lo más alto del panorama cinematográfico con esta bella historia de amistad entre un niño humano y un ser procedente de una galaxia muy lejana.

Un título que nos enseñaba que la amistad (como el amor) no entendía de formas, que cuando el sentimiento se concebía en estado puro poco o nada importaba la procedencia de cada uno. Aparentemente nada podía ser más diferente entre Elliott y E.T., pero al mismo tiempo nadie parecía comprender mejor a aquel ser de otro planeta que el joven que interpretara Henry Thomas, al igual que el mismo parecía no encontrar en ningún humano la complicidad que alcanzaría con aquel ser de otra galaxia. Una cinta entrañable como pocas, como entrañable resultaba una jovencísima Drew Barrymore que jamás conseguió desprenderse del personaje de "niña buena" que en esta película interpretara (¡Y mira que hizo méritos para ello!).

"E.T. el extraterrestre" fue una apuesta arriesgada para Steven Spielberg. Teniendo en cuenta la proximidad en el tiempo de títulos tan exitosos como "La guerra de las galaxias" o "Alien", Universal presentaba ciertas reticencias con respecto a este titulo, pues mostrar en esta ocasión a un ser de otro planeta inofensivo y bondadoso podía no llegar del mismo modo a los espectadores de todo el mundo. Casi 30 años después de su estreno, "E.T. el extraterrestre" aún figura en la lista de películas más taquilleras de toda la historia del cine.

Bellísima banda sonora la que John Williams compuso para esta película y bellísimas algunas de las imágenes que este título de Spielberg supo dejarnos para la historia.

Comienza la Semana Santa. Una mesa en La Vaca Argentina me espera. Nos vemos a la vuelta.

Místico

martes, 7 de abril de 2009

Sólo el tiempo puede curar algunas heridas

"Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo..."

(William Wordsworth)


Jamás un poema resumió de un modo tan acertado la esencia de una película... o, dicho de un modo más correcto, nunca una película materializó de un modo tan soberbio lo que nos intentó transmitir un solo poema.

"Esplendor en la hierba" nos enseñaba a madurar, nos enseñaba a entender que la pasión de la juventud resultaba tan efímera como los pétalos de cualquier flor, que el paso del tiempo era capaz de curar aquello que considerábamos incurable y que la felicidad de cada uno dependía en gran medida de las decisiones tomadas en primera persona, sin influencias externas que estuviesen basadas en intereses ajenos a nosotros mismos.

Natalie Wood nos regalaba un personaje algo sobreactuado pero que recogía a la perfección la esencia de aquello que nos quería mostrar: la pasión de una joven que vivía su amor como lo único importante en su vida. Un joven y torturado Warren Beatty dejaba clara la dureza de aquellos conflictos internos que tanto daño tuvieron que hacerle y un contexto social previo a la Gran Depresión nos hacía agradecer a todos y cada uno de nosotros el haber nacido en la época histórica en la que lo hicimos.

Una absoluta obra maestra del director Elia Kazan.

Místico

lunes, 6 de abril de 2009

Algo más que una cinta apocalíptica

Catorce años después de su estreno, uno piensa en "Doce monos" como la película que supuso el reencuentro con un viejo género. Un título que demostraba que cuando las cosas se hacían bien incluso los "poco amantes de la ciencia ficción" podíamos admirar la labor llevada a cabo por su director, en este caso Terry Gilliam. Una historia compleja, donde los saltos en el tiempo, linealidades temporales y realidades alternativas dificultaban en gran medida el correcto seguimiento de la misma, pero que conformaban un entramado de tal complejidad que despertaba el interés por construir una historia que sólo en sus secuencias finales disponía de sentido completo.

Su protagonista, Bruce Willis, quedaba eclipsado por un "joven" secundario llamado Brad Pitt (por primera vez nominado al Oscar por este papel), que utilizaba este título como confirmación de un talento que ya habíamos visto meses antes en una película para la historia: aquella de David Fincher que giraba en torno a los siete pecados capitales y que marcaría para siempre toda su carrera.

Muchas cosas podría añadir a este título, pero me limitaré a subrayar que "Doce monos" fue una apuesta acertada, cuya interesante trama y sorprendente final salvaron en gran medida un planteamiento inicial de lo más explotado: el de una Tierra asolada en el futuro por un apocalíptico virus mortal.

Místico

viernes, 3 de abril de 2009

Despertando viejos miedos

¿Hasta qué punto una película puede influir en el subconsciente colectivo? Jamás ninguna cinta nos mostró con tanta claridad el poder que el cine tenía en este campo como cuando "Tiburón" (el título que lanzaría definitivamente a la fama a su joven director Steven Spielberg) se estrenó allá por el año 1975. Y es que la afluencia a las playas americanas descendió desorbitadamente tras el estreno de esta cinta, cinta que se convertiría aquel año en la más taquillera de toda la historia del cine. Un absoluto pánico irracional a los tiburones se despertaría a raiz de la misma y una psicosis colectiva de la que a día de hoy (más de 30 años después) aún quedan algunas secuelas.

Reconozco que en más de una ocasión me ha venido a la cabeza este título, más aún en los momentos en los que, cuando la noche impedía ver la línea azul del horizonte, opté por darme algún baño en la playa. Y es que la secuencia inicial de este título es de las que se te quedan grabadas en el recuerdo durante mucho pero que mucho tiempo...

Una revisión de la cinta en el momento presente dejaría al descubierto cierta precariedad en cuanto a sus efectos especiales, una precariedad que sólo sería patente si los comparamos con los que conocemos hoy día, pues si tenemos en cuenta que hablamos de un metraje de la década de los 70, podrían incluso considerarse adelantados a su tiempo.

¿Y qué decir de aquella banda sonora creada por John Williams? El compositor incondicional de Spielberg no daba lugar a dudas: fue y sigue siendo el más importante de los compositores de toda la historia del cine.

Místico

jueves, 2 de abril de 2009

El "chico bueno" del Hollywood dorado

Es difícil imaginar el Hollywood clásico sin recrear en algún momento su rostro. El cine de los 40 y 50 no hubiese sido tan dorado si él no hubiese irrumpido en aquellos años. Míticas películas irán ya para siempre unidas a su nombre, a uno de los nombres de mayor peso en la historia del cine americano: James Stewart.

"¡Qué bello es vivir!", "La ventana indiscreta", "Vértigo", "Historias de Filadelfia"... son tantos sus grandes títulos que con razón uno entiende que la American Film Istitute le nombrase en su momento el tercer mejor actor de todos los tiempos, tras Humphrey Bogart y Cary Grant.

Lo más curioso de Stewart es que poco o nada tenía que ver con el resto de galanes de su época. De aspecto tímido e introvertido, no especialmente guapo ni elegante, las diferencias con Gary Cooper, Cary Grant, Gregory Peck y demás eran más que significativas. Analizando la trayectoria del actor, uno entiende que tampoco le hacía demasiada falta paracerse a ninguno de ellos. Y no se la hacía porque Stewart jugaba con cartas de otra baraja. Su gran versatilidad, acompañada siempre de esa cara de "niño bueno" que le perseguiría hasta el final de sus días, hicieron del actor de Indiana un imprescindible para directores de la talla de Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Frank Capra o John Ford.

Pero lo que quizá más llame la atención de toda su biografía es que James Stewart participase en la Segunda Guerra Mundial como piloto de bombardero para, cuatro años después, ostentar el rango de General de Brigada. Este rápido ascenso se debió, entre otros motivos, a sus "altas dotes de mando". Sin duda una faceta curiosa que a uno le despierta alguna que otra pregunta: ¿Cual de los papeles que Stewart interpretó a lo largo de su carrera fue el más brillante de todos?... ¿El del confuso protagonista de "Vértigo"? ¿El de desesperado padre de familia en "¡Qué bello es vivir!"?... ¿O quizá el que consiguió vendernos a todos a lo largo de sus más de 50 años de carrera?

Místico

miércoles, 1 de abril de 2009

Cuando las máquinas lloran

¿Podrían algún día las máquinas llegar a sentir? ¿Podrían tener la capacidad de emocionarse, sufrir, amar, querer e incluso sentir celos? Esta preguntas se erigían en el año 2001 como estandarte principal de "Inteligencia artificial", un título concebido originalmente por Stanley Kubrick pero dirigido finalmente por Steven Spielberg dado el fallecimiento del primero.

"Inteligencia artificial", la adaptación de la novela "Los superjuguetes duran todo el verano", aprovechaba el tirón de la reciente "El sexto sentido" y daba un nuevo impulso comercial a la carrera de su jovencísimo protagonista: Haley Joel Osment. Un joven Jude Law, cuya carrera también estaba ahora comenzando a despegar, acompañaba en esta aventura pinochesca al joven actor protagonista, el cual volvía a demostrarnos, dos años después de la película de Shyamalan, el grandísimo valor que prometía dentro del cine del nuevo siglo.

Y es que "Inteligencia Artificial" fue sin duda una apuesta acertada, que entretenía y emocionaba a partes iguales, cuyos brillantísimos efectos especiales e inmejorable ritmo nos hacía viajar por mundos futuristas, similares a los que habíamos imaginado cuando éramos niños. Un Pinocho futurista que supo dejarnos un personaje para el recuerdo: Teddy, aquel oso de peluche robotizado que representó uno de los grandes aciertos de todo el film.

Místico

martes, 31 de marzo de 2009

La más terrorífica de todas las cintas

La verdad es que resulta complicado hablar de una película como ésta. Al menos lo es evaluarla de un modo ciertamente objetivo cuando fue (y creo que en el fondo lo sigue siendo) la causa de algunas de la peores pesadillas de mi más tierna infancia. Recuerdo que la vi por primera vez a una edad muy temprana y, quizá por este motivo, algunas de sus imágenes quedaron grabadas para siempre en mis por aquel entonces jovencísimas retinas.

"La matanza de Texas" fue una película importante dentro de un género. Y es que hablamos del primero de los títulos de lo que se ha venido conociendo como terror teen, aunque manteniendo, claro está, unas cuantas diferencias frente al más actual terror para adolescentes. La más importante de ellas sería sin duda su enorme carga de realismo. Dado que hablamos de una producción de bajo presupuesto rodada en 1974, nos encontramos con una cinta cuya textura, iluminación e incluso planificación nos acercan en cierto modo al cine más casero. Esto hace que nos creamos aún más si cabe lo que en la misma se nos ofrece, así como quisimos creer en su momento que lo que aquí se nos contaba estaba "basado en hechos reales", cuando en el fondo la cinta de Tobe Hooper tan sólo se inspiraba (al igual que otros títulos como "Psicosis" o "El silencio de los corderos") en ciertas formas de conducta del psicópata americano Ed Gain.

Leatherface o cara de cuero se convirtió gracias a esta película (y por muchos méritos propios) en todo un icono mediático, así como en uno de los personajes cinematográficos que más respeto infundaría en toda la historia del cine. Se dice que los actores protagonistas de esta película apenas tuvieron contacto con el actor que lo encarnaba (Gunnar Hansen), pretendiendo con ello asustarse de verdad en las escenas que compartían con él. Yo no sé si ellos lo lograron, lo que sé seguro es que a mí sí me asustó... ¡Y hay que ver de qué manera!

Místico

lunes, 30 de marzo de 2009

El nacimiento de un nuevo cine en España

Creo firmemente que esta película marcaría un "antes" y un "después" en nuestro cine más español. Es posible que otros títulos ya hubiesen abierto el camino para ello, un camino que llevaría a entender nuestro cine de un modo diferente al tratado hasta la fecha, pero fue Alejandro Amenábar y su ópera prima "Tesis" los que se alzaron como abanderados absolutos de tan necesario cambio. Quizá fuese por el género que trataba, tan poco habitual en los proyectos de la época; tal vez la diferencia radicase en su ritmo, tan inusual en lo que a producciones patrias se refería o quizá lo diferente lo encontrábamos en su planteamiento, donde los diálogos eran una mera excusa para hacer avanzar la historia... pero el caso es que "Tesis" lo cambió todo.

La película, protagonizada por una "recuperada" Ana Torrent y un desconocido Eduardo Noriega, supuso un brillantísimo punto de partida para uno de los directores más talentosos que había dado nuestro cine pero, como buena ópera prima que era, también estaba salpicada de bastantes errores. Podríamos hablar por ejemplo de ciertos fallos en el guión, los cuales dejaban claro que el mismo estaba escrito por gente muy pero que muy joven: desarrollo con varios finales, diálogos tan "americanizados" que resultaban poco convincentes, soluciones rápidas e injustificadas a situaciones complejas... (¿alguien entiende de dónde salía el cuchillo con el que Ángela se liberaba de las cuerdas en aquel famoso garaje?). Errores que no sólo se plasmaron en el guión, sino también especialmente en la dirección de los propios actores. Por aquellos tiempos Amenábar era un director mucho más técnico que artístico y esto se notaría especialmente en el trabajo de Fele Martínez, cuyo interesante personaje era absolutamente destrozado por un intérprete que injustamente ganaría el Goya al mejor actor revelación aquel año.

Toda estas erratas (en cierto modo lógicas) no desmerecieron en absoluto el mérito de la película, una cinta que se convertiría en la absoluta sorpresa de la edición de los Goya de aquel año. Y es que "Tesis" no sólo conseguía dejarnos una incómoda inquietud tras su sufrido visionado, sino que analizaba como pocas películas lo hicieron nuestros instintos más morbosos, haciéndonos entender una vez más que, cuando se sugería y no se mostraba, los efectos conseguidos podían ser absolutamente sobrecogedores.

Místico

viernes, 27 de marzo de 2009

Argumentalmente impactante

"Flores en el ático" fue un título que sin duda marcaría mi infancia. Y lo hizo por varios motivos, aunque uno de ellos se me antoja absolutamente prioritario: su desgarrador guión basado en la exitosa novela de V. C. Andrews.

En aquel momento (dado que hablamos de un título de serie B mucho más apto para pases en televisión que para grandes salas) resultaba casi imposible hacerse con una copia de la cinta, por lo que asistir a un segundo visionado de la misma resultaba una tarea muy pero que muy compleja. Este hecho sólo serviría para incrementar aún más el mito que en mí estaba naciendo hacia ella.

En los últimos años (gracias a ese internet al que tanto debemos algunos) pude reencontrarme de nuevo con esta cinta y he de reconocer que la valoración hacia la misma se modificó sustancialmente... Y se modificó en cuanto a calidad técnica se refería, porque si hablamos de la historia en sí a mí, personalmente, me seguía poniendo los pelos de punta...

Casos recientes como el del "monstruo de Amstetten" (tristemente famoso en nuestros días) me hicieron revivir de nuevo esta cinta. Y aunque la realidad superará siempre a la ficción (ninguna película podría igualar jamás la historia del monstruo austriaco) los artículos de este último caso me trajeron una vez más este título a la cabeza.

Actores sobreactuados y un guión con bastantes fisuras no desmerecen en absoluto el argumento de una película que sobrecoge como pocas. Y sobrecoge porque atenta contra los principios básicos sobre los que se sustenta no sólo nuestra sociedad, sino en cierto modo también las reglas implícitas de un cine que ha intentado evitar algunos temas "tabú" a lo largo de toda su historia: inexistencia del instinto maternal, mortalidad infantil, incesto...

Una película, en definitiva, que difícilmente podría pasar indiferente a nadie y que, pese a su baja calidad, dispone de muchos elementos (argumentales todos) para quedar grabada en nuestro recuerdo por mucho pero que mucho tiempo...

Místico

jueves, 26 de marzo de 2009

Una película hecha a medida


Ésta fue una de las películas más apropiadas para el lucimiento de Julia Roberts, un título de 1997 hecho a la absoluta medida de la megaestrella del momento que, como no podía ser de otro modo, "la novia de América" no dejó escapar.

"La boda de mi mejor amigo" es una comedia romántica un tanto extraña. Y es que en esta cinta (y no creo que a estas alturas estropee el final a nadie) la "chica" no sólo no termina con el "chico", sino que además la protagonista de la historia, a través de la cual vivimos toda la trama, es en este caso la "mala" de la misma. Un punto de vista ciertamente original que supuso el reencuentro de Julia Roberts con un género al que debía tanto y que nunca en un título como en éste ("Pretty Woman" aparte, claro) se había lucido de un modo tan acertado. Aquella melena rojiza y rizada que tanto había enamorado a Richard Gere volvía ocho años después a encandilar a millones de fans repartidos por todo el planeta. Y lo hacía acompañada de unos actores que, aunque en cierto modo estaban eclipsados por ella, supieron estar a su altura. El que más juego dio fue Rupert Everett. El personaje de amigo gay de la heroina resultaba de un peso tal que trascendía el concepto de personaje secundario, un divertidísimo segundo partenaire de la Roberts que dejaba explotar toda la vis cómica que atesoraba el actor inglés. Cameron Díaz, en su papel de adorable novia del protagonista, nunca resultó tan encantadora en ninguna cinta (como diría el propio personaje de Julia Roberts en este film: "Si no tuviese que odiarla, la adoraría") y Dermot Mulroney demostraba con este título que no sólo Richard Gere poseía aquella química tan brutal con la protagonista de "Elegir un amor".

Una historia divertidísima, con unos personajes más divertidos aún y una canción para el recuerdo... ¿A quién no le ha venido alguna vez a la cabeza aquel "I Say a Little Player (For You)" cuando estaba aburrido sentado a la mesa?



Místico

miércoles, 25 de marzo de 2009

El claro ejemplo de cine catastrofista

En el año 2006 se estrenó el remake de esta película, una nueva versión en la que cambiaban los personajes pero no la historia. Más de tres décadas separaron ambos títulos y todo una evolución la que sufrieron en ese tiempo los llamados efectos especiales, que valieron para que "Poseidón", el remake de la película de la que hoy hablo, resultase cuanto menos una apuesta entretenida. El fuerte ritmo que se imprimió a esta segunda cinta, el cual no permitía un segundo de descanso entre secuencia y secuencia, quizá tuvo algo que ver en todo ello...

Sin embargo, y pese a que su remake tampoco desprestigiaba en gran medida al original, la película de 1972 titulada "La aventura del Poseidón" era simplemente irrepetible (no en vano su revisión contaba con distintos personajes).

Claro ejemplo del cine catastrofista de los años 70 ("El coloso en llamas", "Terremoto"...), esta película protagonizada por Gene Hackman no sólo poseía unos efectos especiales soberbios para la época de la que hablamos, sino que además, disponía de un conjunto de personajes tan interesante que uno sentía cada pérdida como casi propia. Un buen ritmo, donde escenas de alta intensidad se combinaban con otras mucho más sosegadas (clara diferencia con el remake), una buena dirección artística (algunas de sus secuencias se rodaron a bordo del RMS Queen Mary), un trabajo actoral convincente y un momento para el recuerdo (el de la inversión del barco) hicieron de esta película todo un clásico en el cine de su década.

La cinta ganó dos Oscar: por sus efectos especiales y por su canción ("The Morning After"). Toda una oportunidad para reencontrarse con ese cine catastrofista de los años 70 que tanto se popularizó en aquella década.

Hasta aquí el repaso cinematográfico de hoy. Marcho a comer a un Foster's Hollywood. Buena tarde a todos.

Místico

martes, 24 de marzo de 2009

Un conjunto magistral

Corría el año 2001. "La Comunidad" se presentaba como favorita indiscutible de los premios Goya. Quince eran las nominaciones que acumulaba la obra de Álex de la Iglesia, que contaba, además, con un respaldo enorme tanto de crítica como de público. Era difícil imaginar otro resultado aquella noche que no fuese el del triunfo indiscutible de la película de Carmen Maura. Sin embargo, contra todos los pronósticos, una conmovedora ópera prima titulada "El Bola" le arrebataba el protagonismo en una noche que dejó a los aficionados un cierto sabor agridulce. Ocho años después uno sigue pensando que en algunas ocasiones este tipo de premios se deberían partir por la mitad. "El bola" me emocionó (de hecho en breve hablaré de ella), pero la película de Álex de la Iglesia es de ésas que engrandecieron en su momento el cine de nuestro país. Y los motivos por los que lo hizo fueron muchos y muy diferentes...

Podríamos hablar de su historia, de ese cómic cinematográfico de humor negro tan magistralmente narrado; podríamos hablar de sus interpretaciones, con una Carmen Maura a la cabeza que no se dejaba eclipsar por unos secundarios tan soberbios que por sí mismos ya componían una sola película; podríamos hablar de su calidad técnica, absolutamente brillante, donde sus efectos especiales, fotografía, dirección artística, etc. componían un todo que sólo podía catalogarse de genial; podríamos hablar del buen ojo de Álex de la Iglesia en una realización que ya de antemano se antojaba compleja; podríamos hablar de muchas cosas, pero lo que está claro es que ésta es una de esas obras que engrandece aún más si cabe nuestro mejor cine español.

La cinta, finalmente, sólo se alzó con tres premios: A la mejor actriz protagonista (Carmen Maura), al mejor actor de reparto (Emilio Gutiérrez Caba) y a los mejores efectos especiales. Una verdadera lástima teniendo en cuenta la calidad de la misma en todos los demás apartados...

Místico

lunes, 23 de marzo de 2009

Tiempo de dinosaurios

Se podrían decir muchas cosas de esta película, pero una cosa seguro es cierta: "Parque Jurásico" marcó la historia del cine o, más concretamente, la historia de sus efectos especiales, pues éste fue el primer título en el que el concepto de "efecto digital" cobró su significado más absoluto.

La cinta, basada en la novela de Michael Crichton, se presentó al gran público en 1993 y causó un grandísimo revuelo en diferentes campos. Uno de los que más dieron que hablar fue el propiamente científico. Aún faltaban tres años para que Dolly (aquella famosa oveja que sería el primer mamífero clonado) naciera inmersa en la mayor de las polémicas, pero en este 93 la película de Steven Spielberg ya había abierto la veda de numerosas especulaciones que alimentarían páginas y páginas de revistas y periódicos, las cuales buscaban respuestas a aquel nuevo concepto llamado "clonación".

Tanta polémica e innovación tecnológica no podían tener otro efecto que el de engordar la taquilla de una película que en su primer fin de semana de exhibición ya engrosaría la friolera de 82 millones de dólares, desbancando a "E.T. El extraterrestre" como la película más taquillera de la historia del cine. Su recaudación a nivel internacional superaría la cifra de 557 millones, de los cuales 250 irían a caer a manos del propio Spielberg.

En su momento leí el libro en el que se basó esta película y he de reconocer que la adaptación del mismo me resulta bastante digna, que los efectos digitales por todos conocidos los concibo absolutamente sobrecogedores y que, en definitiva, "Parque Jurásico" es uno de esos títulos que engrandecen aún más si cabe la historia de un arte polémico como pocos.

Se ha hecho tarde. Habrá que pedir algo de comida a domicilio. Buena tarde a todos.

Místico

miércoles, 18 de marzo de 2009

La vuelta de un viejo género

El musical es sin duda uno de los géneros más "especiales" de todos cuantos componen el arte del cine. No son excesivamente habituales en nuestros días, por lo que el efecto de visionar alguno de ellos se hace algo extraño para aquel que no está excesivamente acostumbrado al cine clásico. El "interrumpir" una historia para cantar una canción o marcarse unos números de baile puede resultar incluso incómodo para el profano en este género. Sin embargo, en determinadas ocasiones, surgen largometrajes como éste cuyos numeros musicales no sólo están plenamente justificados, sino que además hacen avanzar la historia, la continúan...

"Chicago", la película de Rob Marshall ganadora del Oscar en 2002, es un buen ejemplo de esto último. Un musical "necesario" cuya entretenida trama continúa en cada uno de sus números musicales. Un buen ritmo para una buena película que supuso el espaldarazo definitivo para Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones (a esta última de hecho le valió el Oscar) y el relanzamiento de un Richard Gere que llevaba ciertamente anquilosado desde su inolvidable "Pretty Woman".

La cinta, que se hizo con seis de los 13 Oscar a los que aspiraba (entre ellos el de mejor película) ironizaba sobre la frivolidad de la fama y de los medios de comunicación, de una fama a la que resultaba muy sencillo llegar (tan sencillo como matando a un hombre) y de unos medios sensacionalistas que olvidaban a sus estrellas con la misma rapidez que las encumbraban, conviertiéndolas de este modo en verdaderas víctimas de su propia soberbia y ambición. Un musical con ciertos toques de humor negro totalmente recomendable incluso para aquellos no demasiado acostumbrados a este género.

Místico

martes, 17 de marzo de 2009

La más impropia de las justicias

Aún recuerdo el visionado tan incómodo que sufrí con esta película. Aún recuerdo esa primera fila en la que nos tuvimos que sentar por llegar tan tarde y desde la que tuvimos que asistir a los 120 minutos de metraje de la misma. Eso lo recuerdo perfectamente, pero también recuerdo las lágrimas que nos tuvimos que secar tanto mis acompañantes como yo durante los créditos finales. Y resulta curiosa esta sensación cuando lo que se está lamentando aquí es el castigo recibido por un auténtico monstruo (o al menos así era como lo sentíamos al comienzo de la cinta). Curiosa sin duda y digna de análisis...

Tim Robbins se hacía al frente con "Pena de muerte" de la que ya sería su segunda película en labores de dirección, y para ello contaba con dos pesos pesados en cuanto a interpretaciones se refiere: un Sean Penn al que siempre estuvo unido por cuestiones políticas y su propia esposa, una Susan Sarandon que a la postre se convertiría en ganadora del Oscar por esta interpretación.

Basada en el libro "Dead Man Walking", escrito por la Hermana Helen Prejean (consejera espiritual del reo condenado a muerte Patrick Sonnier), entiendo este drama carcelario de 1995 como la mejor obra hasta la fecha de Robbins como director. Su lento ritmo, tan cuestionado por algunos, se hacía necesario si lo que se pretendía aquí era cambiar el punto de vista de aquel que visionaba la película, haciéndonos entender que, independientemente de la atrocidad cometida, el arrebatar la vida a un hombre no debería ser algo que se decidiese nunca un ningún tribunal. Para ello eran necesarias las palabras, eran necesarios muchos silencios, muchas miradas... Y Tim Robbins entendía mucho de todo esto.

Brillantes como no podía ser de otro modo Sean Penn y Susan Sarandon y ciertamente destacables las labores de Tim Robbins en una dirección en la que no suele prodigarse demasiado... ¡Una verdadera lástima!

Por hoy es más que suficiente. Un Vips me espera. Buena tarde a todos.

Místico

lunes, 16 de marzo de 2009

Un bello y triste cuento de fantasmas

En el año de su estreno hubieron de establecerse muchas comparaciones entre esta historia y la que Alejandro Amenábar nos presentaba allá por el 2001 titulada "Los Otros". Si tenemos en cuenta que estamos hablando de las dos películas más taquilleras de la historia de nuestro cine, los paralelismos y comparaciones eran más que inevitables. Unos paralelismos que en cierto modo siempre estuvieron ahí, pero que se tenían que haber limitado mucho más a su estética que a su propio argumento (pese a que ambos títulos se desarrollasen entre caserones y fantasmas). Hace meses dejé clara mi admiración por la tercera película de Amenábar, clara constancia de lo importante que fue para mí descubrir este título cuando aún estaba naciendo mi fanatismo por el director de "Tesis". Esa misma admiración podía haber hecho que mi evaluación hacia esta cinta estuviese manchada de escasa objetividad, pero creo que la propuesta que en su momento nos hizo Bayona difería tanto de la cinta de Nicole Kidman que sería contraproducente juzgarlas y evaluarlas con el mismo rasero.

"El Orfanato", aquel bello y triste cuento gótico de fantasmas que supuso el espectacular pistoletazo de salida en la carrera de Juan Antonio Bayona y que confirmaba la valía que para el cine tenía Belén Rueda, poseía ese halo de misterio propio del género, revitalizado por una cuidada puesta en escena, donde fotografía y dirección artística aumentaban de forma notable la calidad de la película. Sus buenas interpretaciones le valieron también para subir la fuerte carga dramática de la cinta, una cinta dura pero que, como todos los cuentos, nos regalaba un final con cierto tono esperanzador.

"El Orfanato" poseía una doble lectura: aquella fría, dura y real, que nos hablaba únicamente del desequilibrio psicológico de una madre que acaba de perder a su hijo y esa otra mucho más bella y esperanzadora en la que fantasmas, sueños y personajes de Peter Pan nos regalaban un mensaje final que apuntaba a la esperanza. Que cada uno elija el suyo. Yo hace ya tiempo dejé de creer en sueños y fantasías por lo que, tristemente, me tengo que quedar con el primero...

Místico

viernes, 13 de marzo de 2009

La comedia romántica que marcó una década

Sí, lo reconozco: soy fan de Julia Roberts. Pero no cualquier tipo de fan. Yo soy un fan en mayúsculas, uno de esos que si algún día se la encontrasen por la calle posiblemente se tuviesen que sujetar a una farola para no caerse al suelo. Hace ya un tiempo le dediqué un post bastante amplio a la que ya considero un mito de nuestros días y esta mañana, porque lo considero oportuno, le dedico otro a la película más importante ligada a su nombre (o al menos debería serlo para ella) porque fue la que sirvió para catapultar al estrellato a la hermana pequeña de Eric Roberts, a esa joven que había sido nominada a un Oscar por encogernos a todos el corazón en la quizá excesivamente pastelona "Magnolias de acero".

Pensarlo pone los pelos de punta, pero han pasado ya 20 años del estreno de esta película, 20 largos años en los que hemos revivido una y otra vez muchos momentos de la misma. Su famosa banda sonora, aquella tarde de compras por las tiendas más caras de la ciudad de Los Ángeles, el divertido momento en el restaurante, la secuencia final en las escaleras de incendios con ramo de flores incluido... son tantas las secuencias que forman ya parte del recuerdo colectivo, que un título como éste tenía que ocupar un espacio destacado dentro de este blog.

Absolutamente espectacular la química entre Richard Gere y Julia Roberts, química que provocaría el reencuentro de ambas estrellas diez años después (mismo director incluido) en la fallida "Novia a la fuga". En esta ocasión el reencuentro no tuvo los frutos esperados. Los motivos de este resultado pudieron ser muchos: porque la historia resultaba insípida, porque algo entre ellos se había roto ya de forma definitiva o simplemente por la famosa premisa de "segundas partes nunca fueron buenas"... pero el caso es que la química entre ambos ya no era la misma. Una verdadera lástima teniendo en cuenta los suspiros que levantó esta comedia a lo largo de toda la década de los 90...

Místico

El primero de los pasos

Eran comienzos de los años 80. Recuerdo que estaba nervioso porque en pocos minutos entraría en aquella enorme sala de la que tanto me habían hablado. Y es que iba a verla por fin: la película más fascinante de todas las que un niño podía ver en ese momento (o al menos eso era lo que decían las colecciones de cromos, pegatinas y muñecos tan de moda aquel año). Y la iba a ver además en aquella enorme televisión, ésa que me habían dicho era más grande incluso que las que se podían ver en los escaparates de las tiendas de mi barrio. Mi madre y mi hermano mayor me acompañaban y eran testigos directos de mis nervios cuando las luces se apagaban y comenzaba el primer trailer...

Así podría resumir mi experiencia con "El Retorno del Jedi": uno de los títulos más especiales de mi vida porque fue (y han pasado ya unos cuantos años de eso) la primera película que vi dentro de un cine.

Está claro que el lazo sentimental que me une a este título me dificultaría en gran medida la valoración objetiva del mismo. Me limitaré a apuntar que, para mí, el universo fantástico de la tercera entrega de la saga "Star Wars" resultó ser el más completo de los que compusieron esta trilogía. Los mágicos universos que se plasmaron en la misma, donde habitaban las criaturas más singulares que uno era capaz de imaginar, se alzaron como el broche perfecto para una trilogía que se había ganado ya su propio hueco en la historia del cine. El mejor punto de partida para un niño que comenzaba a sentir la más joven de las artes y que daba con este título el primero de los muchos pasos que habría de dar dentro de una sala de cine.

Místico

jueves, 12 de marzo de 2009

El escenario perfecto para el nacimiento de un mito

"Vacaciones en Roma" fue la película que vio nacer a todo un icono cinematográfico. Las calles de la bella ciudad italiana asistieron como testigo a la eclosión de una de las figuras más importantes que el cine podría darnos en todo el siglo XX. Y es que, por primera vez en su carrera, Audrey Hepburn se convertía en protagonista de una cinta y lo hacía, además, de la mano de una de las estrellas masculinas más importantes de aquel momento: Gregory Peck.

"Vacaciones en Roma" era una historia de amor hecha a medida del nuevo talento, un guión que se alzaba por sí mismo como la antítesis al cuento de la Cenicienta, pero cuya magia y romanticismo le valieron no solo un Oscar, sino también un hueco en el corazón de muchos espectadores. "La joven princesa Anna, cuya vida superficial y llena de lujos ya no le llenaba en absoluto, optaba por escaparse una noche de su jaula de oro para sentir aquella vida mundana que tanto le atraía. En su aventura se enamoraba de un hombre "del pueblo", el cual desconocía completamente la verdera identidad de la joven que acababa de recoger en la calle..."

Este título, además, supondría toda una innovación en lo que a rodaje de exteriores se refiere. Hasta aquella fecha (estamos hablando de 1953) no era excesivamente habitual rodar en exteriores reales, sino en decorados preparados por el estudio que simulaban las diferentes localizaciones necesarias para la historia. El director del film (William Wyler) entendía que Roma debía ser un personaje más de la cinta, por lo que renunció a rodar en escenarios ficticios a riesgo de complicar con ello el tiempo de rodaje de la propia película.

Han sido varias las veces que he visto este título y en todos los casos me terminó emocionando su secuencia final. Aquel cruce de miradas entre los dos protagonistas, que deben simular no conocerse pero cuyos ojos dicen todo lo que no expresan sus palabras, es de ésas que te ponen un nudo en la garganta. Un derroche de química la que mostraron estos dos actores ante una cámara que inmortalizaría para siempre, como pocas películas lo hicieron, la bella ciudad de Roma.

"Vacaciones en Roma" (con permiso de "Sonrisas y lágrimas") es la película favorita de la persona "más paciente" que hay en este mundo: mi prima. Vaya dedicado este post con todo mi cariño a ella.

Místico

miércoles, 11 de marzo de 2009

El más puro estilo Almodóvar

Cuando uno ve "Mujeres al borde de un ataque de nervios" (y más si lo hace después de visionar los últimos trabajos de Pedro Almodóvar) comprende hasta dónde podía llegar la genialidad y originalidad del manchego allá por la década de los 80. Está claro que Almodóvar ha madurado (y mucho). Es posible que su modo de narrar sea ahora más pulido, que hile mucho más fino en determinados planteamientos y que la "calidad" de sus películas sea mucho mayor, pero yo echo de menos al Pedro de aquella década, a ese Pedro callejero y transgresor que tanto nos gustaba a muchos.

El universo Almodóvar jamás quedó tan bien plasmado en ningún otro título como en éste. Un absoluto derroche de originalidad, de color, de un despropósito tal que ver esta película es comprender la magia que tiene el cine. Unos personajes tan excéntricamente geniales que pocas veces han vuelto a ser igualados.

Recuerdo especialmente a Candela, aquella neurótica amiga interpretada por una divertidísima María Barranco, acosada por aquellos terroristas chiítas que tanto juego dieron en esta película. Y la recuerdo con especial cariño porque me despertó tantas carcajadas que aún hoy sonrío cuando la recuerdo, pero "Mujeres al borde de un ataque de nervios" supuso el absoluto lucimiento de Carmen Maura. Ninguna actriz entendió tanto al Almodovar de aquella época como ella. Una verdadera lástima que acabase su relación de aquella forma tan brusca... por mucho que años después se volviesen a reencontrar en "Volver".

Místico

martes, 10 de marzo de 2009

Cuando el azar se impone a la justicia

La visión que Woody Allen tiene de las relaciones personales es cuanto menos digna de atención. Han sido muchos los títulos que, con ese toque irónico que tanto le caracteriza, nos han hecho reflexionar a lo largo de nuestras vidas, haciéndonos identificar con unos personajes que sólo en la mano del neoyorquino podrían ser tratados con tantísimo acierto.

El caso de "Match Point" (la primera cinta rodada en su totalidad fuera de su querida ciudad de Nueva York) es sin duda uno de los más especiales. Su moraleja final, aquel metafórico partido de tenis que envuelve toda la historia, el sentimiento que nos transmiten unos personajes que no son tan ajenos a nosotros mismos como quisiésemos pensar... todos estos elementos hacen de la película de Allen una de las claves para entender que la genialidad de una cinta radica en muchas ocasiones en lo que de la misma podemos aprender, en lo que nos enseña, en lo que nos hace reflexionar... Y en todo eso "Match Point" aprueba con nota.

Una reflexión sobre lo importante del azar en una vida despojada de Dios, en un mundo donde la justicia se limita a la suerte de que una pelota (o un anillo) caiga a uno u otro lado de la red. Las reflexiones de Nietzsche en palabras de Allen y uno de los mejores títulos del año 2005.

Místico