Fue la primera película de este género que ganó el Oscar a la mejor película (y hasta ahora también la última). Fue del mismo modo, junto con "Alguien voló sobre el nido del cuco" y "Sucedió una noche", el único título que se alzó con los cinco premios más importantes de la ceremonia (película, director, actor, actriz y guión) y fue, ante todo, la cinta que renovó todo un género, que creó una escuela y que dió un significado nuevo al término "thriller psicológico".Cuando estudiaba cine (hace ya unos cuantos años) me hablaron de la importancia del "sugerir más que mostrar". Me enseñaron que la psique humana tendía a ir siempre más allá de lo que sus ojos le mostraban, por lo que si algo no se enseñaba pero en cambio sí se sugería, los efectos que se conseguían en el espectador podían ser sobrecogedores. "El silencio de los corderos" llevó esta regla a su máxima expresión. Éste es un título en el que realmente se muestran pocas cosas, pero se sugieren muchísimas. La angustia que nos produce la cinta no se debe tanto a lo que vemos como a lo que sí podemos imaginar.
Soberbia su parte final, con aquella lineas temporales paralelas tan poco habituales en la época; sobrecogedor y angustioso el encuentro final de Clarice Starling con Buffalo Bill, entre terrorífica oscuridad y gafas de visión nocturna y extrañamente bellas y poéticas las secuencias que compartieron Jodie Foster y Anthony Hopkins a través de rejas y cristales. Todo en ejercicio de maestría por parte del director (Jonathan Demme) y un título que marcaría para siempre la carrera de sus dos protagonistas.
Una película que marcó la historia de un género y, por extensión, la de todo el cine.
Místico