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viernes, 2 de enero de 2009

El desenlace que hizo pasar un título a la historia


Para un fanático del género fantástico como es el que escribe, crear un blog de títulos inolvidables y saltarse éste resulta imperdonable. La obra más importante de Night Shyamalan, el título que nos hizo comprender que un giro argumental podía hacer pasar una película a la historia del cine, la obra que dio a conocer al mundo a un prodigioso Haley Joel Osment y que nos hizo creer que Bruce Willis era capaz de hacer algo más en una pantalla que saltar por encima de los coches.

Está claro que "El sexto sentido" es hoy recordada (diez años después de su estreno) por su sorprendente final, pero es de justicia reconocerle otros muchos méritos que hicieron de ésta la mejor de todas las obras de un Shyamalan que fue perdiendo fuerza con el resto de sus títulos ("bosques" aparte). El primero de estos méritos se llamaba Haley, un niño de apenas 10 años que nos dejaba a todos con la boca abierta con una interpretación que le valdría una merecidísima nominación al Oscar. Pero Haley no estaba solo. El resto del reparto supo estar a la altura, desde un Bruce Willis que sorprendía a propios y extraños hasta una Toni Collete que bordaría un papel con una altísima carga dramática. De su guión, poco se puede añadir ya. Cuidado hasta el extremo en cada una de sus secuencias para llevarnos a una sorpresa final que nos dejaba a todos clavados en la butaca. Unas secuencias que fueron tratadas con bisturí para no perder en ningún momento el sentido una vez fuera descubierto el final, pero al mismo tiempo facilitaran al espectador más hábil los datos necesarios para adelantarse a tan conocido desenlace. El trabajo de Shyamalan, su planificación, la soberbia utilización del sonido... Muchos aciertos y una frase para la historia del cine: ¿Quién no recuerda a Osment tapado con aquella manta confesándole a Willis aquello de "En ocasiones veo muertos"? Esperemos que Shyamalan nos vuelva a mostrar algún día ese talento, porque "en ocasiones" supo también estar a la altura.

Místico

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El talento que se escondió en "El bosque"

Resulta curioso cuánto puede diferir la valoración de una película según quién la visiona, los gustos que tenga o las expectativas que se depositen en la misma. Si ha existido un título en los últimos años con el que he conseguido despertar toda la polémica, sin duda ése es "El Bosque".

M. Night Shyamalan se dio a conocer al mundo cuando, allá por 1999, sorprendió a todo un planeta con una cinta protagonizada por un talentoso niño de diez años llamado Haley Joel Osment (ese mismo año nominado al Óscar por esta interpretación) y un desconocido Bruce Willis en un título que pasaría a la historia gracias principalmentalmente a su inesperado giro final: "El sexto sentido". Hubo quien encumbró a este joven director de origen indio en aquel mismo instante sin tener en cuenta lo prematuro del encumbramiento, pues Shyamalan tan sólo nos había mostrado su valía en este título.

La producciones que siguieron a tan famosa cinta nos dejaron a todos con un amargo sabor de boca. Se confiaba muchísimo en este director, pero sus muestras de talento quedaron reducidas a la mínima expresión en títulos como "El protegido", "Señales", "La joven del agua" o "El incidente". Ahora, hubo una excepción...
En 2004, tras la gran decepción que habían supuesto sus dos últimos trabajos, Shyamalan presentaba al mundo el que ya sería el sexto de sus títulos: "El bosque". Como iba siendo habitual, contaba con un atractivo plantel de actores, entre los que destacaban nombres como Sigourney Weaver, William Hurt, Joaquín Phoenix o Adrien Brody. La cinta se presentaba como una película de época dentro del género fantástico y de terror y, estoy absolutamente seguro de ello, ahí estuvo el error. Aquellos que acudieron a ver "El bosque" lo hacían con la intención de pasar miedo y lo que encontraron en las salas no podía ser más diferente. La nueva propuesta de Shyamalan no iba enfocada para nada en ese sentido, aunque su campaña publicitaria así lo indicase. La propuesta era mucho más arriesgada, pero los espectadores quizá se sintieron tan "engañados" que no apreciaron que lo que se les estaba dando era infinitamente mejor que cualquier cinta plagada de saltos de butaca.

"El bosque" era una critica a la condición humana, a las relaciones que se establecían en una sociedad, a lo que se daba por hecho o se dejaba entrever, a los valores que la mantenían en pie, a los miedos de la misma... Algunos de sus diálogos mostraron el verdadero talento que creíamos definitivamente perdido en Shyamalan. Mención especial para dos de ellos: Joaquín Phoenix y una brillante Bryce Dallas Howard en el porche de su casa, cuando el joven le declara el amor que profesa hacia ella y un segundo del mismo Joaquín, esta vez con su madre en la ficción (Sigourney Weaver), intentando explicarle por qué razón cree en el amor que por ella siente William Hurt (aquel famoso "nunca te toca"). En ambos diálogos Shyamalan muestra una sensibilidad y un conocimiento del ser humano que estaría por encima de cualquier polémica. A todo esto sumemos un final, desde mi punto de vista, tan sorprendente como pudo ser el del más famoso de sus títulos y encontramos una bella obra que profundizaba en los más oscuros rincones de cualquier comunidad, al mismo tiempo que abría una nueva ventana de esperanza a los que aún seguíamos confiando en el director indio. Pero claro está, hubo muchos que se molestaron por no dar saltos en la butaca...

Místico