Resulta curioso cuánto puede diferir la valoración de una película según quién la visiona, los gustos que tenga o las expectativas que se depositen en la misma. Si ha existido un título en los últimos años con el que he conseguido despertar toda la polémica, sin duda ése es "El Bosque".M. Night Shyamalan se dio a conocer al mundo cuando, allá por 1999, sorprendió a todo un planeta con una cinta protagonizada por un talentoso niño de diez años llamado Haley Joel Osment (ese mismo año nominado al Óscar por esta interpretación) y un desconocido Bruce Willis en un título que pasaría a la historia gracias principalmentalmente a su inesperado giro final: "El sexto sentido". Hubo quien encumbró a este joven director de origen indio en aquel mismo instante sin tener en cuenta lo prematuro del encumbramiento, pues Shyamalan tan sólo nos había mostrado su valía en este título.
La producciones que siguieron a tan famosa cinta nos dejaron a todos con un amargo sabor de boca. Se confiaba muchísimo en este director, pero sus muestras de talento quedaron reducidas a la mínima expresión en títulos como "El protegido", "Señales", "La joven del agua" o "El incidente". Ahora, hubo una excepción...
"El bosque" era una critica a la condición humana, a las relaciones que se establecían en una sociedad, a lo que se daba por hecho o se dejaba entrever, a los valores que la mantenían en pie, a los miedos de la misma... Algunos de sus diálogos mostraron el verdadero talento que creíamos definitivamente perdido en Shyamalan. Mención especial para dos de ellos: Joaquín Phoenix y una brillante Bryce Dallas Howard en el porche de su casa, cuando el joven le declara el amor que profesa hacia ella y un segundo del mismo Joaquín, esta vez con su madre en la ficción (Sigourney Weaver), intentando explicarle por qué razón cree en el amor que por ella siente William Hurt (aquel famoso "nunca te toca"). En ambos diálogos Shyamalan muestra una sensibilidad y un conocimiento del ser humano que estaría por encima de cualquier polémica. A todo esto sumemos un final, desde mi punto de vista, tan sorprendente como pudo ser el del más famoso de sus títulos y encontramos una bella obra que profundizaba en los más oscuros rincones de cualquier comunidad, al mismo tiempo que abría una nueva ventana de esperanza a los que aún seguíamos confiando en el director indio. Pero claro está, hubo muchos que se molestaron por no dar saltos en la butaca...
Místico